Valentina Mendoza, una joven humilde, de corazón noble, que lucha por salir adelante y ayudar a su familia. No tiene dinero ni contactos, pero sí una dignidad que nadie podrá comprar, y por otro lado Alejandro Montenegro, un empresario multimillonario, atractivo, serio y dominante. Está acostumbrado a conseguir todo lo que desea, hasta que aparece una mujer que no se deja impresionar por su dinero.
NovelToon tiene autorización de Scarlet Pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20. La conversación detrás de la puerta
Aquella tarde, Valentina se quedó trabajando hasta después de las seis para terminar un informe urgente.
La mayoría de los empleados ya se habían marchado cuando fue a buscar una carpeta a la sala de reuniones.
Al acercarse, escuchó voces.
Reconoció inmediatamente la de Alejandro.
—No voy a permitir que ese asunto vuelva a salir a la luz —dijo él.
Otra voz masculina respondió:
—No depende únicamente de ti. Esteban Salazar ha regresado y tiene documentos que podrían cambiarlo todo.
Valentina se detuvo.
Esteban Salazar.
El padre de Mateo.
—¿Qué quiere exactamente? —preguntó Alejandro.—Que se reconozca que fue acusado injustamente. Y, si no lo consigue, está dispuesto a presentar los documentos ante la junta.
Alejandro guardó silencio unos segundos.
—No sabe lo que ocurrió realmente.
—¿Estás seguro de eso? Porque, por lo que he visto, los archivos que conserva son bastante convincentes.
Valentina sintió que la respiración se le aceleraba.
No quería escuchar una conversación privada.
Debería marcharse.
Pero entonces oyó algo que la dejó paralizada.
—¿Y qué pasa con la secretaria? —preguntó el hombre.
Alejandro respondió después de una pausa.
—Valentina no tiene nada que ver con esto.
—¿Estás seguro? Mateo ha vuelto a buscarla.
Si descubre la relación entre ambas familias, podría convertirse en un problema.—No voy a utilizarla para resolver asuntos del pasado.
—Entonces deberías haberlo pensado antes de contratarla.
Valentina sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Antes de contratarla.
¿Por qué había dicho aquello?
La voz masculina continuó:
—Si ella llega a descubrir lo que sucedió con su padre, tendrás que explicarle por qué su familia terminó pagando las consecuencias de una decisión que no tomó.
Hubo un silencio prolongado.
Después Alejandro respondió con una voz que Valentina nunca le había escuchado.
—No permitiré que le hagan daño.
Ella retrocedió lentamente. Su corazón golpeaba con tanta fuerza que temió que pudieran escucharla.
¿Su padre?
¿Las consecuencias?
¿Qué tenía que ver su familia con los problemas entre los Montenegro y los Salazar?
Valentina no sabía qué significaba aquella conversación, pero comprendió que existía una parte de la historia que todos conocían menos ella.
Y, de pronto, recordó las palabras de Mateo.
«Mi padre cree que Alejandro sabe mucho más de lo que está dispuesto a reconocer».
Se marchó sin recoger la carpeta.
Necesitaba pensar.
Necesitaba comprender. Y, sobre todo, necesitaba saber si el hombre que comenzaba a despertar sentimientos en ella le había ocultado algo desde el principio.
A la mañana siguiente, Valentina llegó a la oficina decidida a actuar con normalidad.
Saludó a sus compañeros, organizó los documentos y preparó el café de Alejandro como hacía cada mañana.
Pero cuando él salió de su despacho, ella apenas lo miró.
—Buenos días —dijo él.
—Buenos días, señor.
Alejandro se detuvo.
—¿Está enfadada conmigo?
—No, señor.
—Valentina. Ella levantó la mirada.
—Tengo mucho trabajo pendiente. ¿Necesita algo?
Él la observó durante unos segundos.
Había algo en su actitud que le resultaba familiar. Era la misma distancia que había aparecido después de que la madre de Isabella intentara comprar su renuncia.
Pero esta vez era diferente.
Esta vez, Alejandro sospechaba que Valentina había descubierto algo.
—Quiero que prepare la sala de reuniones para las once. Vendrá un representante de la junta directiva.
—Por supuesto.
Valentina volvió a sus documentos.
Alejandro regresó a su despacho, inquieto.
No podía demostrar que ella hubiera escuchado la conversación, pero necesitaba hablar con ella antes de que alguien más le contara una versión distorsionada de los hechos. A las diez y cincuenta y cinco, Valentina entró en la sala de reuniones para comprobar que todo estuviera preparado.
Sobre la mesa encontró una carpeta que alguien había dejado abierta.
En la primera página aparecía el nombre de Esteban Salazar.
Debajo había una referencia a una investigación empresarial realizada años atrás.
Y, en una hoja adjunta, aparecía el apellido Mendoza.
Valentina sintió que el corazón se le detenía por un instante.
No podía ser.
Su padre había fallecido cuando ella era pequeña. Su familia nunca había tenido relación con los grandes empresarios de la ciudad.
¿Por qué aparecía su apellido en aquellos documentos?
Tomó la hoja y comenzó a leer. Solo alcanzó a comprender unas pocas líneas antes de escuchar pasos en el pasillo.
Cerró rápidamente la carpeta.
La puerta se abrió.
Alejandro entró y se detuvo al verla.
Sus ojos fueron directamente al documento que ella sostenía.
—¿Qué está haciendo con esa carpeta?
Valentina lo miró, pálida.
—¿Por qué aparece el apellido de mi padre en un documento relacionado con su empresa?
Alejandro no respondió.
Y aquel silencio fue peor que cualquier explicación.
Valentina sintió que algo dentro de ella se quebraba.
—Usted sabe quién era mi padre, ¿verdad?
Él dejó lentamente los documentos que llevaba.
—Valentina, puedo explicárselo. Ella negó con la cabeza.
—No. Primero quiero que me responda una pregunta.
Alejandro la miró fijamente.
—¿Cuál?
Valentina tragó saliva. Tenía miedo de escuchar la respuesta, pero necesitaba saberla.
—¿Usted me contrató porque yo era la mejor candidata para el puesto… o porque mi apellido estaba relacionado con un secreto que su familia lleva años intentando ocultar?
Alejandro se quedó inmóvil.
Por primera vez desde que Valentina lo conocía, el poderoso empresario parecía no encontrar una sola palabra con la que defenderse.
Y ella comprendió que, fuera cual fuera la respuesta, su vida acababa de cambiar.
Porque ya no se trataba únicamente de rumores, celos o de una prometida que quería apartarla.
Se trataba de su familia.De su pasado.
Y de un hombre en quien empezaba a confiar, pero que quizá había tenido motivos para acercarse a ella desde el principio.