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EL MERCADER DE DOS ERAS

EL MERCADER DE DOS ERAS

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Mundo de fantasía / Época
Popularitas:83
Nilai: 5
nombre de autor: Manuel Saucedo

Lin Chen estaba endeudado y sin futuro hasta que una misteriosa puerta le permitió viajar entre la era moderna y la antigua China.

Desde entonces, objetos comunes como sal, espejos, medicinas y herramientas se convierten en tesoros en el pasado, mientras que jade, oro y reliquias antiguas valen fortunas en el presente.

Lo que comienza como una forma de pagar sus deudas pronto se transforma en un imperio comercial capaz de desafiar nobles, familias poderosas y hasta la corte imperial.

Pero cada viaje modifica algo.

Y un día, Lin Chen descubre su propio nombre escrito en documentos históricos de hace siglos.

Dos épocas. Un comerciante. Una fortuna sin límites.

NovelToon tiene autorización de Manuel Saucedo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El espejo que desató la codicia

Lin Chen tardó dos días en decidir cuál sería su siguiente producto.

No quería seguir dependiendo de la sal.

Era rentable.

Pero demasiado regulada.

Necesitaba algo legal.

Transportable.

Barato en el presente.

Caro en Qinghe.

Y difícil de copiar.

La respuesta estaba frente a él.

Un espejo.

Compró diez.

Pequeños.

Rectangulares.

Sin marcas.

Nada sofisticado.

Cada uno costó menos que una comida.

Quitó los marcos modernos.

Los reemplazó por marcos sencillos de madera.

Después cubrió cada pieza con tela.

El resultado era modesto.

Pero el reflejo...

era perfecto.

Comparado con los espejos de bronce antiguos, parecía magia.

Su Wan'er fue la primera persona en verlo.

Lin Chen estaba en su habitación cuando alguien llamó.

—Adelante.

Su Wan'er entró con una tetera.

—Agua caliente.

—Gracias.

Ella dejó la bandeja.

Entonces vio el objeto sobre la mesa.

—¿Qué es eso?

Lin Chen miró el espejo.

Había planeado mostrárselo a Han De.

Pero quizá aquella era una buena prueba.

—Un espejo.

Su Wan'er frunció el ceño.

—Eso no parece un espejo.

Lin Chen retiró la tela.

Ella se quedó inmóvil.

Su propio rostro apareció con absoluta claridad.

Su Wan'er dio un paso atrás.

—¿Qué...?

Se acercó nuevamente.

Tocó la superficie.

Movió la cabeza.

El reflejo hizo lo mismo.

Sus ojos se abrieron.

—Esto no puede ser bronce.

—No lo es.

—Puedo ver cada cabello.

Lin Chen observaba cuidadosamente su reacción.

Era incluso mejor de lo que esperaba.

—¿Cuánto crees que vale?

Su Wan'er lo miró.

—¿Quieres venderlo?

—Quizá.

Ella volvió a observar su reflejo.

—No lo lleves a un puesto.

—¿Por qué?

—Porque alguien te lo comprará barato y después lo venderá diez veces más caro.

Lin Chen sonrió.

—Entonces, ¿qué sugieres?

Su Wan'er dudó.

—Hay una casa de té donde se reúnen esposas e hijas de comerciantes ricos.

Interesante.

—Continúa.

—Si una de ellas ve esto...

No terminó la frase.

No hacía falta.

Lin Chen comprendió.

El lujo no se vendía igual que un producto básico.

Había que crear deseo.

—¿Puedes llevarme?

Su Wan'er lo miró.

—¿Qué gano yo?

Lin Chen sonrió.

Le gustaba aquella respuesta.

—Cinco por ciento de cualquier venta que consigas.

—Diez.

—Seis.

—Ocho.

—Siete.

Su Wan'er extendió la mano.

—Trato.

Lin Chen la estrechó.

—Eres rápida.

—Tengo deudas.

—Eso también ayuda.

Ella guardó silencio un instante.

Después sonrió.

—Mañana por la tarde.

La Casa de Té Primavera de Jade era otro mundo.

Lin Chen había visto pobreza en Qinghe.

Campesinos.

Trabajadores.

Cargadores.

Pero allí se reunía otra clase de gente.

Ropa de seda.

Sirvientes.

Joyas.

Peinados elaborados.

Su Wan'er caminaba a su lado.

—No hables demasiado.

—¿Por qué?

—Porque todavía hablas raro.

Lin Chen la miró.

—Gracias.

—De nada.

Ella lo presentó como un comerciante venido de regiones lejanas.

Era una explicación suficientemente vaga.

Durante casi media hora no ocurrió nada.

Hasta que Su Wan'er saludó a una mujer de unos treinta años.

Lady Xu.

Esposa de un comerciante importante.

Su Wan'er comenzó a hablar.

Lin Chen escuchó.

No mencionó el espejo inmediatamente.

Primero conversación trivial.

Familia.

Negocios.

Ropa.

Después Su Wan'er dijo:

—El comerciante Lin ha traído algunos objetos interesantes.

Lady Xu miró a Lin Chen.

—¿Qué clase de objetos?

Él sacó una caja.

Colocó el espejo sobre la mesa.

La mujer lo miró sin comprender.

Lin Chen retiró la cubierta.

Silencio.

Lady Xu levantó el espejo.

Su expresión cambió.

—¿Esto es cristal?

—Una técnica especial.

—¿Dónde se fabrica?

—Lejos.

Respuesta preparada.

—¿Cuánto cuesta?

Lin Chen había pensado mucho en ese momento.

Si pedía demasiado poco, perdería el aura de rareza.

Si pedía demasiado, no vendería.

—Quince taeles.

Su Wan'er casi tosió.

Lady Xu también pareció sorprendida.

—Quince.

—Solo tengo diez piezas.

Eso cambió algo.

Escasez.

Lady Xu volvió a mirar el espejo.

—Diez taeles.

—Catorce.

—Once.

—Trece.

—Doce.

Lin Chen hizo una pausa.

—Doce.

La mujer sonrió.

Sacó plata.

Venta cerrada.

Doce taeles.

Por un espejo que había costado menos de treinta yuanes.

Lin Chen mantuvo una expresión tranquila.

Interiormente estaba en shock.

Lady Xu observó a las otras mujeres.

Dos ya miraban el espejo.

Exactamente como Su Wan'er había previsto.

Una preguntó:

—¿Dijiste que tienes más?

Lin Chen sonrió.

—Muy pocos.

En menos de una hora vendió cuatro.

Doce taeles.

Trece.

Doce.

Y catorce.

Cincuenta y un taeles.

Su Wan'er estaba pálida.

Cuando salieron de la casa de té, caminó en silencio varias calles.

Finalmente dijo:

—Dijiste siete por ciento.

Lin Chen sacó cuatro taeles.

—Aquí tienes.

Ella se detuvo.

—Eso es demasiado.

—Es aproximadamente lo acordado.

—Pero...

Lin Chen la miró.

—Un acuerdo es un acuerdo.

Su Wan'er cerró los dedos alrededor de la plata.

Su expresión cambió.

Aquello era importante.

No solo había ganado dinero.

Había comprado confianza.

—Tengo más clientes —dijo ella.

Lin Chen sonrió.

—Lo imaginé.

Sin embargo, antes de que pudieran continuar hablando, una voz los interrumpió.

—Comerciante Lin.

Ambos giraron.

Un hombre vestido con una túnica azul oscuro estaba parado detrás de ellos.

A su alrededor había cuatro sirvientes.

Lin Chen no lo reconocía.

El hombre sonrió.

—Mi amo ha oído hablar de sus espejos.

Demasiado rápido.

—¿Quién es tu amo?

—El señor Zhao.

Su Wan'er se tensó.

Lin Chen lo notó.

La Casa Zhao.

El mismo grupo que controlaba gran parte del comercio local de sal.

El hombre continuó:

—Mi amo desea comprar todas las piezas restantes.

Lin Chen mantuvo la calma.

—No están todas a la venta.

—Mi amo pagará diez taeles por cada una.

Lin Chen casi se rió.

Ya había vendido por más.

—Entonces tendrá que buscar otro proveedor.

El hombre dejó de sonreír.

—Comerciante Lin, quizá no comprende cómo funciona Qinghe.

Lin Chen lo miró.

—Estoy aprendiendo.

—Los comerciantes inteligentes saben con quién cooperar.

Amenaza disfrazada.

Su Wan'er bajó ligeramente la voz.

—Vámonos.

Lin Chen no se movió.

—Dile a tu amo que si quiere hablar conmigo, puede hacerlo personalmente.

El sirviente frunció el ceño.

—¿Rechazas su oferta?

—Rechazo el precio.

Silencio.

El hombre lo observó varios segundos.

Después hizo una pequeña reverencia.

—Transmitiré sus palabras.

Se marchó.

Su Wan'er esperó hasta que estuvieron lejos.

—Eso fue una mala idea.

—¿Qué tan poderosa es la familia Zhao?

—Mucho más que tú.

—Eso ya lo imaginaba.

—Controlan almacenes, caravanas, sal, grano y tienen contactos con funcionarios.

Lin Chen asintió lentamente.

Era información importante.

—Entonces tengo que crecer rápido.

Su Wan'er lo miró como si estuviera loco.

—¿Eso es lo que entendiste?

—Sí.

Ella negó con la cabeza.

—Eres extraño.

Lin Chen no respondió.

Aquella noche regresó al presente con más de cincuenta taeles de plata escondidos entre sus pertenencias.

Por primera vez tenía una cantidad significativa.

Pero no pensaba vender toda la plata directamente.

Sería sospechoso.

Investigaría formas seguras.

Joyeros.

Metales.

Coleccionistas.

Pequeñas cantidades.

Todo gradual.

Colocó uno de los taeles sobre la mesa.

La luz del apartamento se reflejó en el metal.

Lin Chen sonrió.

Luego recordó al hombre de la familia Zhao.

La sonrisa desapareció.

El problema había aparecido antes de lo esperado.

Su mercancía generaba dinero.

Y el dinero atraía atención.

Lin Chen abrió su libreta.

Debajo de sus planes escribió una nueva línea.

Regla número uno: nunca depender de la buena voluntad de los poderosos.

Después añadió otra.

Regla número dos: hacerme demasiado valioso para ser eliminado.

Cerró la libreta.

En Qinghe, mientras tanto, el sirviente de túnica azul estaba arrodillado frente a un hombre corpulento.

—¿Rechazó?

—Sí, señor Zhao.

El comerciante golpeó suavemente la mesa con dos dedos.

Frente a él estaba uno de los espejos que Lady Xu había comprado.

Lo había adquirido por veinte taeles.

Observó su reflejo perfecto.

Sus ojos se volvieron fríos.

—Encuentra de dónde obtiene estas cosas.

—Sí.

—No lo molestes todavía.

El sirviente levantó la cabeza.

El señor Zhao sonrió.

—Primero quiero saber cuánto vale realmente ese hombre.

En otra época, Lin Chen cerró la puerta de su apartamento sin saber que alguien acababa de ordenar que lo siguieran.

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