Sahara es una chica dulce y amable, que para salvar la vida de su hermana tuvo que entregarse a un mafioso; pero ella se equivocó, da todo por una familia egoísta y esa decisión cambia su vida, ahora ella tiene que empezar a vivir sola, a valerse por si sola, sus problemas empiezan con esa desicion.
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CAPITULO 28 UNA VERGÜENZA PEOR.
A Sahara no le gustó nada lo que él intentaba hacer, quería aventarlo, quitarse, pero la sostenía con algo de fuerza, estaba evitando que se moviera; se sintió tan enojada, tan furiosa con él, que su desprecio empezó a crecer y en ese momento con su voz colérica le dice.
• Señor, por favor suélteme, no tiene derecho hacerme esto, yo no me lo merezco y usted está malinterpretando las cosas, está siendo un atrevido.
Nil sentía como ella temblaba bajo sus manos, como su voz se escuchaba molesta, pero a la vez llena de miedo mientras hablaba y eso le molesto, no quería causarle esa reacción, quería sentirla feliz en sus brazos, que su cuerpo temblara, pero por el placer, no por miedo; Nil la acaricio con más delicadeza y con una voz dulce le dice.
• Sahara, no quiero que me tengas miedo, nosotros vamos a hacer familia, tú eres mi mujer, este tipo de cosas vamos a hacerlas seguido, entre otras cosas más; mi hermosa mujer, tu vida va a cambiar, para bien ya lo verás.
Sahara al escucharlo hizo que ese miedo se trasformara en coraje, desprecio, furia y esas cosas no pensaba permitirla, ella no pensaba ser el juguete de nadie, ni dejarse utilizar por nadie, suficiente había sufrido en la vida para tener que caer en lo que más despreciaba; algo tenía claro y era darse a respetar, tenía dignidad y no pensaba ser la querida de nadie, la mujer de un rato de ningún hombre.
Sahara desesperadamente trataba de cubrirse el pecho con sus manos, mientras que él acariciaba su brazo y seguía dejando sus besos en su cuello, algo que le molestaba mucho; desesperadamente, con una voz molesta, dice.
• Señor, por favor suélteme, esto no está bien, usted estuvo ardiendo en calentura y este herido de su hombro, usted tiene que regresar a su casa, para que vaya al hospital; se está mojando y ya no tengo más vendas para cubrir su herida, será mejor que regrese con su gente, señor.
Nil estaba disfrutando de poder tocarla, de poder besar su piel nuevamente, estaba disfrutando de poder escuchar su voz, en ese momento le dice.
• Sahara, mi hermosa mujer, no tienes que preocuparte, vas a tener hombre para rato, a mí no me va a pasar nada solo por bañarnos juntos; solo disfrutemos de este momento, de este encuentro, quiero tenerte, después vamos a hablar.
Sahara quería soltarse, alejarse de él, pero la sostenía con un poco de fuerza y eso evitaba que se pudiera mover; trata de controlar su enojo y con su voz tensa exclamo.
• Señor, se lo suplico, suélteme, esto no está bien, yo no quiero esto, si ya está bien solo regrese con su gente y a mí déjeme en paz.
Nil se sintió molesto con lo que le dijo, pero a pesar de eso no pensaba parar, tenerla así, era algo que deseaba y estaba decidido a convencerla; ella tenía que volver a ser de él, la deseaba tanto, que yo no quería esperar más, seductoramente le dice.
• Sahara, yo no pienso ir a ningún lado, desde hoy pienso cuidar de ti, pienso cambiarte la vida y darte todo lo que desees; pero vamos a hablar después, horita solo vamos a disfrutar de que por fin estamos juntos.
Las palabras de Nil solo provocaron que Sahara se llenara de odio, de coraje, en ese momento él la voltea, trata de besarla, justo cuando estuvo a unos centímetros de ella, dejándose llevar por su furia, dobla su rodilla y lo golpea en su hombría; Nil no se esperaba esa rección y no pudo evitar grita por el dolor que sintió en ese momento, pero como si ese dolor no fuera suficiente, lo siguiente que mira, es la mano de ella acercándose a su mejilla.
Ella le da una fuerte bofetada y furiosa le grita.
• Como te atreves, quien crees que soy, una de esas mujeres que puedes usar a la hora que se te plazca; yo no soy de las mujeres que suelen ponerse de tapete a los hombre.
Quiero que largue de mi casa y no vuelva a molestarme, suficiente daño ya me has hecho, como para que vengas a tratar de complicar mi vida nuevamente; cambiante y vete de aquí, no vuelvas a buscarme, entiéndelo, yo no deseo verte nunca más.
Sahara se apresura a tomar la toalla y se cubre con ella, lo miraba sin perderlo de vista; él deja que esa agua helada le cayera en el cuerpo, tratando de que eso aminorara el dolor que aún sentía, cuando ese dolor empezó a disminuir, volteó a verla y le dice.
• Como pudiste hacerme esto, me lastimaste y yo solo he tratado de ser amable contigo; Sahara esto fue demasiado, no puedo creer lo violenta que eres, pudiste causarme un peor daño y esto me podría dejar sin tener más hijos, que no sabes que nuestros hijos van a querer más hermanitos.
Sahara se puso pálida al escuchar lo que le decía, era imposible, que él supiera de sus hijos y de una manera nerviosa, e insegura le dice.
• ¿de qué hablas?, tú está equivocado, nada de lo que dices es verdad.
Nil se sintió mejor, el dolor había desaparecido y sin perder tiempo se acercó a ella, la aprisiono contra la pared, la miro con un deseo y con su voz seductora le dice.
• Sahara, tengo la prueba de ADN en mis manos, tratar de mentirme no te va a servir de nada; pero cálmate, no pienso quitártelos, los tres se vienen conmigo y como te lo dije ya hablaremos.
Sahara, en este momento, yo solo pienso en tenerte, quiero disfrutar de tu cuerpo, de ti; yo solo quiero, que disfrutemos de nosotros y quien sabe, hacer un bebé, nuestros hijos ocupan hermanitos.
Sahara se puso nerviosa, se llenó de miedo, lo miraba con temor y en su mente solo estaba que le iba a quitar a sus hijos, sostenía su toalla con mucha fuerza; ella no sabía que hacer, como responder a lo que le decía, a lo que le pedía.
Sahara sentía sus besos en su cuello, como sus manos acariciaban sus brazos, se sentía acorralada, sabía que ese hombre con la mano en la cintura le podía quitar sus hijos y eso no podía permitirlo, por un momento su miedo la hizo flaquera, ceder, a sus peticiones, estaba por soltar la toalla, rendirse a ese mal hombre, en ese momento escuchan la voz de su hijo Lín que decía.
• Mamá, necesito entrar al baño, puedes abrir la puerta.
En ese momento, Sahara se sintió aliviada que su hijo interrumpiera ese momento desagradable para ella; Nil, molesto la suelta, toma su pantalón, se lo pone, se acerca a su oído y le susurra.
• Mi hijo puede llegar a ser inoportuno, necesito llevarlos a casa, para que esto no vuelva a suceder; Sahara, vamos a hablar de lo que va a pasar y también quiero una explicación.
Sahara solo quería escapar de él, olvidando que solo estaba cubierta con la toalla, abre la puerta, mira a su pequeño frente a ella, en ese momento el pequeño mira a Nil atrás de ella; Lín pone mala cara y con su voz inquieta dice.
• Mamá, ¿Por qué están juntos en el baño?, tú siempre has dicho que un niño y una niña no pueden bañarse juntos, ¿Por qué ustedes se están bañando juntos?, esto no está bien.
Sahara se puso colorada con lo que su pequeño le decía, no sabía cómo explicarle lo que estaba pasando; mientras que Nil tenía una sonrisa de oreja a oreja, se sentía orgulloso, su pequeño era listo.