Por el error de un angel, morí. reencarne y soy la mejor amiga de la protagonista.
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Capitulo 19: Yo dirijo mi destino.
Mary abrió los ojos despacio, no de golpe, como si su cuerpo todavía estuviera decidiendo si debía despertar o seguir en ese estado en el que todo parecía más simple, lo primero que notó fue la suavidad bajo su espalda, una cama amplia, giró apenas el rostro y vio el techo alto, decorado con detalles finos, demasiado cuidados para ser una habitación común, y entonces entendió que no estaba donde recordaba.
Se incorporó con lentitud, su cuerpo no estaba herido, pero sí pesado, como si hubiera perdido energía, miró sus manos, luego la habitación, las cortinas gruesas, los muebles bien colocados, todo en su sitio.
—No es la panadería.
Su voz salió baja, todavía ajustándose a la realidad.
La puerta se abrió sin prisa.
Mary levantó la mirada.
El hombre que entró no parecía sorprendido de verla despierta, llevaba una bandeja en las manos, cerró la puerta con el pie sin dejar de sostener la bandeja y avanzó hasta una mesa cercana a la cama.
—Despertaste —dijo, su voz tranquila, sin exagerar la situación.
Mary lo observó con atención.
—Duque Adrien.... ¿Dónde estoy?
—En mi casa —respondió él, dejando la bandeja sobre la mesa—. La residencia que está casi cerca del palacio.
Mary parpadeó una vez, procesando, su mente volvió al último recuerdo claro.
—La carretera…
El duque asintió.
—Te encontré inconsciente —añadió—. Junto a tu caballo.
Mary se tensó apenas.
—¿El caballo?
—Está vivo —respondió sin demora—. En el establo, bien cuidado.
Mary soltó el aire lentamente, ese detalle le dio una calma breve, suficiente para seguir.
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
—No demasiado —respondió—. Aunque me parecía extraño encontrarte por ahí.
Mary asintió leve, luego apartó la mirada un segundo, organizando qué decir.
—Estaba… llevando un encargo —dijo finalmente—. A la princesa consorte.
No lo miró al decirlo.
El duque no respondió de inmediato, su atención estaba en ella, en la forma en que evitó el contacto visual, en la pausa antes de hablar.
—Eso no explica por qué terminaste en la carretera sin sentido —dijo con calma.
Mary cerró los ojos un segundo, no para evitar la conversación, sino porque los recuerdos llegaron claros, demasiado claros, el cielo, el ángel, las palabras, la advertencia, y cuando volvió a abrirlos, su expresión ya no era la misma de antes.
El duque lo notó.
—Ya lo sabes —dijo, sin formularlo como pregunta—. Que tu amiga no es quien crees que es.
Mary lo miró, directamente esta vez.
Por un segundo dudó, no por desconfianza, sino porque era la primera vez que tenía que decidir si decir la verdad completa.
—Sí —respondió al final—. Ya lo sé.
No hizo falta más.
El duque asintió una vez, como si confirmara algo que llevaba tiempo esperando.
—Entonces entiendes por qué estás en peligro.
Mary no apartó la mirada.
—Sí.
Hubo un silencio breve, pero no incómodo, era más bien de ajuste, de dos personas que ahora estaban en el mismo punto de información.
Mary lo observó mejor ahora, su postura, su forma de hablar, la ausencia de urgencia innecesaria.
—¿Cómo lo supo? —preguntó.
El duque no respondió con palabras al instante, llevó una mano a su cuello y se quitó un collar sencillo, sin adornos excesivos, pero con una presencia particular, lo sostuvo entre los dedos antes de extenderlo ligeramente hacia ella.
—Esto —dijo—. Me protege de la magia.
Mary lo miró con atención.
—¿De toda?
—De la mayoría —respondió—. Lo suficiente para notar cuando alguien intenta influir en mí o en otros cerca.
Mary frunció apenas el ceño.
—Entonces… ¿sabía de Isabella?
—Desde el inicio —respondió—. No lo ocultó bien, o tal vez no le importó ocultarlo conmigo.
Mary procesó eso.
—¿Y Terence?
El duque negó suavemente.
—Con él no estaba seguro.
—Pero sospechaba.
—Sí.
—¿Por qué?
El duque no dudó.
—Porque su presencia no encajaba. Llegó hace dos años como si nada. Pero todo el mundo lo veía como alguien más de aquí.
Mary lo miró con atención.
Mary sintió un leve cambio en su pecho al escuchar eso.
—Le dije al príncipe que era un error casarse con ella —continuó el duque—. No porque ella sea el problema principal, sino porque esa unión crea una puerta que otros pueden usar.
Mary lo escuchaba sin interrumpir.
—Pero el príncipe no escucha —añadió—. Está demasiado involucrado con esa magia.
Mary entendió lo que realmente quería decir.
—Está influenciado.
—Sí.
Mary se quedó en silencio unos segundos, absorbiendo cada pieza.
—¿Por qué me está diciendo todo esto?
El duque la observó con atención, no había duda en su expresión.
—Porque necesitas saberlo.
Mary no quedó satisfecha con esa respuesta.
—No —dijo—. Eso no es suficiente. ¿Por qué confía en mí?
El duque no respondió de inmediato, se tomó un segundo, no para inventar algo, sino para decirlo con claridad.
—Porque eres diferente. Y esta joya familiar que tengo, me permite saberlo. Además tu mirada. Tu forma de responder. No eres como ellos.
Mary sostuvo su mirada.
—Eso no prueba nada.
—No —admitió—. Pero es más de lo que tengo con otros.
Mary cruzó los brazos.
—Podría estar fingiendo.
—Podrías —respondió sin dudar—. Pero no lo estás.
Mary lo observó en silencio. Luego se movió en la cama, acercándose un poco más al borde, sin levantarse del todo, su cuerpo aún necesitaba estabilidad, pero su intención era clara, estiró las manos hacia él y tomó las suyas, no con debilidad, sino con firmeza.
El duque no se apartó.
—Ayúdame a detenerlo. A Terence.
No fue una súplica, fue una petición directa, consciente.
El duque la observó sin retirar las manos.
—Eso implica enfrentarlo directamente.
—Implica poner en riesgo al príncipe.
—También lo sé.
—Y a Isabella.
Mary apretó un poco más sus manos.
—Ella también está en riesgo ahora.
El duque sostuvo su mirada.
—¿Y tú?
Mary no dudó.
—Eso no importa.
El duque negó suavemente.
—A mi me importa si vas a estar en el centro de esto.
Mary mantuvo la firmeza.
—Entonces dígame si va a ayudarme o no.
No hubo presión en su tono, pero sí decisión.
El duque guardó silencio un segundo más, evaluando no solo sus palabras, sino su postura, su mirada, su forma de sostener la situación.
—Sí —respondió finalmente—. Voy a ayudarte. Ambos tenemos los mismos objetivos ahora.
Mary no soltó sus manos de inmediato.
—Entonces necesitamos un plan.
—Lo tendremos —dijo él—. Pero primero necesitas recuperarte.
Mary negó.
—No hay tiempo para eso.
—Si actúas en este estado, empeoraras.
Mary sostuvo su mirada.
—Soy fuerte, yo puedo.
El duque no sonrió, pero hubo un leve cambio en su expresión, uno que indicaba respeto.
—Primero —dijo Mary —. Regresaré a la panadería. Necesito dejar algunas cosas en orden.
—Y luego...
—Confirmaremos hasta dónde llega su influencia. Si separó a Yuyu de Terence ella sabrá que clase de hermano tiene.
—Esta bien. Te dejaré para que comas.
Al irse el duque, Mary quedó con la sensación diferente. Ya no lo sentía distante. No con desconfianza. Apretó la sábana por el simple hecho de sentirse manipuladas por Terence.
Al cabo de media hora. Mary es dirigida por un sirviente a un establo. Adrien estaba ahí acariciando el caballo de Mary.
—Esta bien cuidado.—dijo el duque—Te llevará a tu destino.
—Se lo agradezco, duque.
Él sonrió apenas.
—Ya te dije. Puedes decirme Adrien. Te espero cuando esté lista.
Mary asintió. Ya no será manipulada por nadie más. Solo ella dirigirá su destino.
Esta vivo, sin magia, no fue un castigo como se lo esperaba, o tal vez perder su magia para él si lo sea.
La vida de Mary dio un giro que no se esperaba, pero en el proceso encontró el verdadero amor, Adrien es un buen hombre 😍😍😍
Adam dio a entender qué quiere algo con Yuyu, más adelante cuando todo se estabilice y las heridas sanen. /Whimper/ Mary prometió ir a trabajar a la panadería, cambio pan por joyas, pobre panadero se quedo sin su empleada loquilla /Grievance/