Sinopsis: Enamorada del hermano de mi novio
Todo comienza cuando Gabriel Montes presenta a su novia, Kerly Sánchez, a su familia, sin imaginar que su propio hermano, Elian Montes, terminará enamorándose perdidamente de ella. Lo que empieza como una simple atracción se convierte en un amor prohibido que ninguno de los dos puede controlar. A escondidas de Gabriel, Elian y Kerly comienzan una relación clandestina, arriesgándose a destruir los lazos familiares por un sentimiento que crece cada día más. Pero cuando Gabriel descubre la traición, tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a llegar contra su propia sangre por la mujer que ama.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 24: Me fui a Argentina con el corazón hecho pedazos
###
POV: Elian Montes 🇨🇴✈️🇦🇷
Llegó el día del viaje y yo me sentía tan vacío que ni siquiera tenía ganas de levantarme de la cama. Eran las cinco de la mañana y mi maleta estaba junto a la puerta, lista para salir. Mi papá había organizado todo para que me fuera a Argentina a trabajar durante una temporada. Según él, necesitaba alejarme de los problemas y aprender a ser responsable.
¡Qué iba a saber él de lo que yo estaba sintiendo, ome!
Yo no necesitaba irme a otro país para aprender una lección. Lo que necesitaba era que las cosas no hubieran terminado de esa manera con Kerly. Necesitaba verla, escuchar su voz y preguntarle por qué carajos nos habíamos enamorado sabiendo que podíamos destruir a toda la familia.
Me levanté despacio, me bañé y me puse un pantalón negro, una camiseta blanca y una chaqueta. Me miré al espejo y solté una risa amarga.
—Ve, Elian, mirá cómo terminaste, hermano. Vos, que vivías de fiesta en fiesta, que no te preocupabas por nada ni por nadie, ahora estás vuelto nada por una pelada.
Agarré mi celular y abrí nuestra conversación.
El último mensaje que Kerly me había enviado decía:
«Te amo, mi vida. Por favor, no te olvidés de mí».
Me quedé mirando esas palabras durante varios minutos. Quería responderle, decirle que la amaba, que no quería irme y que todavía podíamos arreglar las cosas. Pero no escribí nada. ¿Para qué? ¿Para seguir haciéndonos daño?
Guardé el celular en el bolsillo y bajé las escaleras con la maleta.
Mi mamá estaba en la cocina preparando café. Apenas me vio, dejó lo que estaba haciendo y se acercó a mí.
—Ay, mijo, ¿ya te vas?
—Sí, ma. El carro debe estar por llegar.
Me abrazó con fuerza y me acarició la cabeza.
—Yo sé que las cosas no salieron como esperabas, Elian, pero sos mi hijo y te amo. Quiero que aproveches este viaje para pensar bien en tu vida.
—Sí, ma.
—Y no dejés de llamarme, ¿oíste? No importa si estás en Argentina, en China o donde sea, vos me llamás.
Solté una pequeña sonrisa.
—Ay, ma, pues claro que te voy a llamar. ¿Quién más me va a regañar por mis embarradas?
Ella se rio un poquito, pero enseguida se le aguaron los ojos.
—Te voy a extrañar mucho, mi niño.
La abracé de nuevo. Con mi mamá siempre había sido diferente. Aunque muchas veces me regañaba por mis irresponsabilidades, nunca había dejado de apoyarme.
Después apareció mi papá.
—¿Ya tenés todo listo?
—Sí, señor.
Me miró durante unos segundos.
—Espero que aproveches esta oportunidad. En Argentina vas a tener trabajo, responsabilidades y tiempo para pensar en lo que hiciste.
Apreté la mandíbula.
—Voy a trabajar, papá. No se preocupe.
—No quiero más problemas con tu hermano ni con esa muchacha.
—Pues quédese tranquilo, que desde hoy no voy a meterme en la vida de ninguno de los dos.
No le dije nada más. Agarré mi maleta y salí de la casa.
El carro ya me estaba esperando.
Antes de subirme, miré hacia las ventanas de la casa, con la esperanza de ver a Kerly. No sabía si ella estaba despierta, si había llorado por mí o si siquiera le importaba que me fuera tan lejos.
Pero no apareció.
Y eso me dolió más de lo que quería admitir.
El trayecto hacia el aeropuerto se me hizo eterno. Cali seguía despertándose, las calles comenzaban a llenarse de carros y la gente caminaba como cualquier otro día. Todo parecía normal, menos yo.
Llegué al aeropuerto, hice los trámites y me senté a esperar mi vuelo hacia Argentina.
Saqué el celular otra vez.
Nada.
Ni una llamada, ni un mensaje.
—Qué gonorrea, ome —murmuré, guardándolo de nuevo—. Uno aquí muriéndose de amor y la otra quién sabe qué estará haciendo.
Sabía que no podía exigirle nada. Después de todo, ella seguía siendo la novia de Gabriel ante los ojos de mi familia. Pero eso no impedía que me doliera.
Cuando anunciaron mi vuelo, me levanté y caminé hacia la puerta de embarque. Cada paso se sentía como si estuviera dejando atrás una parte de mí.
Ya sentado en el avión, miré por la ventanilla mientras los pasajeros terminaban de acomodarse.
Mi celular vibró.
Era un mensaje de Kerly.
«¿Ya te fuiste, mi amor? Por favor, decime que todavía estás en Cali. No quiero que te vayás así».
Sentí que el corazón se me aceleraba.
Escribí una respuesta, la borré y volví a escribirla.
Finalmente, le mandé:
«Ya voy camino a Argentina, Kerly. Te amo, pero no puedo seguir viviendo entre mentiras. Si algún día nos volvemos a encontrar, espero que sea cuando podamos estar juntos sin destruir a nadie más».
Ella respondió casi inmediatamente:
«No me hagás esto, Elian. Yo no sé cómo voy a vivir sin vos».
Me quedé mirando la pantalla, con los ojos llenos de lágrimas.
Quería decirle que yo tampoco sabía cómo hacerlo.
Pero apagué el celular.
El avión comenzó a moverse y, cuando despegó, vi cómo Cali se hacía cada vez más pequeña bajo las nubes.
Me recosté en el asiento y cerré los ojos.
Me iba a Argentina para trabajar, para alejarme de mi familia y para intentar recomponer mi vida.
Pero había algo que ni la distancia ni otro país podían cambiar.
Yo seguía enamorado de Kerly Sánchez, la mujer que amaba y que, al mismo tiempo, me había dejado el corazón hecho pedazos.
Y mientras el avión cruzaba el cielo, una sola pregunta me perseguía:
¿Cuánto tiempo tendría que pasar para volver a verla sin sentir que me estaba rompiendo por dentro?
Continuará…