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Entre Susurros

Entre Susurros

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / Edad media / Completas
Popularitas:8.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Víctima de la traición y de los falsos rumores orquestados por quien creía su hermano de crianza, Melody muere trágicamente en la helada solitud de la corte imperial. Convertida en un espectro atado a la tierra antes de que la magia del tiempo le otorgue una segunda oportunidad, presenciará la macabra verdad tras las sonrisas de la aristocracia y jurará reescribir su destino.

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Capítulo 1: La ilusión del lazo fraternal

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​Los ventanales del salón principal del ducado de Westfall siempre conservaban el aroma característico del otoño: una mezcla tibia de lavanda seca, cera de abejas pulida sobre madera de caoba antigua y el sutil perfume de los rosales del patio interior. Para Melody, la única heredera de la casa ducal, de tan solo dieciocho años, el mundo aristocrático nunca había sido un complejo tablero de ajedrez lleno de conspiraciones políticos o intereses oscuros. Para ella, el Imperio de Valoria era un amplio jardín protegido donde la calidez de la infancia parecía prolongarse infinitamente.

​Melody poseía una belleza serena y luminosa. Su melena, de un dorado tan puro como el trigo maduro, caía en suaves ondas hasta la cintura, y sus ojos, de un azul profundo y diáfano, solían reflejar una fe casi inquebrantable en la nobleza y bondad de las personas.

​A su lado, prácticamente desde que gateaba por las alfombras persas de la residencia, había estado Felipe, el joven conde de Rosewood. Los padres de ambos compartían una alianza política y económica de años en el Consejo Imperial, lo que provocó que Felipe pasara casi tanto tiempo en el palacio ducal de los Westfall como en su propio feudo. Felipe, dos años mayor que ella, poseía una presencia deslumbrante: cabello castaño oscuro pulidamente peinado, una estatura imponente, una sonrisa fácil y encantadora que cautivaba a las damas de mayor rango y unos modales impecables que le valían los elogios de los caballeros más ancianos.

​Aquella mañana de primavera, el sol filtraba listones de luz dorada sobre la mesa de té dispuesta en la terraza de mármol.

​—Melody, estás mirando al vacío otra vez —dijo Felipe con tono risueño, inclinándose levemente sobre la mesa de hierro forjado para servir un chorro de té verde con jazmín en la porcelana fina de su compañera—. Si no prestas atención a la etiqueta rigurosa que tu madre te exige, los cronistas de la corte dirán que la futura duquesa de Westfall prefiere la compañía de los pájaros y las musarañas antes que la elegancia de los valses imperiales.

​Melody parpadeó, saliendo de su ensoñación, y soltó una risita cristalina al tomar la taza entre sus manos enguantadas de encaje blanco.

​—Sabes perfectamente que la etiqueta ceremonial me resulta abrumadora y aburrida, Felipe —respondió ella, dando un sorbo delicado—. Además, ¿por qué debería preocuparme tanto? Mientras tú estés cerca para hacer los honores sociales y hablar por los dos con esa elocuencia tuya, no tengo nada que temer. Siempre has sido como el hermano mayor que nunca tuve, protegiéndome de los compromisos tediosos.

​Al escuchar la palabra "hermano", los párpados de Felipe se contrajeron por una fracción de segundo. Una sombra rápida cruzó por sus ojos avellana, reemplazada de inmediato por una inclinación de labios ambigua, casi imperceptible.

​—Un hermano... Sí, por supuesto —murmuró él, ajustándose con parsimonia los botones de plata de los puños de su chaqueta de terciopelo azul marino—. Un hermano protector.

​Lo que Melody ignoraba con absoluta inocencia era el denso entramado de murmuraciones que discurría soterrado por los salones de la alta nobleza de la capital. Debido a la constante y casi omnipresente figura de Felipe en la vida de la heredera ducal, toda la sociedad aristocrática daba por sentado que el compromiso formal entre el conde de Rosewood y la futura duquesa de Westfall era un asunto sellado, una simple formalidad a la espera del cumpleaños número dieciocho de la joven.

​Esa suposición no era casualidad. Había sido alimentada de manera calculada y sutil por el propio Felipe durante años. Cuando otros jóvenes nobles sondeaban la posibilidad de acercarse a Melody en los banquetes o enviar cartas de cortesía a la residencia ducal, Felipe respondía con miradas de advertencia, sonrisas enigmáticas y comentarios evasivos como: "Melody y yo preferimos mantener nuestro círculo privado por el momento" o "Cuidar de la señorita Westfall es una responsabilidad que asumí hace mucho tiempo".

​De este modo, Felipe había levantado un muro invisible alrededor de Melody. A sus dieciocho años, ningún debutante o heredero de la alta aristocracia se había atrevido a pedirle un baile formal o solicitar audiencia con el duque, temiendo importunar al influyente Conde de Rosewood.

​Melody, ajena a los hilos de titanio que su "hermano" tejía sobre su libertad, disfrutaba de la tranquilidad pacífica de sus días, sin sospechar siquiera que aquella calma perfecta no era más que la víspera de una tormenta devastadora.

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Mary Salazar
wow que horror como tan ciega
Anni Arias
me gustaría saber si vas a seguir publicando porque si es así me gustaría seguirte ya que me gustan mucho tus historias
Lelixi: Muchas gracias por el apoyo, me alegra que te gusten mi historias, tengo varias ideas que estoy desarrollando y mi idea es seguir publicando 🥰
total 1 replies
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