Valentina Buenavista está a punto de casarse con el amor de su vida cuando un hombre de su pasado lo destruye todo. Adrián Altamira —heredero de un imperio empresarial y su enemigo jurado desde la preparatoria— manda a destrozar la boda entera.
Pero eso es solo el principio.
Cuando la empresa de su padre queda al borde de la ruina, Valentina descubre que Adrián fue quien orquestó la caída. Y ahora le ofrece un trato imposible: casarse con él a cambio de salvar el Grupo Buenavista.
Atrapada entre la rabia y la desesperación, Valentina acepta. Lo que no esperaba era que vivir bajo el mismo techo que su peor enemigo despertara algo que no puede —ni quiere— controlar.
Adrián es arrogante, posesivo y exasperante. También es el único que la defiende cuando nadie más lo hace. A medida que las provocaciones se convierten en roces y los roces en besos que la dejan sin aliento, Valentina empieza a preguntarse si realmente lo odia... o si siempre lo ha sentido de otra manera.
Pero hay secretos mucho más oscuros detrás de este matrimonio. Emiliano, el hombre al que Valentina amó durante años, esconde un pasado manchado de sangre. Y la verdad, cuando salga a la luz, lo cambiará todo.
NovelToon tiene autorización de DF_14 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 29
Ese día, Valentina no lograba concentrarse en el trabajo. Probablemente porque seguía dándole vueltas a lo ocurrido la noche anterior.
Adrián se había puesto tan frenético que mandó llamar al doctor solo porque ella tenía fiebre.
Valentina dejó escapar un suspiro largo y recargó la espalda contra el respaldo de la silla.
Es imposible que se preocupe por mí. No quiere que me enferme porque le da miedo que le cause problemas.
De pronto, el recuerdo de la noche de pasión con Adrián volvió a asaltarla. No entendía por qué, a estas alturas, seguía sin poder sacárselo de la cabeza.
Se masajeó las sienes, que le palpitaban de dolor.
Eso no puede volver a pasar. No puede hacer conmigo lo que se le dé la gana.
Aunque... lo que de verdad la sacaba de quicio era saber que, en aquel momento, ella también había disfrutado cada una de sus caricias. Le daba asco de sí misma.
Valentina sentía que la vida le jugaba las peores cartas. Su boda con Emiliano había sido destruida sin más, luego Adrián la obligó a casarse con él. Y ahora, la pureza que tanto cuidó se la había arrebatado su archienemigo.
...
Ese día, Valentina fue a almorzar con Lola a un restaurante cerca de la oficina.
Lola se quejó:
—Anoche me dio una fiebre horrible, seguro por la empapada que nos dimos. Tuve que ir corriendo al doctor.
Valentina no respondió. Las palabras de Lola la devolvieron de golpe a la noche anterior: Adrián fuera de sí, llamando al médico a la mansión. Adrián dándole de comer en la boca.
¿Sería posible que ese hombre empezara a importarle ella?
Valentina sacudió la cabeza.
Imposible que le importe, se dijo.
Retomó su comida en silencio.
Bip... bip... bip...
De pronto, su celular sonó. Frunció el ceño al ver el nombre de Adrián en la pantalla: le había enviado un mensaje.
¿Para qué me escribe?, pensó.
Lo abrió y leyó:
[Te dije que no fueras a trabajar y de todos modos te saliste con la tuya. No se te olvide tomarte las pastillas. No quiero que te vuelvas a enfermar. Si no te las tomas, ya sabes lo que te espera.]
[Ah, y más vale que la próxima noche seas más entregada.]
Valentina, que estaba a medio bocado, casi se ahoga al leer aquello.
¿La próxima noche?
Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Se lo repitió a sí misma como un mantra:
No. No puede haber una segunda noche, ni una tercera, ni ninguna otra. No puedo dejar que vuelva a tocarme.
Un sobresalto la arrancó de sus pensamientos: Emiliano acababa de aparecer en el restaurante. Estaba de pie frente a ella.
—¿Emiliano? ¿Qué haces aquí? —preguntó Valentina.
Emiliano respondió con expresión grave:
—Necesito hablar contigo de algo importante.
Luego giró hacia Lola, que estaba sentada frente a Valentina.
—Lola, ¿podrías dejarnos un momento? Necesito hablar a solas con Valentina.
Lola no tuvo más remedio que asentir. Se levantó y se alejó para darles espacio.
Valentina se removió inquieta en su asiento.
—No quiero que la gente nos vea juntos en la misma mesa y se haga ideas equivocadas.
Emiliano respondió con naturalidad:
—Trabajamos en la misma empresa. No tiene nada de raro que dos colegas almuercen juntos.
Valentina suspiró.
—Pero todo el mundo sabe que eres mi ex. Y yo ahora estoy casada.
Emiliano adoptó un tono serio:
—Sé que estás buscando la forma de librarte de Adrián. Y voy a ayudarte. Ya me puse en contacto con un empresario. Su compañía es bastante grande, y me dijo que le interesa mucho convertirse en el inversionista principal de Grupo Buenavista.
Valentina se quedó inmóvil al escucharlo. ¿No era justamente eso lo que quería? ¿Liberarse de Adrián de una vez por todas?