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Los Gemelos del Capo

Los Gemelos del Capo

Status: Terminada
Genre:Romance / Aventura de una noche / Mafia / Embarazo no planeado / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Phopo Nira

Ariadna Maldonado lo tiene todo en contra: huérfana, sin dinero y con un corazón roto por un hombre que solo la usaba. Cuando una noche de desesperación la lleva a contratar a un desconocido, jamás imagina que ese error cambiará su vida para siempre... ni que dejará dos regalos inesperados.

Seis años después, Luca y Lucía, sus gemelos prodigio, son tan brillantes como traviesos, y están decididos a encontrar al padre que nunca conocieron. Lo que no saben es que su papá es Rafael Xavier, el implacable líder del Clan Cielo Negro: un hombre frío, temido por todos y sin un solo punto débil.

Hasta ahora.

Entre rivales que acechan en la sombra, secretos de familia y un amor que nadie vio venir, tres corazones heridos tendrán que decidir si se atreven a ser una familia. Porque cuando un capo se enfrenta a dos pequeños genios y a la mujer que lo desarma con una sola mirada, quien menos controla la situación... es él.

NovelToon tiene autorización de Phopo Nira para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¡No me equivoqué!

Durante todo el trayecto al hospital hubo una incomodidad tensa entre Rafael y Ari. Por suerte Luca iba sentado en medio de los dos, mientras Lucía iba en el regazo de Rafael.

Lucía, que tanto deseaba tener un padre, no se despegaba de él.

Y a Rafael, sin saber por qué, le resultaba muy reconfortante tener a la niña entre los brazos.

—¡Papá! ¿De verdad eres nuestro papá? —le preguntó Lucía a Rafael con los ojos brillantes. Gracias a eso el ambiente dejó de ser incómodo y pasó a ser muy tenso, sobre todo para Ari.

—Mmm. No sé. Pregúntaselo mejor a tu mamá.

Rafael, sin saber qué contestar, le pasó la pregunta a Ari.

—¡Mamá! —la llamó Lucía, pero Ari volvió la cara hacia la ventana. Al ver la reacción de su mamá, Lucía puso cara de decepción.

—Ya, no te pongas triste. Dentro de poco el doctor lo va a determinar —dijo Rafael, tratando de consolar a la niña que tenía en el regazo.

—¿Cómo dijiste que te llamabas? —preguntó Rafael, que había olvidado su nombre.

—Lucía —respondió ella.

—¿Te gustaría tener un papá como yo? —preguntó Rafael con una sonrisa dulce y encantadora.

Lucía sonrió y asintió con rapidez. Luca, sentado al lado, se molestó, porque su papá solo le prestaba atención a su hermana.

—¿De veras? Entonces, ¿me das un beso? —dijo Rafael con un tono muy dulce y una sonrisa que no se le borraba.

—¡Muac! —Lucía le plantó un beso en la mejilla derecha sin ninguna vergüenza. Ari solo pudo observar todo en silencio.

Por dentro estaba aterrada de que Rafael les arrebatara a los gemelos ahora que la verdad había salido a la luz.

Al llegar al hospital, a Rafael lo recibieron también los médicos que colaboraban con él. Fueron directamente a una habitación reservada para pacientes VIP.

—¿En qué podemos servirle, señor Xavier? —preguntó con gran amabilidad el director del hospital, mientras no dejaba de mirar de reojo a los gemelos.

El director los había reconocido al instante: eran los niños que eran tendencia en todo el mundo.

—Quiero hacer una prueba de ADN con estos dos niños. ¿Cómo es el proceso? ¿Es peligroso para ellos? No les va a doler, ¿verdad? —dijo Rafael, tal como era él, yendo directo al grano.

—Para nada, señor. Solo necesitamos una muestra de hisopado de la parte interna de la mejilla, o bien otras muestras, como cabello, piel o fluidos corporales; aunque lo mejor es una muestra de sangre, porque el resultado es más preciso y fiable —explicó el director, que además era uno de los médicos más capaces del hospital.

—¿Cuánta sangre se necesita? —preguntó Rafael con inocencia.

—Solo un poquito, señor, de usted y de los dos niños —respondió el director.

—Bien, háganlo ya. Y quiero los resultados lo antes posible —ordenó Rafael con su cara fría.

—Los resultados estarán en un día, y haremos lo posible por acelerarlos. Ahora vamos a tomarles las muestras de sangre —dijo el director.

Entonces le pidió al médico que tenía al lado que trajera unas jeringas.

El director en persona tomó las muestras de sangre de Rafael, Luca y Lucía. Después las llevó al laboratorio para analizar el ADN.

Ari seguía callada, con el rostro pálido y las manos heladas de angustia y miedo.

Luca y Lucía, en cambio, jugaban con Rafael, como si se conocieran de toda la vida.

—¡Cano! ¿Estás bien? —exclamó Julia, que entró de golpe a la habitación con su esposo, Rolando.

En su cara se notaba una preocupación enorme. Pero al ver a los gemelos tan idénticos a su Cano de niño, ella y Rolando se quedaron en shock.

Rafael, Ari, Luca y Lucía los miraron llenos de asombro.

—¡Mamá, papá! ¿Qué hacen aquí? —preguntó Rafael, con su expresión fría otra vez.

—Nos dijeron que estabas en el hospital. Pero ¿quiénes son estos niños? ¿Son tus hijos, Cano? —dijo Rolando, señalando a Luca y a Lucía.

—Rolando, ¡es él, es el Cano pequeño que vi ayer en el centro comercial! —exclamó Julia, señalando a Luca.

—¿Qué? ¿Entonces ayer no estabas alucinando? —dijo Rolando, que seguía sin creerle a su esposa.

—¡Te lo dije! ¡Ayer ni me equivoqué ni alucinaba! ¡Y tú sin creerme!

Julia estaba segura de que a quien había visto en el centro comercial era Luca.

—Es que tú, ayer, no lo viste con tus propios ojos —se defendió Rolando.

Ari, al ver que hablaban de sus gemelos, y sobre todo de Luca, se acercó y abrazó fuerte a sus hijos.

—Ya, basta. Les pregunto qué hacen aquí —dijo Rafael, desviando la atención de sus padres.

—Eso ya no importa, Cano. Dime, ¿esos gemelos son tuyos? —dijo Julia, acercándose a Rafael y arrinconándolo.

—Yo tampoco lo sé. Estamos esperando los resultados de la prueba de ADN —respondió Rafael, tratando de esquivar a su mamá.

—¿De veras? —insistió Julia.

—¡Buen trabajo, hijo! Ojalá de verdad seas el padre de estos niños —dijo Rolando, orgullosísimo de Rafael en ese momento.

Julia se fue acercando a Luca y Lucía, que se escondían en el abrazo de su mamá.

—Hola, preciosos. ¿Cómo se llaman? —preguntó Julia con mucha amabilidad y una sonrisa cálida.

—Lucía —se presentó la niña valiente ante Julia.

—Ay, qué nombre tan hermoso, como tú —la elogió Julia con sinceridad.

—¿Y este niño guapo quién es?

Julia se volvió hacia Luca, tratando de ganarse el corazón de su Cano pequeño.

—Es mi hermano, se llama Luca. ¡Y esta es nuestra mamá, la más linda y la mejor del mundo! —dijo Lucía, presentando a Luca y a Ari.

—¿O sea que usted es la mamá de estos gemelos? —preguntó Julia, sorprendida al enterarse.

—Cano, ¡qué bonita elegiste! Aunque tu mamá, mi esposa, sigue siendo más bonita. ¡Jajaja!... —le susurró Rolando a Rafael, riéndose porque su hijo tenía una cara muy graciosa.

Rafael miró a su papá con frialdad.

—¡No digas tonterías, papá! —replicó con tono seco.

—Sí, señora —respondió Ari con torpeza, como si conociera a sus suegros por primera vez.

—Oye, hablemos afuera los dos.

Rafael le pidió de repente a Ari que saliera con él de la habitación.

Rafael salió primero. Ari dudó un instante antes de seguirlo, porque no quería dejar solos a los gemelos.

—Ve, nosotros cuidamos a tus hijos aquí —dijo Rolando, al ver la duda en los ojos de Ari.

—Gracias, señor, por su ayuda.

Entonces Ari siguió a Rafael fuera de la habitación, todavía con un torbellino de sentimientos.

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