Bajo el cielo de Madrid
Camila viaja a España con su pequeña hija buscando una nueva oportunidad. Lo que nunca imaginó era que su vida cambiaría al conocer a Nicolás Ferrer, uno de los futbolistas más importantes del mundo.
Él lo tiene todo... excepto paz. Ella solo busca empezar de nuevo. Pero cuando el destino insiste en cruzar sus caminos, ambos deberán decidir si están dispuestos a arriesgarlo todo por un amor que nunca debió existir.
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Sonrisas en el Parque del Retiro
Capítulo 24: Sonrisas en el Parque del Retiro
La tarde en el Parque del Retiro parecía transcurrir con una tranquilidad perfecta. El sol comenzaba a descender lentamente, tiñendo el cielo de tonos anaranjados mientras las familias disfrutaban del fin de semana.
Lola caminaba unos metros delante de Camila y Nicolás, sosteniendo un globo rojo que él le había comprado pocos minutos antes.
—¡Miren! —gritó la pequeña mientras corría hacia un artista callejero que hacía burbujas gigantes.
Camila sonrió al verla tan feliz.
—Hace mucho que no la veía disfrutar así.
Nicolás no apartó la vista de Lola.
—Los chicos tienen esa capacidad... encuentran felicidad en las cosas más simples.
Camila lo miró de reojo.
—¿Siempre te gustaron los niños?
Él sonrió.
—Sí. De chico soñaba con tener una familia grande.
Ella no esperaba esa respuesta.
Por un momento dejó de ver al futbolista famoso y al empresario exitoso. Frente a ella había un hombre sincero, con sueños tan simples como los de cualquier otra persona.
Lola regresó corriendo.
—¡Nico!
—¿Qué pasó?
—¿Me empujás en los columpios?
Nicolás miró a Camila buscando su aprobación.
Ella sonrió.
—Andá. Se nota que no se va a rendir hasta convencerte.
—Eso ya lo entendí.
Los dos comenzaron a caminar hacia la zona de juegos.
Camila los observó desde un banco cercano.
Nicolás empujaba el columpio con cuidado mientras Lola reía a carcajadas.
—¡Más alto!
—No muy alto, que tu mamá después me reta.
—¡No lo va a hacer!
Camila soltó una risa.
Hacía mucho tiempo que no se sentía tan en paz.
Después de jugar un largo rato, los tres se sentaron bajo la sombra de un enorme árbol.
Lola, agotada, apoyó la cabeza sobre el hombro de su mamá mientras tomaba agua.
Nicolás rompió el silencio.
—¿Extrañás Argentina?
Camila tardó unos segundos en responder.
—Sí... pero cada vez menos.
—¿Por qué?
Ella miró alrededor.
—Porque Madrid empieza a sentirse como un hogar.
Nicolás sonrió.
—Me alegra escuchar eso.
—Aunque todavía tengo miedo.
Él la observó con atención.
—¿De qué?
—De que todo esto sea pasajero.
—¿El trabajo?
Camila negó con la cabeza.
—Todo.
Nicolás comprendió que no hablaba solo del trabajo.
También hablaba de él.
En ese momento, el celular de Nicolás comenzó a vibrar.
Era Martín.
—¿Sí?
—Nico, te están buscando unos periodistas cerca de la Puerta de Alcalá. Alguien avisó que estabas por la zona.
Nicolás frunció el ceño.
—Entendido. Gracias.
Guardó el teléfono.
Camila notó el cambio en su expresión.
—¿Pasó algo?
—Sí. Parece que la prensa sabe que estoy acá.
Ella sintió un pequeño sobresalto.
—Entonces será mejor que nos vayamos.
—No quiero que los fotógrafos los molesten.
Camila asintió.
Los tres comenzaron a caminar hacia la salida más cercana.
Pero ya era tarde.
A lo lejos comenzaron a escucharse voces.
—¡Nicolás!
—¡Una foto!
—¿Quién es la mujer que lo acompaña?
—¡Nicolás, mirá para acá!
En cuestión de segundos aparecieron varios fotógrafos.
Los flashes comenzaron a iluminar el camino.
Camila se quedó paralizada.
Nunca había vivido una situación semejante.
Instintivamente tomó la mano de Lola.
La pequeña se asustó.
—Mamá...
Nicolás dio un paso al frente para protegerlas.
—Por favor, respeten a la nena.
Pero los periodistas seguían haciendo preguntas.
—¿Es su nueva pareja?
—¿Ella es la mujer que conquistó al futbolista?
Los flashes no se detenían.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
Nicolás la miró.
—Vengan conmigo.
Con una mano abrió paso entre la multitud y con la otra ayudó a Camila y a Lola a avanzar hasta el estacionamiento.
Finalmente lograron subir al automóvil.
Cuando cerró la puerta, el silencio invadió el interior del vehículo.
Lola abrazaba fuerte a su mamá.
—Me dieron miedo.
Camila la besó en la cabeza.
—Ya pasó, mi amor.
Nicolás apretó el volante con impotencia.
—Lo siento mucho.
Camila lo miró.
Sabía que él no tenía la culpa.
Pero también comprendió que estar cerca de Nicolás significaba entrar en un mundo completamente distinto al suyo.
Un mundo donde una tarde tranquila con su hija podía convertirse, de un momento a otro, en la noticia del día.
Mientras el automóvil se alejaba del Parque del Retiro, ninguno imaginaba que entre todos aquellos fotógrafos había una persona sonriendo con satisfacción.
Alba Medina.
Había conseguido exactamente lo que buscaba.
Y esas fotografías serían solo el comienzo.