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Prisionero del amor más oscuro

Prisionero del amor más oscuro

Status: Terminada
Genre:CEO / Posesivo / Maltrato Emocional / Completas
Popularitas:8.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Sofía Marquez

Santiago Reyes tiene veinte años, estudia literatura en la UNAM y no le debe nada a nadie. Hasta que León Villanueva —CEO de uno de los grupos empresariales más poderosos de México— decide que Santiago le pertenece.
Lo que comienza como una seducción imposible de rechazar se transforma en una pesadilla: una mansión cerrada con llave, cámaras en cada esquina y un hombre que dice "te amo" mientras le quita la libertad.
Santiago intenta escapar. Una vez. Dos. Tres. Cuatro. Cinco.
Cada intento fracasa. Cada castigo es peor que el anterior. Pero Santiago no se rinde.
Hasta que un día, León abre la puerta.
Y Santiago descubre que lo más aterrador no es estar encerrado con un monstruo.
Es darse cuenta de que el monstruo ha aprendido a amarte de verdad.

NovelToon tiene autorización de Sofía Marquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Capítulo 24: Regreso al campus

León tardó doce segundos en responder.

Santiago los contó. Uno por cada impulso que tuvo que tragarse: decir que era peligroso, que era pronto, que Diego haría preguntas, que la universidad estaba llena de ojos. León no dijo nada de eso. Miró hacia la salida de Chapultepec, luego a la bolsa de la UNAM que ya se había perdido entre la gente.

—Mañana —dijo al fin—. Si todavía quieres.

—Voy a querer.

—Entonces vamos.

Santiago levantó la ceja.

—No. Voy.

León entendió el golpe antes de que terminara de caer.

—Te llevo y me quedo afuera.

—Don Rafael me deja en una entrada. Tú no bajas.

La mandíbula de León se marcó.

—Está bien.

—No me esperas en la puerta de la Facultad.

—Está bien.

—Si Diego me ve contigo, se acabó.

León cerró los ojos un instante.

—Entendido.

Al día siguiente, Santiago eligió la sudadera blanca aunque estaba limpia de más, doblada con demasiado cuidado. Se la puso porque era suya, porque la había usado antes de Pedregal, porque Diego la reconocería. En el bolsillo metió el celular, la llave y una copia de su credencial universitaria que Don Tomás había encontrado en sus cosas.

La camioneta lo dejó cerca de Ciudad Universitaria, no frente a la Facultad de Filosofía y Letras. Santiago lo pidió así.

—Aquí está bien.

Don Rafael estacionó sin bloquear la banqueta.

León iba en el asiento trasero, al otro extremo, con las manos sobre las rodillas.

—Te espero donde digas —dijo.

—No me esperes donde yo pueda verte.

León tragó saliva.

—De acuerdo.

Santiago abrió la puerta.

Antes de bajar, León habló otra vez:

—¿Puedo pedirte algo?

Santiago no se movió.

—Pedir. No exigir.

—Mándale tu ubicación a Diego si quieres. O a Mateo. No a mí.

Santiago lo miró. Esa sugerencia, salida de León, sonaba como una puerta abriéndose desde adentro.

—Ya se la mandé a Diego.

León asintió.

—Bien.

Santiago bajó.

La camioneta no avanzó hasta que él cruzó la primera explanada. No lo siguió. No tocó el claxon. No apareció un guardia detrás de un árbol. Santiago caminó con el cuerpo rígido durante los primeros metros, esperando la corrección que no llegó.

Ciudad Universitaria seguía ahí.

El mosaico de la Biblioteca Central brillaba bajo el sol. Las islas tenían estudiantes tirados en el pasto, mochilas abiertas, risas, termos, apuntes subrayados con plumones. Alguien practicaba guitarra en una banca. Dos chavas discutían sobre una lectura de Sor Juana como si el mundo no pudiera acabarse fuera de un salón.

Santiago tuvo que detenerse.

No había sabido cuánto extrañaba el ruido de una vida barata y libre.

El celular vibró.

Diego: "Estoy en Filos. Si esto es otra de tus respuestas raras, te juro que te mato y luego te revivo para volver a matarte."

Mateo: "No lo amenaces por chat. Santi, dime dónde estás."

Santiago escribió: "Voy entrando."

La respuesta de Diego fue inmediata: "NO MAMES."

Diego apareció antes que la Facultad.

Corrió desde la sombra de un árbol con la mochila golpeándole la espalda y la cara desencajada. No frenó a tiempo. Abrió los brazos para abrazarlo.

Santiago retrocedió.

Diego se quedó congelado, los brazos a medio aire.

—No —dijo Santiago, más bajo de lo que quería—. Perdón. No puedo.

La expresión de Diego cambió. La furia no se fue, pero se llenó de miedo.

—¿Qué te hicieron?

—Diego...

—No, no me vengas con "Diego" como si yo fuera el intenso. ¿Dónde chingados estuviste estos meses?

Mateo llegó detrás, sin correr, pero con la respiración pesada. Observó a Santiago de arriba abajo: la cara más delgada, las manos escondidas en la manga, la forma en que mantenía distancia incluso de ellos.

—Eso no fue una gripe —dijo.

Santiago soltó una risa corta.

—Nunca dije que fuera gripe.

—Tampoco dijiste nada —reclamó Diego—. Desapareciste. Tu celular muerto, tus cosas en el cuarto, profesores preguntando, nosotros inventando excusas porque no sabíamos si estabas vivo. Y de pronto me dejas un mensaje de voz diciendo Pedregal y un doctor. ¿Qué se supone que haga con eso?

Santiago miró alrededor. Había demasiada gente. Demasiadas orejas. Demasiado sol para hablar del sótano.

—No aquí.

Diego abrió la boca, pero Mateo lo tomó del hombro.

—En la jardinera de atrás. Hay menos gente.

Caminaron juntos sin tocarse. Diego iba a la izquierda, Mateo a la derecha, dejando un espacio raro, cuidadoso, como si Santiago se hubiera vuelto de vidrio. Eso le dolió de una manera distinta.

Se sentaron cerca de la Facultad. Santiago eligió el extremo de la banca.

Diego no aguantó ni tres segundos.

—Habla.

—Tuve problemas.

—Qué específico, gracias. Con eso ya me gradué de detective.

—Diego.

—No. Tú me mandaste una ubicación en Pedregal y luego "mañana te llamo". ¿Sabes qué pensé? Pensé que estabas secuestrado, güey. Luego pensé que estaba exagerando. Luego volví a pensar que estabas secuestrado porque no contestabas.

Santiago apretó las manos dentro de las mangas.

Mateo bajó la voz.

—¿Estabas con León Villanueva?

El nombre hizo que Diego girara la cabeza.

—¿El de la camioneta? ¿El de la tarjeta? ¿Ese cabrón?

Santiago sintió que el campus se inclinaba bajo sus pies.

—Estoy resolviendo cosas con él.

Diego se puso de pie.

—¿Resolviendo? ¿Qué eres, trámite?

—Baja la voz.

—¡Me importa un carajo la voz!

Santiago se tensó.

Mateo lo notó y habló antes de que Diego siguiera.

—Si no puedes decirlo completo, di al menos si estás en peligro ahora.

La pregunta era sencilla. La respuesta no.

Santiago pensó en la puerta abierta, la llave en su bolsillo, León quedándose dentro de la camioneta, Don Rafael prometiendo obedecerle a él.

—Ahora no —dijo.

Diego soltó una grosería entre dientes.

—Eso no contesta lo de antes.

—No puedo contestar lo de antes hoy.

—¿Por él?

—Por mí.

Esa parte sí era verdad.

Mateo sostuvo la mirada de Santiago durante un largo segundo.

—¿Vas a volver a clases?

El cambio de tema fue una cuerda lanzada. Santiago la tomó.

—Quiero. Perdí demasiado. Necesito hablar con coordinación, ver qué materias puedo rescatar, cuáles doy de baja, qué extraordinarios todavía existen.

Diego se pasó las manos por el pelo.

—¿Estás hablando en serio de trámites ahorita?

—Sí.

—Santi, casi nos vuelves locos.

—Lo sé.

—No, no lo sabes.

Santiago levantó la vista. La voz le salió firme, aunque la garganta le dolía.

—Sí lo sé. Y por eso estoy aquí.

Diego se quedó sin respuesta por primera vez.

Mateo asintió despacio.

—Entonces vamos a coordinación.

—No tienen que—

—Sí tenemos —lo cortó Diego—. Y no como tus niñeras. Como tus amigos, aunque estés actuando como un completo imbécil misterioso.

Santiago casi sonrió. Casi.

Entraron a la Facultad juntos. Los pasillos olían a copias, café y humedad vieja. Santiago habló con una secretaria que lo miró por encima de los lentes, revisó su número de cuenta y le explicó opciones: justificar ausencias no sería sencillo, pero podía solicitar regularización, hablar con profesores, rescatar dos materias y presentar extraordinarios.

No era una solución mágica.

Era un camino.

Cuando salieron, Diego ya tenía una lista en el celular.

—Mañana vienes otra vez —decretó—. Yo te acompaño.

—No sé si pueda mañana.

Diego lo miró con los ojos entrecerrados.

—¿Él decide?

Santiago pensó en León esperando lejos, sin entrar.

—No.

—Entonces vienes.

Mateo guardó el comprobante de coordinación en una carpeta.

—Y hoy comes algo. Te ves fatal.

—Gracias.

—No era cumplido.

El celular de Santiago vibró. Era Don Rafael: "Joven, estoy a dos calles. Sin prisa."

No era León.

Aun así, el mensaje le recordó que la camioneta seguía fuera de la universidad, y que su vida no había regresado limpia al punto anterior. Diego vio la pantalla antes de que Santiago la bloqueara.

—¿Quién es Rafael?

Santiago guardó el teléfono.

—El conductor.

—¿De quién?

No contestó.

Diego entendió demasiado.

La tarde cayó sobre Ciudad Universitaria con una luz dorada que volvía hermosos hasta los muros manchados. Santiago miró a sus amigos, luego hacia la salida donde lo esperaba la otra mitad de su vida.

Había recuperado el campus.

Pero para conservarlo, tendría que mentirles a los dos lados.

1
LUANA
excelente
AralckShaira
Ay se me salen las lagrmitas solas😭😭😭😭
AralckShaira
Ufff que frases tan brillantes
AralckShaira
Ay caramba lloreee😭😭
AralckShaira
Para mí es una historia muy bien contada, fresca, distinta con un tema relativamente normal pero que talvez no se cuenta así, como lo está contando la artista de la pluma, excelente trabajo
AralckShaira
Está historia no me gusta.... Me fascina
AralckShaira
Que historia!!!!!
AralckShaira
Uffff estoy reconectada, me superencanta
AralckShaira
Estoy enamorada 🤭
AralckShaira
Un cliché muy bien presentado
AralckShaira
Excelente
AralckShaira
Me gusta te estilo, prome tu historia 🥰
Amy Katin
😭 pobre de Santiago, espero que pueda volver a sentirse vivo.
AralckShaira: El ser humano es otra cosa
total 1 replies
ISABELRUIZDIAZ[BETA]😈🖤
Buenos días Te quería decir que ahora encontré tu trabajo y este capítulo me lo voy a guardar para leer más tarde no te frustres ni te enojes Si es que todavía no consigues apoyo en esta aplicación pero en cualquier momento tu historia va a ser descubierto y vas a conseguir muchos seguidores así que por favor si quieres seguir publicando más capítulos si es que se puede está muy buena por lo que veo y nada Gracias esperemos más de tus ingeniosas ideas Saludos a usted😈
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