Séptimo libro de la Dinastía Lobo.
Alessandro juró no enamorarse jamás. Arabella juró vengarse al precio que sea. Pero cuando sus caminos se cruzan, el odio y el deseo se vuelven imposibles de distinguir. Ella fue entrenada para seducirlo y destruirlo; él, para no caer en las trampas del corazón. Sin embargo, un roce, una mirada y un secreto bastan para encender una pasión tan peligrosa como inevitable. Entre mentiras, fuego y traiciones, Alessandro y Arabella descubrirán que algunos destinos no pueden evitarse... y que hay amores que se sienten como una herida abierta imposible de cerrar.
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Encanto.
Arabella🌷
Sigo vestida de negro. No porque alguien me obligue. Sino porque el luto no se me ha ido del pecho.
Braulio no quería que Dency viniera con nosotros.
—Esto no es un paseo, Arabella —me dijo con el ceño fruncido—. Es algo serio y... Peligroso.
Me planté frente a él.
—Entonces es más razón para que no vaya sola.
—Dency no pertenece a esto.
—Yo tampoco pertenecía… y aquí estoy.
Hizo silencio por segundos que parecieron horas.
Lo miré fijo.
—No voy sin ella. Ya dejé todo lo demás, pero a ella no y ella quiere venir conmigo.
Mi voz no tembló. Al final, aceptó sin muchos ánimos. Aunque nos advirtió que cualquier consecuencia iba por sobre nuestras cabezas.
...
Antes de partir, voy al cementerio.
Dency camina a mi lado en silencio, pero es un silencio que reconforta y acompaña.
El lugar está cubierto por una neblina ligera. El césped húmedo. Las lápidas alineadas como soldados caídos. Algunas nuevas, brillantes. Otras antiguas, desgastadas por el tiempo.
El viento mueve las flores frescas que alguien dejó sobre la tumba de Lorenzo, de seguro fue su madre o su hermana Lorena.
Su nombre grabado en cemento blanco me atraviesa.
Me arrodillo y paso la mano sobre las letras.
—No me despedí —susurro.
El aire huele a tierra mojada.
—Te juro que no fue en vano. Te juro que te vengaré.
No lloro. Pero siento el vacío.
Extraño su sonrisa despreocupada. Sus manos torpes cuando se ponía nervioso. Sus ojos cuando me miraban como si yo fuera suficiente.
—Voy a vengarte —juro otra vez.
Aprieto la mandíbula.
—Te lo prometo.
Dency me toca el hombro.
—Ara…
Me pongo de pie.
—Fue Maximiliano Lobo o uno de sus perros, pero él es el verdadero culpable.
El nombre me sabe amargo.
Odio a ese hombre sin haberlo visto nunca.
...
Esa misma noche, en el apartamento, buscamos su nombre en internet.
Nada.
Ni una foto clara. Ni una empresa. Ni una noticia sólida. Es como si no existiera.
—Qué raro, vale… —dice Dency frunciendo el ceño—. Un tipo que manda a matar gente debería dejar rastro, ¿no?
—Braulio tiene contactos —respondo rápido—. Él no necesita Google.
Dency me mira con una expresión que no sé interpretar.
—Sí… pero consiguió esa información demasiado rápido, ¿no crees?
—Confía, yo confío ciegamente en mi hermano. El no me mentiría.
Mi tono es más firme de lo que me siento.
Ella suspira.
—Está bien. Pero yo voy a seguir con los ojos abiertos.
...
Esa tarde empacamos poco.
Ropa funcional. Zapatos cómodos. Algo elegante. Lo justo.
Braulio llega con dos sobres.
—Sus pasaportes. Boletos.
Los tomo.
—¿Tú no viajas con nosotras? —le pregunto.
—No.
—¿Por qué? —vuelvo a preguntar.
Evade mi mirada.
—Es mejor así, Luce.
—¿Mejor para quién?
—Para los dos. Mejor para todos —no me gusta la respuesta —En Nueva York no seremos hermanos.
El aire se espesa.
—¿Qué?
—No viviremos juntos. No nos veremos seguido. No públicamente.
—Explícate mejor.
—Es por seguridad.
No insiste. No detalla, él solo ordena.
—Trabajarán en un club. Como bailarinas. Es algo temporal.
Dency arquea una ceja.
—¿Un club de qué tipo, pues?
—De entretenimiento nocturno.
Entendemos.
—Solo bailarán. Nada más —añade—. Hasta que llegue el momento.
Lo miro.
—No venderé mi cuerpo.
—No es lo que te pido, Ara.
Dency interviene:
—Mira, chamo, nosotras no somos mercancía, ¿estamos claros?
Braulio la sostiene con la mirada.
—Jamás permitiría eso.
Nos mira a ambas.
—No le cuentan a nadie el motivo real. a nadie —extiende su mano —Júrenlo.
Yo también extiendo la mia y la coloco encima de la de él.
Dency también.
—Lo juramos.
...
El vuelo es largo. Incómodo y cansado.
El asiento apenas reclina. Un niño llora varias filas atrás. El aire es seco.
Nueva York nos recibe con frío.
El edificio donde viviremos no es lujoso, pero es decente. Fachada gris. Ascensor antiguo. Pasillos silenciosos.
El apartamento tiene dos habitaciones pequeñas, baño funcional, cocina sencilla, un balcón estrecho y cuarto de lavado.
—Bueno… no es un palacio, pero está chévere —dice Dency dejando su maleta—. Peor es nada.
Asiento mientras me dejo caer en la cama. Cierro los ojos. Veo a Lorenzo sonriendo. Veo su ataúd. Veo las flores blancas. Veo a su familia llorando.
Y vuelvo a abrirlos.
No puedo permitirme nostalgia eterna.
...
Dos días después llega un mensaje de Braulio.
Una dirección. Nada más.
El pago es alto. Demasiado alto para solo bailar.
—Esto está serio, Ara —murmura Dency.
—Lo sé.
El club está en una zona vibrante de la ciudad. Luces neón. Música que vibra desde la entrada.
Entramos y un hombre nos dirige hacia una oficina.
—Buscamos a Lucrecia —digo.
La puerta se abre.
Lucrecia es elegante. Cabello rojo intenso. Labios perfectamente delineados.
Nos observa de arriba abajo.
—Así que ustedes son las nuevas —dice y sonríe —son preciosas —se inclina hacia atrás en su silla —¿Saben bailar? —inquiere.
—Sí —respondemos al unísono.
—Aquí nadie obliga a nada —aclara—. Ustedes bailan. Si después deciden irse con algún cliente, es decisión propia. El club no fuerza a nada que no quieran.
La miro firme.
—No me acostaré con nadie. Vine a bailar.
Dency cruza los brazos.
—Yo tampoco, mi reina. Aquí se viene a mover caderas, no a vender dignidad.
Lucrecia sonríe con diversión.
—Me gustan.
Nos lleva a conocer a las demás.
Siete mujeres.
Cada una con un seudónimo coqueto:
La primera se llama Linda es “Scarlet Kiss”
La segunda, Paola es “Velvet Flame”
La tercera, Brenda es “Midnight Rose”
La cuarta, Penélope es “Silk Temptation”
La quinta, Ellie es “Golden Whisper”
La sexta, Olivia es “Luna Siren”
Y la séptima, Zoe es “Electric Ivy”
Olivia y Zoe también cantan.
Nos muestran los salones. El escenario principal. Los camerinos iluminados con espejos rodeados de bombillas. Vestuarios llenos de lentejuelas y telas diminutas.
—Descanso una vez al mes —explica Lucrecia—. Y puntualidad absoluta.
Nos llevan a un salón privado donde ensayan.
La música empieza.
Las chicas bailan con seguridad, con sensualidad estudiada.
Dency me mira.
—Bueno… toca demostrar.
Nos movemos.
Siento las miradas.
Siento el ritmo.
Siento algo despertando en mí.
Al terminar, hay aplausos suaves.
—Tienes presencia —dice Velvet Flame.
—Y mirada peligrosa —añade Midnight Rose.
—Con tu encanto pondrías a cualquiera a tus pies.
No sonrío. Pero lo registro.
Al regresar al apartamento me dejo caer en el sillón.
Cansada. Pensativa.
Dency se sienta a mi lado.
—No va a estar fácil.
—No.
—Pero tampoco imposible. A nosotras nada nos queda grande, ¿oíste?
La miro.
Recuerdo los halagos.
La forma en que me observaban.
La forma en que mi cuerpo respondía al ritmo.
—Ya sé cómo me llamaré.
—A ver pues.
—Encanto.
Dency sonríe amplia.
—Eso te queda perfecto, chama. Tú no seduces… tú envuelves.
La miro.
—¿Y tú?
Se recuesta, orgullosa.
—Yo voy a ser “Fuego”.
Me río por primera vez en días.
—Te queda.
—Obvio. Yo no entro a un sitio, yo lo prendo.
La observo. Mi mejor amiga. Mi única aliada aquí.
Miro por la ventana.
Nueva York brilla indiferente.
Aquí empieza algo nuevo.
Aquí dejo de ser solo Arabella.
Aquí nace Encanto. Y no sé todavía… Si esta ciudad me hará más fuerte o me terminará de romper, pero no me detendré hasta lograr mis objetivos.
Me hace acordar a su papá con cabo suelto 🤣🤣🤣
Pero Braulio esto es lo que quería cuando se enteré que lo rechazo su hermanita
Ale que esta acostumbrado a tener todos a sus pies ahora tiene un NO de repuesto pero hasta el nombre lo sabe.
Ale esta 🔥🔥🔥🔥🤣
Estas tan ciega con la venganza que no sabes lo que te espera.
Te va enfrentar en un peligro que no tenes idea, le crees todo lo que te dice.