Ella renace en una novela que vio en su vida pasada, hará todo hasta lo imposible por cambiar su destino y no vivir atrás de un hombre que en cualquier oportunidad la traiciona. El interés amoroso de la protagonista en la novela será para ella la Villana no tan Villana…
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24. Hay pruebas…
Resopló antes de voltear a ver al trío peligroso, especialmente a Juliana, quien se esconde detrás de Leo.
—La señorita Juliana obtendrá un memorando en su hoja de vida por herir a un miembro de la empresa —levantó el brazo rojo de Madison.
—Cállate —le digo a Leonardo, que estaba por interrumpir.
—Debo decirle que yo no soy ninguna empleada de esta empresa; soy miembro de la junta directiva, además soy accionista —Guardó silencio un momento.
—Y aquí tu florecita junto con sus amigas no puede andar diciendo que nadie las manda, porque si lo que buscan es que las despida, con gusto lo haré, porque a mí nadie me da órdenes, ¿entendieron? —digo volteando a ver a las del aquelarre.
Estas asienten, cayendo de su nube de superioridad. Leonardo voltea a verme estupefacto por lo que ha oído; claro, nunca en su vida me ha escuchado reclamando algo a los empleados.
—Y antes que digas algo, tengo pruebas —levantó mi teléfono poniendo el audio.
Las del aquelarre palidecen escuchando sus voces; Juliana sale de atrás de Leonardo con la mirada gacha.
Con Madison nos vamos dejando a Leonardo con su florecita; seguro ahorita debe de estar llorando, explicando que ella no ha hecho nada malo.
Al llegar al parque, adornó cada una; subió a su respectivo auto. Madison me sigue de cerca, ya que hoy vamos a cenar en mi apartamento. Al llegar, subimos a mi departamento.
—Parece que Octave y Vanessa tardarán en venir —digo sirviendo dos copas de vino.
—Eso parece —afirma Madison.
—Y bien, ¿por qué dijiste que Juliana anda enamorando a un hombre comprometido? —preguntó tomando asiento.
—Verás, el otro día Leonardo no estaba y yo entré a dejar unos documentos; en eso vi a Juliana sosteniendo una foto de Leo. La puerta estaba entreabierta, la de su oficina. Al acercarme más, escuché cómo decía que era un hombre guapo y millonario, que daría lo que fuera por que él se fijara en ella —cuenta Madison a lujo de detalle.
—Así está enamorada de Leonardo; no la culpo, muchas mujeres lo están —Juego con el vino un momento.
—La cosa no acaba ahí; después de eso, cuando ella está hablando con sus amigas y pasa Leo, lo voltea a ver haciendo ojitos de amor y, si él le dice algo, ya sea lo más mínimo, ella sonríe como boba —dice Madison terminando su vino.
— pues veamos cómo se desarrolla la trama de oficina —sonrió.
—Te imaginas a Leonardo bajar sus estándares —pregunta.
Niego con la cabeza, aunque eso sí sucede en la historia, y espero que ahora no me vayan a fallar porque les tengo algo muy bueno y bien preparado.
—Si quieres darte un baño, ve al segundo cuarto de invitados; está en el pasillo derecho, ahí hay ropa por si necesitas —digo señalando el pasillo que está cerca de la sala.
Mientras que yo subo a mi habitación, que está en el segundo piso, busco la ropa que me pondré, pero antes abro la aplicación donde siempre pido comida y ordenó varias cosas junto con bebidas; hoy no tengo ganas de cocinar, así que tocará comer algo de fuera.
Media hora más tarde ya estoy bañada con ropa limpia y cómoda, me pongo unas zapatillas y salgo a la sala; en eso escucho que alguien toca la puerta. Al abrir, ahí están Vanessa y Octave; cada uno trae unas bolsas llenas de cosas.
—Pasen —digo ayudándoles con unas bolsas.
Las dejo en una de las mesas; ellos toman asiento y yo les sirvo bebidas para que se refresquen mientras esperamos que venga la comida.
—Escuché que hubo una pelea con el aquelarre —pregunta Octave, interesado en el chisme.
—Más una pelea, ellas se están creyendo muy importantes por tener el apoyo de Juliana y ella por tener el apoyo de Leonardo; incluso este me dijo que no molestara a su asistente —dijo tomando asiento junto a ellos.
—Qué loco, no puedo creer que Leonardo esté cayendo en esa clase de juego —dice Octave dejando el vaso a un lado.
—Ni yo, pero ¿qué se puede esperar de alguien así? —respondo. En eso me llega una notificación de que la comida ya ha llegado y que la han dejado en recepción.
Pasan unos diez minutos cuando alguien toca la puerta; al ir a ver, es alguien del hotel quien trae un carrito con todo el pedido. Le agradezco y le doy una propina.
—¿Qué es eso? —pregunta Madison.
—Es la comida —respondo; todos se acercan y comienzan a ordenar las cosas en la mesa.
Después de cenar y descansar un poco, pusimos una película para ver; mientras buscaban la película, yo subí a mi habitación, abrí la maleta de los regalos y saqué las tres cajas previamente preparadas.
Al estar frente a ellos, les entregó a cada uno una caja que tiene su nombre y decorada según sus gustos.
—Y esto —pregunta Octave.
—¿Celebramos algo especial? —pregunta Vanessa.
—Es un pequeño detalle —respondo tomando asiento.
Ellos abren su regalo y gritan de emoción. La primera en abrazarme es Vanessa; de ahí le siguen Madison y Octave.
—Es el mejor regalo que me han dado —sonríe Octave levantando un abrigo negro de peluche.
—No hay de qué —digo sonriendo—. Cada regalo lo preparé con todo el cariño que siento por ellos.
A la mañana siguiente me levanto rápido, ya que tengo una sesión de fotos. Al bajar a la sala, ahí están los chicos listos; Madi y Vane preparan el desayuno, mientras que Octave prepara el jugo y pone los platos.
Desayunamos rápido, ya que cada uno tiene cosas que hacer, mientras que Octave y Maddie se van a la empresa y Vane y nosotros nos vamos a la sección de fotos que tenemos hoy.
Ayer, cuando me negué a ir por los padres de Leonardo, era verdad que tenía una sección de fotos. En la novela original, Ginebra va a recoger a sus suegros, al igual que nunca fue a París, pero ahora soy yo quien vive su vida, así que no la voy a desperdiciar en alguien que no me ayuda.