Ingrid tiene diecinueve años, nunca ha salido de su rancho en California y su mayor preocupación es ponerle moños a las vacas. Sueña con estudiar medicina, viajar por el mundo y ayudar a quien lo necesite. De casarse no sabe nada. De la mafia, menos.
Cuando Ares la elige como su esposa y se presenta en el rancho a llevársela, la familia de Ingrid no tiene opción: obedecer al Don o morir. En cuestión de horas, la chica del rancho se convierte en la esposa de un monstruo.
Pero Ingrid no es la niña frágil que todos esperaban. Detrás de su inocencia hay una inteligencia afilada, un humor que desarma y una valentía que ni ella sabía que tenía. Lo que nadie le dijo a Ares es que la mujer que eligió para ignorar sería la única capaz de destruir cada muro que construyó alrededor de su corazón.
Ella eligió luchar. No contra él, sino por él.
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Tengo un plan
Jolie
*Juro que quería soltar la carcajada por la cara de Ares y sus celos. Adam esbozó una sonrisa; sé que vio lo mismo que yo: Ares muerto de celos.
Adoré ver la cara de las dos asquerosas en la alberca; miraron con una envidia terrible, porque Ingrid está hecha un mujerón. Y sé que la investigaron, pero creían que seguía pareciendo una niña...
Lo que me llamó la atención fue que Ares fue al encuentro de Ingrid. Me pareció increíble, viniendo de alguien tan frío.
Sin contar que Nancy y Ruth parecían no poder creer que Ares fuera al encuentro de Ingrid. Vibré por dentro; quiero mucho que se conviertan en una pareja llena de amor, como Adam y yo.*
Ingrid
*Vi a Ares levantarse y venir a mi encuentro. Hmm, interesante.
Claro que voy a corresponder a esa actitud suya, más aún con el público que tenemos en la alberca (refiriéndose a Ruth y Nancy).
Hasta pensé en reclamarle que no fue a verme en cuanto llegó, pero recibirlo con reclamos no es buena idea, o mejor dicho, no es buena estrategia.*
—Hola, marido —dijo Ingrid, sonriendo.
—Hola, esposa —dijo Ares.
—Veo que tu hombro cicatrizó bien —dijo Ingrid.
—Sí. Y veo que mi esposa cambió bastante en estos meses que estuve fuera —dijo Ares.
—Pues sí, no es fácil ser esposa del Don Cruel —dijo Ingrid, sonriendo.
Ares
Me gusta tanto su sonrisa. Me desconcierta, me quita el enfoque, o mejor dicho, me hace poner todo el enfoque en ella.
—Ven, vamos a sentarnos allá con los muchachos y Jolie —dijo Ares.
—Vamos, pero antes, ¿no me vas a dar un beso? —dijo Ingrid, poniéndose roja. Era toda tímida.
Ares
Me sorprendió la petición de mi esposa. No me lo esperaba, y sonrojada me vuelve loco...
Ingrid
*Aunque me moría de vergüenza, logré hacer lo que quería. Ares sonrió, y admito que sonriendo es más guapo.
No dijo nada; solo me jaló de esa manera que no sé explicar, fuerte y al mismo tiempo me deja con las piernas temblando... Me besó. Guau... Y qué beso, de esos que te dejan sin aire...*
Jolie
*Ares le plantó un beso a Ingrid que me obligué a besar a Adam, de esos que con solo verlos te dejan con el corazón caliente y las piernas temblando...
Vi la cara de las dos: era odio puro. Y quiero mucho que intenten algo contra Ingrid; estoy loca por darles una buena paliza a esas tipas.*
Ingrid
*Saludé a Mark, a Derick, a Adam y a Jolie. Claro que a Jolie con beso y abrazo; la adoro.
Hice como si no hubiera nadie en la alberca, y Ares tampoco dijo nada sobre ellas.
Nos quedamos ahí sentados, conversando. Los muchachos hablaban sobre el viaje, cosas de la mafia; todavía estoy aprendiendo...
Las dos víboras en la alberca insinuándose a Ares y mirándome con cara de odio y provocación. ¿Y yo? Encantada. Las ignoré como si no existieran.*
—¿No vas a meterte al agua? —preguntó Ares.
—No, creo que voy a acostarme un rato al sol —dijo Ingrid.
—Yo también —dijo Jolie.
Ingrid
*Jamás me metería al agua con esas víboras adentro. Y no iba a caer en el juego de hablar de ellas. Como dijo mi mamá: no existen.
No señor. Y voy a mandar desinfectar el agua; ha de estar negra de envidia...*
—Adoré ver la cara de ellas cuando te vieron así de hermosa, y más todavía cuando Ares te besó —dijo Jolie.
—A mí también me gustó —dijo Ingrid.
—Ahora, Ares me sorprendió al ir a tu encuentro. Y más ese beso que te dio, que uy... Me obligué a besar a Adam —dijo Jolie, riendo.
Ingrid rio.
—Amiga, casi me muero de vergüenza. Ni te imaginas lo difícil que fue, porque fui yo quien le pidió el beso —dijo Ingrid.
—Lo estás haciendo increíble, Ing, y mejor todavía: está funcionando.
Ares podrá disimular, pero no te quita los ojos de encima. Y detalle: Nancy y Ruth se le están ofreciendo más de lo normal y él apenas las voltea a ver.
En realidad, mira para disimular, porque su interés está acostada aquí a mi lado —dijo Jolie, riendo.
—Sí, eso es justo lo que quiero... —dijo Ingrid.
—Jolie, no lo puedo creer: ¡están saliendo del agua y vienen para acá! Les voy a restregar la cara en el piso —dijo Jolie.
—¡No! Jolie, piénsalo conmigo. Vamos a fingir que somos doña Justine. Ella las ignoraría y nos diría: si te peleas con ellas, vas a caer en su jueguito.
Ellas quieren lucirse ante Ares. Déjalas conmigo; tengo un plan —dijo Ingrid, sonriendo como una niña traviesa.
—Ay, esa sonrisita tuya me da miedo y al mismo tiempo me hace feliz, porque sé que estás a punto de hacer una de las tuyas —dijo Jolie, sonriendo.
Nancy y Ruth hablando antes de salir del agua:
—Vamos a provocar a la odiosa. Sabes que Ares odia los escándalos; hagámosla perder la cabeza y hagámonos las víctimas —dijo Nancy.
—Buena idea. Y después le contamos lo que hicimos con Ares; le dejamos claro que él es nuestro y que no tiene lugar en su vida —dijo Ruth.
—Que ella solo va a ser un objeto para tener hijos, porque es conmigo con quien va a los eventos empresariales y contigo a las fiestas de la mafia. Va a caer rapidito —dijo Nancy.
—Sí, más aún con nosotras unidas contra ella —dijo Ruth.
Llegaron adonde ellas estaban.
En la mesa:
—Hermano, esto no va a acabar bien —dijo Derick, refiriéndose a las mujeres.
—Mierda, ahora sí va a armarse —dijo Mark.
Ares solo observaba. Desde donde estaban no se alcanzaba a escuchar lo que ellas hablaban.
—¿Entonces tú eres la pobre esposa de Don Ares? La que solo va a servir de mamá y nada más —preguntó Nancy.
—Jolie, creo que voy a entrar a pedir que hagan un jugo —dijo Ingrid, ignorando completamente a las dos.
—Oye, te estoy hablando —dijo Nancy.
—¿Quieres uno, Jolie? —dijo Ingrid.
Jolie
Me contuve para no soltar la carcajada y le respondí a Ingrid, porque las dos estaban rojas de furiosas, aunque sabían que no podían tocar a Ingrid. Creían que iba a caer, y no...
—Claro, sí quiero —dijo Jolie, entrando en el juego de Ingrid.
—Eso, huye, porque sabes lo que va a pasar en un rato. Don Ares va a salir con nosotras dos y lo vamos a complacer de una manera que tú nunca podrás —dijo Nancy, burlona.
—Sabemos bien cómo le gusta y cómo complacerlo. Y más cuando somos dos —dijo Ruth.
—Jolie, ¿sabes esas "amiguitas" de Ares, o mejor dicho Don Ares para ellas? Sí, porque a mi marido yo puedo llamarlo por su nombre; no necesito llamarlo Don.
Ellas odiarían ver lo que voy a hacer ahora. Y por otro lado, sería genial que vieran, porque así empiezan a entender que Ares se casó y no necesita otras mujeres. Tiene una que vale por todas las demás.
Detalle, Jolie: él fue quien la eligió, y encima me raptó —dijo Ingrid.
Jolie
¡Esta Ingrid es increíble! Adoro a esta niña. Veamos qué va a hacer.
—¿Puedo saber qué vas a hacer? —preguntó Jolie.
Las dos miraban con mucha rabia, furiosas por estar siendo ignoradas por Ingrid.
—Yo también quiero ver qué vas a hacer. ¿Llamarlo y crees que Don Ares va a ir así nada más? Él primero va a salir de aquí con nosotras —dijo Ruth.
—De acuerdo —dijo Nancy.
Ingrid ni las volteó a ver.
—Voy a buscar el jugo, Jolie. Y en un momento vas a ver lo que voy a hacer con "mi marido" —dijo Ingrid, sonriendo y saliendo.