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Me Enamore De La Mamá De Mi Mejor Amigo

Me Enamore De La Mamá De Mi Mejor Amigo

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Sinopsis: Un amor prohibido

Todo comenzó cuando empecé a ir a la casa de Juan Alcázar, mi mejor amigo. Al principio, todo era normal, hasta que comencé a mirar a su mamá con otros ojos. Ella era una mujer hermosa, madura y completamente diferente a todas las que había conocido. Sin darme cuenta, empecé a sentir algo que jamás imaginé sentir por la madre de mi mejor amigo. Intenté luchar contra aquellos sentimientos, pero el corazón no entiende de reglas ni de prohibiciones. Hasta que una mirada se convirtió en deseo y comenzamos a vivir un amor a escondidas, capaz de destruir nuestra amistad y cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: ¿Acaso consiguió novia?

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Eran las ocho de la mañana y yo todavía estaba terminando de arreglarme para salir a la universidad. Tenía clase a las ocho y media, pero había cometido el error de abrir WhatsApp y ponerme a chatear con mi novia.

Sí, parce, con mi novia. Todavía me daba una felicidad la berraca poder decir que Gabriela Alcázar era mi mujer.

Estaba buscando las llaves del apartamento cuando me llegó un mensaje suyo.

Gabriela ❤️: Amor, ¿y a qué horas tenés clases hoy?

Yo: Hay ahorita, a las ocho y media, muñeca.

Gabriela ❤️: ¿¡CÓMO ASÍ!? Joaquín, ¿vos qué hacés todavía en la casa?

Miré el reloj y abrí los ojos.

—¡Juepucha, ome! —exclamé.

Yo: Tranquila, mi reina. Ya voy saliendo.

Gabriela ❤️: ¿Cómo que tranquila? ¡Después llegás tarde y te quejás! Dejá ese celular y andá para la universidad, hombre.

Me reí al leerla. Esa mujer tenía una manera de regañarme que, en vez de hacerme enojar, me dejaba sonriendo como un bobo.

Yo: Bueno, pues, muñeca. Ya estoy manejando. No te preocupés.

Gabriela ❤️: ¡Joaquín Zapata! ¿Estás manejando y escribiéndome?

Ahí mismo dejé el celular a un lado.

Yo: No, amor, ya lo guardé. Te escribo cuando llegue. Te amo, mi reina.

Gabriela ❤️: Más te vale. Cuídate mucho, corazón. ❤️

Guardé el teléfono y salí del apartamento. No quería llegar tarde, porque el profesor de esa mañana era de los que no le recibían excusas a nadie.

Cuando llegué a la universidad, estacioné el carro y me fui directo hacia el bloque donde tenía clases. Apenas estaba entrando cuando escuché una voz conocida.

—¡Quiubo, parce!

Era Juan, mi mejor amigo, que venía caminando con la maleta colgada de un hombro.

—¿Qué más, hermano? —le respondí, chocando la mano con él.

—Nada, ome. ¿Y usted dónde se había metido? Lo estaba esperando hace rato.

—Pues aquí estoy. ¿Qué más quiere?

Juan empezó a caminar a mi lado, mirándome con una sonrisa sospechosa.

—Parce, le voy a decir una cosa.

—A ver, ¿ahora qué hizo, pues?

—No, hombre, el que está haciendo cosas raras es usted.

Fruncí el ceño.

—¿Yo? ¿Qué hice ahora?

Juan soltó una carcajada.

—Parce, ya casi no salís conmigo. Antes nos veíamos casi todos los días, jugábamos Play, salíamos a comer y hacíamos recocha. Ahora te invito a cualquier parte y siempre tenés una excusa.

Sentí un pequeño nudo en el estómago.

—¡Ay, Juan, tampoco exagerés, ome!

—¿Cómo que no? Decime una cosa, pues: ¿acaso conseguiste novia?

Casi me atraganté con mi propia saliva.

—¡¿Qué?! —solté, intentando disimular la sorpresa—. ¡No sea güevón, hermano!

Juan se echó a reír más fuerte.

—¡Jajajajaja! ¡Vea cómo se puso! Yo sabía que por ahí había algo.

—Parce, no invente cosas. Estoy ocupado con la universidad y el trabajo. No tengo tiempo para andar buscando novia.

Mentirle a Juan me estaba doliendo más de lo que esperaba. Él era mi parcero desde hacía años, el hombre que me conocía casi tanto como mi propia familia. Y ahora yo estaba ahí, ocultándole que estaba enamorado de su mamá.

—¿Entonces por qué mantiene pegado al celular? —insistió—. Ayer le escribí y usted se demoró como tres horas en contestarme.

—Estaba ocupado, ome.

—¿Ocupado haciendo qué?

—¡Juepucha, Juan! ¿Usted ahora es mi papá o qué? —le dije, riéndome para disimular los nervios.

Él me dio un empujón suave en el hombro.

—¡No sea payaso! Es que lo conozco, hermano. Usted cuando se enamora se pierde del mapa.

—¿Y cuándo me he enamorado yo últimamente? No diga bobadas.

Juan se quedó pensativo un momento y luego negó con la cabeza.

—Bueno, pues. Pero cuando consiga novia, me cuenta, ¿oyó? No me vaya a salir después con que lleva meses escondiéndome una vieja.

Sentí que el corazón me golpeaba fuerte.

Si supieras, parce.

—De una, hermano. Usted va a ser el primero en saberlo —respondí, aunque sabía perfectamente que no era cierto.

Entramos al salón justo cuando el profesor estaba organizando sus cosas. Nos sentamos juntos y sacamos los cuadernos, pero yo no lograba concentrarme del todo.

Unos minutos después, mi celular vibró dentro del bolsillo.

Era Gabriela.

Gabriela ❤️: ¿Ya llegaste, mi amor?

Sonreí sin poder evitarlo.

Yo: Sí, muñeca. Ya estoy en clase.

Gabriela ❤️: Bueno, corazón. Pórtate juicioso y no te distraigás tanto.

Yo: Jajajaja, sí, señora. Te amo.

Guardé el teléfono rápidamente, pero Juan alcanzó a notar mi sonrisa.

—¡Ajá! ¿Y esa felicidad tan berraca, pues?

—¿Cuál felicidad, ome? Estoy pensando en una cosa que dijo el profesor.

—¡Jajajajaja! Sí, claro. ¿Y el profesor también le manda corazoncitos?

Lo miré con los ojos abiertos.

—¡Cállese, güevón! Deje estudiar.

Juan siguió riéndose mientras yo intentaba prestar atención.

Por fuera parecía que todo estaba normal, pero por dentro sabía que estaba metido en un problema enorme.

Yo amaba a Gabriela y no quería perderla. Pero Juan era mi mejor amigo, y cada vez que me decía que éramos como hermanos, me pesaba más la mentira.

¿Cómo iba a explicarle que la mujer que me tenía completamente tragado era su propia mamá?

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