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Destino Póstumo

Destino Póstumo

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Traiciones y engaños / Omegaverse
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Marcela Salazar S.

Carlos sortea con re descubrir el amor, luego de haber sido casi desmoronando al ser repudiado por su pareja. el destino toca a su puerta nuevamente, lo dejará entrar ?

NovelToon tiene autorización de Marcela Salazar S. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sabor a ...

Carlos abrió con delicadeza la pequeña caja. Dentro, un postre de tiramisú. Lo tomó por sorpresa.

—¿Cómo supiste que era mi favorito? —preguntó, levantando la vista hacia Darío.

—No lo sabía —admitió Darío, encogiéndose de hombros—. Fue suerte. O intuición. Tú decides.

Carlos no respondió. Pero algo en su pecho se movió. Intuición. Como si ese Alfa pudiera adivinar cosas de él sin conocerlo.

Dentro de la caja venía una cucharita pequeña, de madera, de esas que usan en las pastelerías finas. Carlos la tomó. Hundió la cuchara en la crema del tiramisú. Llevó el primer bocado a su boca.

Cerró los ojos un segundo. El sabor era perfecto. Café, mascarpone, un toque de cacao amargo. Y algo más. Algo que no sabía identificar. Una suavidad. Una calidez.

—Está bueno —dijo, y no fue un cumplido cortés. Fue verdad.

Entre bocado y sorbo de café, comenzó a charlar un poco con Darío. Menos mordaz que de costumbre. Menos espinas. Como si el postre hubiera ablandado algo más que su estómago.

—Tu hermano —dijo Carlos, con la cuchara en el aire—. El que es fanático de esa pastelería. ¿Cómo se llama?

Darío sonrió. No esa sonrisa de medio lado, pícara, que usaba para desarmar. Una sonrisa más suave. Más verdadera.

—Se llama Nicolás. Pero todos le dicen Nico. Tiene quince años. Es Omega.

—¿Y cómo es él?

Darío se recostó en la silla. Sus ojos se fueron a algún lugar lejano, dentro de su cabeza.

—Es tímido. Muy tímido. Le cuesta hablar con gente nueva. Pero cuando confía en alguien, no para de hablar. Le encanta el arte. Dibuja todo el tiempo. Y cocina. Mi madre dice que cocina mejor que ella, pero no se lo digas nunca.

Carlos sonrió. Una sonrisa pequeña, pero real.

—Suena a buen chico.

—Lo es —dijo Darío, y su voz se llenó de orgullo—. Es lo mejor que tengo. Después de mi madre, claro.

Hubo una pausa. Carlos dio otro bocado. Masticó despacio. Tragó.

—¿Y antes de nosotras? —preguntó Carlos, con un tono que intentaba sonar casual—. ¿Quién era lo mejor que tenías?

Darío lo miró. La pregunta era peligrosa. Podía responder "nadie". Podía responder "yo mismo". Pero algo en la forma en que Carlos había preguntado, con esa curiosidad disimulada, le hizo querer decir la verdad.

—Nadie —respondió—. Era solo yo. Y no era suficiente.

Carlos bajó la vista. Dio otro sorbo de café. No supo qué responder a eso.

Mientras más bocados comía, se dio cuenta de algo. En el sabor del postre podía sentir un leve sabor o esencia a maracuyá. No sabía de dónde venía. El tiramisú no llevaba maracuyá. Eso lo sabía bien. Era su postre favorito. Lo había comido cientos de veces.

Pero este tenía algo distinto.

Algo dulce. Algo ácido. Algo que le hacía cosquillas en la lengua y en el pecho al mismo tiempo.

El mismo cosquilleo que sentía cuando Darío se acercaba demasiado.

Lo miró. Darío estaba en silencio, con la barbilla apoyada en una mano, observándolo comer. Sus ojos verdes brillaban con la luz tenue de la cocina.

—¿Qué le pusiste a esto? —preguntó Carlos, señalando el postre con la cuchara.

—Nada —respondió Darío, arqueando una ceja—. Lo compré así.

—Sabe a... —Carlos dudó. No quería decirlo. Sonaba ridículo. Un postre que sabía a feromonas. —A algo que no sé identificar.

Darío inclinó la cabeza. Lo miró con más atención.

—¿Te gusta?

—Sí —admitió Carlos—. Me hace sentir... cómodo. Relajado. En paz.

No dijo que le recordaba a las noches en la funeraria, a las visitas inesperadas, a ese Alfa que aparecía sin avisar y se quedaba más tiempo del necesario. No dijo que le recordaba a él.

Pero Darío lo supo.

Lo supo por la forma en que Carlos bajó la mirada. Por la forma en que sus dedos se enrollaron alrededor de la taza de café. Por la forma en que su respiración se hizo más lenta, más profunda, como si estuviera respirando algo que no quería soltar.

El maracuyá, pensó Darío. Lo está sintiendo.

Pero no dijo nada. Solo sonrió. Esa sonrisa de medio lado. El hoyuelo en la mejilla.

—Me alegra que te guste —dijo—. La próxima vez te traigo otro.

Carlos levantó la vista.

—¿Próxima vez?

—Sí —respondió Darío, como si fuera lo más natural del mundo—. Próxima vez.

Carlos no dijo que no. No dijo que se fuera. No dijo nada.

Solo dio otro bocado de tiramisú.

---

Una figura se movía en la oscuridad acomodando cosas en una casa destartalada de algún barrio marginado, en dónde nadie ve nada, nadie escucha nada . El escenario perfecto. El montaje que le gusta poner.

Le encanta como acomoda el cuerpo de su víctima. Como mostrando un trofeo. El ver la desesperación en sus ojos en los últimos momentos y cómo se esfuma la vida de ellos en sus manos. Cuánto placer. Logra más orgasmos que en el sexo.

Sabe que está dañado.

Pero es culpa de ese maldito que lo ha vuelto así.

Cómo lo odia.

El día que lo mate a él... se lo imagina y cuenta los días para que su plan se lleve a cabo. Cada amanecer es un paso más cerca. Cada atardecer es un recordatorio de que aún no es suficiente.

Mientras tanto, acomoda a esta pequeña. De nuevo en la silla. Quiere dejarla cómoda mientras espera a que la encuentren.

—Lástima que ya está muerta —dice en voz alta, y su risa rebota en las paredes vacías—. Ja.

La pequeña es una Omega. No más de diecisiete años. Su rostro todavía conserva una expresión de terror, congelada para siempre. El asesino le acaricia el cabello con una suavidad que duele solo de verla. Como si fuera un padre despidiendo a una hija. Como si fuera un amante despidiendo a su amor.

Pero no es nada de eso.

Es un monstruo.

Con el escenario puesto, se marcha. Sus pasos son silenciosos sobre el piso de tierra. La puerta cruje al abrirse. La noche lo recibe con un aire frío que no siente.

Se detiene un momento. Mira hacia atrás. La casa destartalada parece un esqueleto en medio del terreno baldío.

—¿Cuántos días tardarán en encontrar mi nueva obra? —se pregunta—. Tal vez uno o dos días.

Sonríe. Una sonrisa torcida, de esas que no llegan a los ojos.

—Últimamente son muy rápidos.

Saca un paquete de cigarrillos del bolsillo. Enciende uno. El humo se eleva en espiral hacia el cielo negro.

Inhalo. Exhalo.

—Cuántas ansias —susurra.

Y se pierde en la oscuridad.

---

Vuelta a la cocina

Carlos terminó el postre. La caja blanca estaba vacía, solo quedaban algunas migas de cacao en el fondo. Dejó la cucharita de madera sobre la mesa y tomó su taza de café, ya casi fría.

—Estaba bueno —dijo otra vez, como si necesitara repetirlo para convencerse de que no era un sueño.

Darío sonrió. Esa sonrisa de medio lado. El hoyuelo.

—Te dije.

—No dijiste nada. Solo lo pusiste enfrente de mí.

—Eso es una forma de decir.

Carlos negó con la cabeza. Pero no con fastidio. Con algo más parecido a la resignación. Como si aceptara que este Alfa era así. Irrumpía sin avisar, se quedaba sin permiso, y encima le adivinaba el postre favorito.

—¿Por qué viniste? —preguntó Carlos, dejando la taza sobre la mesa—. En serio. No viniste solo por el informe. Eso ya lo tenías.

Darío lo miró. Podía mentir. Podía decir que pasaba por casualidad. Podía decir que Gabriel lo había llamado (eso era verdad, pero no podía decirlo sin delatar al auxiliar). Podía decir muchas cosas.

Pero no quiso.

—Me preocupaba —dijo—. La última vez que te vi, estabas pálido. Con dolor de cabeza. Y hoy... —señaló la caja vacía—. Hoy quería asegurarme de que estuvieras bien.

Carlos lo miró. Sus ojos, cansados, marcados por las ojeras, se encontraron con los de Darío. Verdes como esmeraldas colombianas. Brillando en la penumbra de la cocina.

—No necesito que nadie se preocupe por mí —dijo Carlos. Pero su voz no tenía la fuerza de otras veces.

—Lo sé —respondió Darío—. Pero me preocupo igual.

El silencio se instaló entre ellos. Pero no fue incómodo. Fue un silencio tibio. Como el abrigo que uno no sabía que necesitaba.

Carlos apartó la mirada. Miró la ventana de la cocina. Afuera, la noche seguía su curso. La ciudad seguía viva. O fingiendo estarlo.

—Deberías irte —dijo Carlos—. Ya es tarde.

—Sí —dijo Darío. Pero no se movió.

—Dario.

—Carlos.

El nombre sonó distinto en sus labios. Más suave. Más íntimo. Como si lo estuviera guardando para él solo.

Carlos sintió un escalofrío. No de frío. De otra cosa.

—Vete —repitió, pero esta vez su voz tembló un poco.

Darío se puso de pie. Deslizó la silla hacia atrás. Dio unos pasos hacia la puerta. Antes de salir, se detuvo.

—¿Puedo volver? —preguntó. Sin vueltas. Sin excusas. Directo.

Carlos tardó en responder. Un segundo. Dos. Tres.

—No tengo tiempo para visitas.

—Eso no es un no.

—Es un "depende".

—¿De qué?

Carlos levantó la vista. Lo miró. Y otra vez, esa sensación. El cosquilleo en el pecho. El olor a cedro y pimienta. Y algo más. Algo dulce. Algo ácido. Algo que ya había sentido en el postre.

—Depende de si la próxima vez traes otro tiramisú —dijo Carlos.

Y esta vez, la sonrisa no fue pequeña. Fue una sonrisa completa. Cansada, sí. Pero real.

Darío se quedó un segundo congelado. Luego soltó una risa corta. Una sola. "Ha".

—Trato hecho —dijo.

Y se fue.

Sus pasos se perdieron por el pasillo. La puerta de la funeraria se abrió y se cerró. El motor de la camioneta arrancó. Luego, el silencio.

Carlos se quedó solo en la cocina. Con la caja vacía. Con la taza fría. Con el sabor a maracuyá todavía en la lengua.

—Mierda —susurró.

Pero no lo dijo con rabia.

Lo dijo con algo que no sabía nombrar.

1
Maru19 Sevilla
Para mí que la abuela es mala
Maru19 Sevilla
Oohhh😱 otra encrucijada 👏👏👏
Marcela Salazar S.
muy bien libro, lo recomiendo totalmente
Maru Sevilla
Espero que tengan una buena vida pronto 🥰
Marcela Salazar S.: claro q si. pero no sé q tan pronto 😋🤭
total 1 replies
Maru Sevilla
Que buenos personajes 🥰🥰🥰🥰
Maru19 Sevilla
Bravo!!!! Así se hace, arriba el Omega!!!👏👏👏👏
Marcela Salazar S.: el es alguien fuerte. ya lo demostró. ahora se viene el almorsh
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Hay no!!!!😭
Maru19 Sevilla
Que terror 😱
Maru19 Sevilla
Madres!!! de dónde salió este loco?
la potaxia 63
🥰🥰🥰
Marcela Salazar S.: gracias por el apoyo a la novela, espero te esté gustando 🥰
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Me quedo con el Jesús en la boca!!!!! Por favor que lo encuentren rápido 😭
Maru19 Sevilla
Que giro de la historia /Panic/
Maru19 Sevilla
Que mala noticia, de tu percance😭😭😭 cuídate mucho autora, lo primero siempre serás tú, gracias por tu información, esperaré tu pronta recuperación 🥰🥰🥰🥰 Mejórate pronto ❤️❤️❤️❤️
Maru19 Sevilla
Muy bonita novela , ojalá ya atrapen al maldito Esteban/Left Bah!/
Maru19 Sevilla
Pero Gabriel no cerró la puerta /Facepalm/
Maru Sevilla
Bravo por Gabriel 👏👏👏👏
Maru Sevilla
Que bueno!!! ya era hora una mano amiga
Maru Sevilla
Que buena historia!!! Más capítulos autora por favor 👏👏👏👏
Maru Sevilla
Maldito enfermo!! Que ganas de horcarlo
Maru Sevilla
Que mala suerte que ahí estuviera el maldito 😭
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