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Perdona, yo no mendigo amor

Perdona, yo no mendigo amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Mujer despreciada / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:24.8k
Nilai: 5
nombre de autor: 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒

Belvina Laurent lo tenía todo: belleza, un apellido poderoso y un esposo que cualquiera envidiaría. Pero Alden Virel, el CEO más frío de la ciudad, jamás la vio como algo más que un contrato. Ella suplicaba su atención. Él la ignoraba. Y entre ambos, una mujer llamada Seraphina sonreía desde las sombras.

Hasta que un día, Belvina dejó de perseguirlo.

Sin lágrimas, sin escenas, sin súplicas. La mujer que despertó esa mañana ya no era la misma. Su mirada era distinta. Su voz, afilada. Y la frase que le dedicó a Alden le heló la sangre:

"No mendigo amor."

Ahora es él quien no puede dejar de observarla. Quien busca excusas para estar cerca. Quien siente que algo se le escapa entre los dedos cada vez que ella le da la espalda.

Pero Belvina ya tomó una decisión: no va a humillarse por nadie. Ni siquiera por el hombre que, sin saberlo, está empezando a amarla de verdad.

Mientras tanto, Seraphina no piensa rendirse. La mujer que se esconde detrás de una sonrisa perfecta guarda secretos que podrían destruir a toda la familia Astera. Y está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.

En esta guerra entre orgullo, obsesión y deseo, solo hay una regla: el amor no se mendiga.

NovelToon tiene autorización de 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

30. El día en que Alden bajó de categoría

El hombre al que habían obligado a descender del auto se quedó plantado al borde de la calle.

—Eso... es el auto del señor.

—Ya lo sé.

—La señora se llevó su auto, señor.

—Todavía puedo verlo con mis propios ojos.

El hombre tragó saliva y optó por guardar silencio.

Varios autos pasaron a baja velocidad, con los conductores estirando el cuello para observar a un hombre de traje costoso parado al costado de la calle con una expresión sombría.

Alden exhaló un suspiro largo.

—Increíble.

—Señor... ¿llamo otro auto?

—No es necesario.

Alden giró la cabeza hacia la moto vieja que Belvina había usado y que ahora descansaba estacionada junto a la acera. Caminó hacia ella.

—Señor...

Alden ya estaba sentado sobre el asiento de la moto.

Su subordinado abrió los ojos como platos.

—¿Señor, va a subirse... a eso?

Alden se quitó el saco y lo arrojó a las manos de su subordinado. Luego aflojó un poco la corbata.

—¿Algún problema?

—Ninguno, señor. Solo que... nunca lo he visto montarse en una moto.

Alden fijó la vista al frente.

—Yo tampoco había visto a mi esposa secuestrar mi auto.

Giró la llave de contacto y encendió el motor.

¡BRRRUM!

El rugido áspero de la moto vieja rasgó la tarde.

Alden soltó el embrague, metió el cambio. Aceleró a fondo y la moto se lanzó a la calle principal.

El viento le golpeó el rostro, cargado de polvo y humo de tráfico.

Hacía mucho que su vida transcurría en línea recta, impecable, predecible. Mañanas en la oficina, noches de regreso a casa. Sus días eran planos como una línea sin color.

La Belvina de antes solo añadía ruido, nunca sentido.

Pero la mujer de ahora...

Cada vez que sentía que empezaba a comprenderla, una sorpresa nueva aparecía.

Sabía hablar de negocios, era cercana a los niños del orfanato, era capaz de derribar a cuatro hombres.

Montaba una moto vieja como si hubiera crecido en la calle. Y hacía un momento... acababa de robarle su propio auto.

Sin darse cuenta, la línea de sus labios se curvó apenas. Su esposa ahora era irritante, problemática y... misteriosa.

Pero su vida, que durante tanto tiempo había sido monótona, estaba cambiando poco a poco desde que esa mujer dejó de perseguirlo.

Alden aceleró más.

—Belvina... —murmuró en voz baja.

—¿Cuántas versiones más de ti me faltan por conocer?

La moto rugió con fuerza, devorando la carretera bajo la luz del atardecer.

Muy adelante, su sedán negro se llevaba a su esposa lejos de él.

Y lo extraño era que Alden disfrutaba la sensación de perseguir algo que no podía controlar.

-

La moto vieja bramaba entre el denso tráfico de la tarde.

Alden se abría paso entre los autos con el rostro impasible, la mirada clavada en el sedán negro a lo lejos.

De vez en cuando el auto aparecía entre los huecos del tráfico y luego volvía a desaparecer.

Aceleró más. Pero unos minutos después, su ceño se frunció. Esa ruta no era el camino a su casa. Conocía cada curva de esta ciudad de memoria.

El sedán negro se dirigía hacia la zona donde se encontraba la mansión principal de su familia.

Alden se quedó quieto un instante y luego la comisura de sus labios se elevó apenas.

—Dice que no soporta ver mi cara...

El motor rugió cuando rebasó un auto más.

—Pero se va directo a la casa de mis padres.

Si de verdad quisiera alejarse, Belvina debería ir a cualquier otro lugar... menos allí.

Ambos sabían lo que significaba elegir esa casa.

Ahí, Belvina no tenía habitación propia. Y cada vez que se quedaban a dormir, compartían la misma recámara.

¿Que lo odiaba?

Alden fijó la vista al frente.

—Mujer contradictoria.

La moto volvió a lanzarse hacia adelante, el viento azotándole el cabello. Pero justo en una intersección amplia, el semáforo cambió a rojo. La fila de autos se detuvo en seco.

Alden frenó de golpe.

A la distancia, el sedán negro se coló con la última luz amarilla.

—Maldición.

Sus dedos tamborilearon sobre el manubrio con impaciencia. Los segundos se arrastraban. Cuando el semáforo por fin cambió a verde, Alden aceleró a fondo de inmediato.

La moto saltó hacia adelante. Pero unas cuadras después, el auto ya no estaba a la vista.

Entrecerró los ojos hacia la calle vacía frente a él.

—Perfecto. —Su tono era plano—. Mi esposa ahora también es experta en fugarse.

-

Muy adelante...

El auto seguía avanzando a velocidad constante hacia la zona residencial exclusiva.

En el asiento del copiloto, Belvina refunfuñaba mientras observaba la pantalla de su celular.

—No debí pedirte prestada la batería portátil.

El hombre de Alden que iba al volante solo esbozó una sonrisa incómoda, sin atreverse a responder demasiado.

Unos minutos antes, Belvina le había pedido prestada su batería portátil para encender el celular.

Pero apenas la pantalla cobró vida, una llamada de su suegra entró de inmediato.

Francisca les pedía a ella y a Alden que se quedaran otra noche en la casa principal.

Belvina cruzó los brazos sobre el pecho. Sus labios formaron un puchero.

Si hubiera sabido que esto iba a pasar, mejor dejaba el celular muerto.

El auto finalmente se detuvo frente a la mansión de la familia Astera.

Belvina bajó sin decir mucho y caminó hacia el interior.

En cuanto cruzó a la sala, vio a Francisca sentada en el sofá con una taza de té en la mano.

La mujer volteó y su sonrisa cálida se desplegó al instante.

—Ya llegaste.

Belvina le devolvió la sonrisa de forma automática.

—Sí, mamá.

Francisca dio unas palmaditas en el sofá a su lado, pero luego agitó la mano.

—Mejor ve a bañarte primero. Vienes de fuera, debes estar cansada.

Belvina asintió obediente y se dio la vuelta hacia la escalera. Pero apenas había dado unos pasos cuando la voz de Francisca se escuchó a sus espaldas.

—¿Y Alden?

Los pasos de Belvina se detuvieron una fracción de segundo. Clavó la vista al frente antes de responder con tono sereno.

—Todavía viene en camino, mamá.

Muy, muy atrás.

-

Unos minutos después.

El portón principal de la residencia Astera.

A pocos metros de llegar, Alden levantó una mano del manubrio y presionó el control remoto que llevaba en la palma.

Un clic suave resonó. Un segundo después, la reja de hierro alta comenzó a abrirse.

Los guardias de seguridad apostados alrededor de la propiedad se enderezaron de inmediato al escuchar el sonido de un motor acercándose.

Pero no era el ronroneo del sedán de lujo que conocían. Tampoco el rugido de algún deportivo de la colección familiar.

Aquel sonido era áspero, estridente, viejo, y completamente fuera de lugar en la explanada de aquella mansión.

¡BRRRUM... BRRRUM!

Una moto vieja y polvorienta se aproximó al portón.

El primer guardia frunció el ceño.

—¿Quién es ese?

El segundo guardia entrecerró los ojos.

—Que yo sepa, nadie de esta familia tiene una moto así.

La moto avanzó directo hasta la explanada principal y se detuvo justo frente a la escalinata de mármol.

Alden se quitó el casco prestado y toda la explanada se congeló de golpe.

—¿Ese es... el joven señor Alden?

Un sirviente que cargaba una bandeja casi dejó caer los vasos.

El guardia que estaba cerca saludó por reflejo con tanta prisa que la gorra se le ladeó.

Alden bajó de la moto sin expresión alguna. Su camisa de diseñador estaba ligeramente arrugada, el cabello revuelto por el viento y sus zapatos italianos de cuero cubiertos de polvo.

La escena resultaba más impactante que cualquier noticia financiera de la mañana.

Entregó la llave de la moto a uno de los guardias.

—Guárdala por ahora.

El guardia la recibió con ambas manos, todavía boquiabierto.

—S-sí, señor.

Alden apenas había subido dos escalones cuando la puerta principal se abrió.

Francisca apareció primero.

Su rostro se iluminó, hasta que sus ojos cayeron sobre la moto en la explanada, luego sobre Alden, y luego de vuelta a la moto.

Se llevó una mano al pecho.

—Alden... ¿te secuestraron?

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Martha Mena Wong
Solo queda hablar como adultos que son
Martha Mena Wong
😭😭😭😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Dios mío que pareja ya no se si reír o llorar jajajaja
Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Laura
o un mosquito
Laura
😂😂😂
Sara Rojas Retamal
poco años le dieron, la justicia hasta en las novelas es pésima😡
Sara Rojas Retamal
que sean mellizos 🥰💪💪👏👏👏👏
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