En una ciudad gris donde la lluvia parece no terminar nunca, dos chicos completamente distintos terminan cruzando caminos en un instituto marcado por el silencio, los rumores y la soledad.
Kai es un joven reservado y rebelde que suele escapar al techo del colegio para tocar su guitarra lejos del ruido del mundo. Detrás de su actitud fría guarda heridas, secretos y una tristeza que casi nadie nota.
Noah, en cambio, parece más tranquilo y observador. Es nuevo, callado y diferente al resto. Desde el primer momento siente que hay algo extraño en Kai… algo roto, pero también auténtico.
Mientras ambos comienzan a acercarse lentamente bajo cielos grises y luces nocturnas de la ciudad, empiezan a ocurrir situaciones inquietantes: sombras observándolos, rincones oscuros del instituto y presencias que parecen seguirlos cuando cae la noche.
Entre música, lluvia, conflictos escolares y emociones que ninguno sabe expresar, Kai y Noah descubrirán que algunas personas llegan a tu vida justo cuando es
NovelToon tiene autorización de Mateo Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La distancia entre nosotros
Después de aquella noche en la azotea, Noah empezó a notar cosas peligrosas:
que buscaba a Kai entre la multitud apenas llegaba al liceo,
que los días pesaban más cuando él no estaba cerca,
y que ya sabía distinguir sus sonrisas falsas de las reales.
Eso último era lo peor.
Porque significaba que estaba empezando a conocerlo de verdad.
Y Noah no sabía qué hacer con eso.
Aquella mañana Montevideo amaneció cubierta por una neblina suave. Las calles todavía estaban húmedas por la lluvia de la noche anterior y el aire frío se filtraba por las ventanas del aula.
Kai todavía no había llegado.
Noah intentó convencerse de que no le importaba.
Duró cinco minutos.
Miró la puerta. Otra vez. Y otra.
—Qué triste te ves esperando a tu novio.
Noah levantó la mirada.
Uno de los chicos del fondo sonreía con burla junto a sus amigos.
Normalmente lo habría ignorado.
Pero hoy estaba demasiado irritado.
—¿Tenés algún problema? —preguntó con frialdad.
El chico soltó una risa.
—Relajate, boludo. Ya ni lo disimulan.
Algunas personas alrededor comenzaron a murmurar otra vez.
Noah apretó la mandíbula.
Odiaba eso.
Odiaba cómo hablaban de Kai como si fuera algo raro.
Como si estuviera mal acercarse a él.
La puerta del aula se abrió antes de que respondiera.
Kai entró apresurado, acomodándose el uniforme.
Apenas vio el ambiente tenso, frunció el ceño.
—¿Qué pasó?
—Nada —respondió Noah demasiado rápido.
El chico del fondo soltó otra risa.
—Tu novio se enoja fácil.
Kai guardó silencio unos segundos.
Después caminó hasta el asiento de Noah y dejó una bebida sobre su mesa.
—Ignóralos.
Su voz sonó tranquila.
Demasiado tranquila.
Eso molestó más a Noah.
—¿Por qué siempre hacés eso?
Kai parpadeó, confundido.
—¿Hacer qué?
—Actuar como si nada te afectara.
El aula quedó en silencio.
Kai bajó apenas la mirada.
Y Noah supo de inmediato que había dicho algo incorrecto.
Algo demasiado personal.
La profesora entró justo en ese momento, rompiendo la tensión.
Las clases comenzaron.
Pero el ambiente entre ellos se sintió extraño el resto de la mañana.
Kai seguía sonriendo.
Seguía hablando con normalidad.
Pero Noah notaba la diferencia.
Sus sonrisas eran más pequeñas.
Más cansadas.
Y eso le dejó un peso horrible en el pecho.
Cuando sonó el recreo, Kai salió del aula antes que los demás.
Noah dudó unos segundos antes de seguirlo.
Lo encontró en las escaleras traseras, mirando el celular con distracción.
—Kai.
Él levantó la mirada.
Sonrió automáticamente.
Una sonrisa que Noah ya reconocía como falsa.
Eso dolió más de lo esperado.
—¿Estás enojado? —preguntó Noah.
Kai guardó el celular lentamente.
—No contigo.
—Entonces conmigo mismo.
Kai soltó una risa sin humor.
Después miró hacia las ventanas cubiertas por la neblina exterior.
—A veces es más fácil fingir que las cosas no duelen.
El pecho de Noah se tensó.
Porque entendía perfectamente esa sensación.
Kai apoyó la espalda contra la pared y cerró los ojos un segundo.
Se veía agotado.
Mucho más de lo normal.
—Si reaccionara a todo lo que dicen… creo que ya me habría roto hace tiempo.
Las palabras golpearon a Noah con fuerza.
Por primera vez entendió cuánto había tenido que soportar Kai solo.
Y cuánto seguía escondiendo detrás de cada sonrisa.
Noah bajó la mirada.
Después dio un paso más cerca.
La distancia entre ambos desapareció casi por completo.
Kai abrió apenas los ojos, sorprendido.
Y entonces Noah habló en voz baja:
—No tenés que fingir conmigo.
Silencio.
El corazón de Kai pareció detenerse un segundo.
Y por primera vez, los músculos de su cara cedieron.
No hubo sonrisa.
No hubo máscara.
Solo Kai, expuesto bajo la neblina.