Valeria Ríos lo dio todo por su matrimonio con Rodrigo Montero: su juventud, su paciencia y su dignidad. Durante años soportó las humillaciones de Carmen, su suegra, que la tachaba de estéril y de mala suerte. Resistió la indiferencia de un esposo que prefería las noches de trabajo al calor de su hogar. Tragó lágrimas mientras Valentina, la examante de Rodrigo, se paseaba por su vida dejando destrucción a cada paso.
Hasta que un día, Valeria descubre lo que su cuerpo ya sabía: tiene leucemia.
Enferma, sola y sin fuerzas para seguir fingiendo, Valeria toma la decisión más difícil de su vida: pedirle el divorcio a Rodrigo. Pero lo que comienza como un acto de rendición se transforma en el inicio de su verdadera historia.
Julián Navarro —brillante médico especialista, heredero de una familia acaudalada y desesperadamente torpe en cuestiones del corazón— lleva años enamorado en silencio de Valeria. Cuando ella se derrumba, él se convierte en su pilar: la acompaña a las quimioterapias, pelea con el sistema para conseguirle un donante de médula, y le demuestra con hechos que el amor no se proclama a gritos sino que se construye en los detalles.
Mientras tanto, Rodrigo descubre demasiado tarde el precio de dar por sentado a quien más lo amaba. La ruina económica, la traición de Valentina, los secretos familiares que explotan uno tras otro y la revelación de que Valeria estuvo muriendo frente a sus ojos sin que él lo notara le destrozan la arrogancia que alguna vez confundió con fortaleza.
A su alrededor, vidas paralelas se entrelazan con la suya: Martín y Sofía, un matrimonio congelado por el orgullo, encuentran la chispa gracias al ultimátum adorablemente absurdo de su hijo Mateo; Daniel, un hombre marcado por la culpa, lucha por recuperar la relación con Nicolás, el hijo que no supo criar; y Carmen enfrenta la devastadora verdad de que su crueldad destruyó lo único valioso que tenía su familia.
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Cap. 27
Valentina estaba recostada en la cama con la cara forzada a verse lo más pálida posible. Los ojos cerrados con fuerza, mientras dejaba escapar quejidos suaves que sonaban tremendamente lastimeros.
En cuanto la puerta se abrió y apareció Rodrigo jadeando de la prisa, Valentina abrió los ojos al instante. Se incorporó un poco y se le abrazó al brazo, gimoteando de miedo.
—Rodrigo, no me dejes sola. Tengo mucho miedo —suplicó Valentina con voz temblorosa, escondiendo la cara en el hombro de Rodrigo, que acababa de sentarse al borde de la cama.
Rodrigo, todavía alarmado por los gritos de su madre, le acarició el hombro para tranquilizarla.
—Cálmate, Valentina. Calma. ¿Qué pasó? ¿Qué te duele?
Valentina levantó la cara y lo miró con los ojos ya empañados.
—Es que… cuando estaba tratando de cerrar los ojos para aguantar el dolor del pie, vi una sombra negra grandísima moviéndose detrás de la cortina de la ventana. Me dio mucho miedo… No quiero quedarme sola en este cuarto esta noche.
—¿Una sombra? —Rodrigo frunció el ceño, echándole un vistazo a la ventana bien cerrada—. Seguramente fue la sombra de un árbol de afuera con el viento. ¿Y el pie? Mi mamá dijo que se te hinchó más y que tienes fiebre.
—¡Sí, Rodrigo! ¡Mira cómo tiene el pie, todo rojo! —se metió Carmen, que entraba con una palangana de agua tibia y unas compresas—. ¡Lo dejó en la mesita con cara de preocupación.
—¿Cómo es posible? Tu cuñada está enferma y asustada, ¡y tú no quieres acompañarla! ¡Quédate con ella esta noche hasta que se calme!
Rodrigo se quedó pensativo un momento. Le soltó despacio la mano a Valentina, sintiendo que algo no cuadraba.
—Pero, mamá… no está bien que yo me quede a dormir en este cuarto con Valentina. Al fin y al cabo soy su cuñado, y Valeria está arriba. ¿Qué van a pensar?
Al escuchar el rechazo de Rodrigo, Valentina se mordió el labio inferior y puso la cara más desamparada posible, como si la estuvieran rechazando de plano.
—Perdona, Rodrigo… perdóname si mi miedo te incomoda. No quiero que Valeria se enoje otra vez. Si te molesta, no pasa nada, déjame aquí sola. Yo… yo aguanto el miedo y el dolor por mi cuenta.
Carmen, al ver que su protegida hacía pucheros, le lanzó una mirada fulminante a Rodrigo.
—¡Por Dios, Rodrigo! ¡Valeria ya te lavó el cerebro o qué, para que pierdas la humanidad! ¡Valentina es la viuda de tu propio hermano! Tiene miedo porque está enferma, ¡no te está proponiendo nada indecente!
—No es eso, mamá. Solo pienso en los límites —se defendió Rodrigo, tratando de aferrarse a la lógica que se le iba deshilachando.
—¡No hay límites cuando se trata de la familia! —sentenció Carmen—. Nicolás ya se durmió profundamente, esta noche se queda en mi cuarto. Así tú puedes acompañar a Valentina sin problemas hasta que se duerma tranquila. No quiero excusas, Rodrigo. Le prometiste a Diego que los ibas a cuidar, ¿no? Pues demuéstralo.
Valentina, escuchando la defensa de su suegra, dibujó en secreto una sonrisa de triunfo. Volvió a dejarse caer sobre las almohadas, agarrándose al borde de la camisa de Rodrigo con sus últimas lágrimas falsas.
—Rodrigo… por favor, quédate un ratito conmigo. Solo hasta que me pueda dormir. El pie me punza mucho…
Rodrigo, con toda su torpeza y su ego herido esa noche por la decisión de divorcio de Valeria, terminó soltando el aire, vencido. Sentía que si volvía a la planta alta, solo iba a encontrarse con el muro helado de una Valeria que no paraba de exigirle la separación.
Mientras que aquí, en esta habitación de invitados, al menos se sentía necesitado como protector.
—Está bien. Me quedo sentado en la silla junto a tu cama esta noche —accedió Rodrigo al fin, eligiendo creer en la mentira y el teatro dulce que Valentina le servía.
—Muchas gracias, Rodrigo… eres un hombre muy bueno —dijo Valentina con voz mimosa, mientras por dentro celebraba haber logrado separar a Rodrigo de Valeria esa noche.
* * *
A la mañana siguiente, antes del amanecer, Valeria ya estaba despierta y recién salida de la ducha. El agua fría que le tocó la piel le refrescó el cuerpo cada vez más débil.
En su cabeza, resonaba el mensaje de Julián:
[Val, si vas a empezar la terapia previa a la quimio, trata de bañarte con agua fría al amanecer. Es bueno para la circulación y para subir las defensas]
Martín también había respaldado esa recomendación por mensaje la noche anterior.
Y sí: hasta que salió el sol, Rodrigo no volvió a la recámara principal. Valeria sonrió con amargura mirando el lado vacío de la cama. Sabía perfectamente que su marido había pasado la noche en la planta baja, acompañando a Valentina.
Pero Valeria ya estaba en el punto de la anestesia emocional. Lo que hicieran ellos le daba igual.
Se arregló con cuidado. Se puso un vestido de corte elegante que disimulaba la delgadez, y se maquilló ligeramente para cubrir la palidez. Cuando bajó a la planta baja, la casa todavía estaba en completo silencio. Nadie se había levantado.
Empujada por una curiosidad repentina, los pasos de Valeria se detuvieron frente a la habitación de invitados. La puerta estaba entreabierta, con una rendija.
Valeria se asomó.
Sobre la cama, Valentina dormía plácidamente de costado, con las dos manos aferradas a la mano de Rodrigo. Rodrigo se había quedado dormido sentado en la silla junto a la cama, con la cabeza recargada de cansancio en el borde del colchón.
Las manos de ambos entrelazadas con fuerza, como si nada ni nadie pudiera separarlos.
El pecho se le cerró como si le hubieran lanzado una roca.
Valeria se agarró el pecho, que le punzó de pronto. Toda la noche, Rodrigo había resistido el sueño y dormido en una posición incómoda con tal de cuidar a Valentina. Algo que no había hecho por ella ni una sola vez en el último año.
Valeria apretó los puños hasta que los nudillos le quedaron blancos. Las lágrimas que asomaron se las limpió con un gesto brusco.
—Si algún día me permites curarme y sobrevivir… ¿podré cobrarme todo este dolor, Dios? —murmuró Valeria.
que bueno que despertó
y que no de marcha atrás
se merecen todo lo mal que les pueda pasar
tanto dinero y ella es la que hace todo???
lo dicho, se pasó de estúpida
ni muriéndose deja de ser sumisa
es demasiado estúpida
me da tanta rabia
a la final las suegras son suegras, salvó contadas excepciones 🤭
que mártir
que ya lo deje y listo
si total, se va a morir , pues que lo pase sola y en paz
y que después ya el y su familia vean como pasan el duelo, si es que acaso les llegase a importar 🤨
y ese Rodrigo es un verdadero estúpido engreído
puede encargarse del sobrino, eso es hasta lógico, pero no por eso descuidar a su esposa y su matrimonio
es tan triste todo
y pensar que muchísimas mujeres pasan por abandonos así aún estando sanas 😢