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CIEN DIAS DE AMOR FORZADO:LA ESPOSA DEL MANGNATE

CIEN DIAS DE AMOR FORZADO:LA ESPOSA DEL MANGNATE

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor prohibido / Romance
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

¿Puede un amor nacido del engaño sobrevivir a la verdad? ¿Podrá la esposa sustituta reclamar el corazón de un hombre que juró nunca volver a amar?

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capitulo 17

Las puertas de la mansión se cerraron tras de nosotros, amortiguando el caos de los flashes y los gritos de la prensa, pero el silencio que quedó en el vestíbulo era mucho más aterrador. Dante no me soltó la mano de inmediato. Sus dedos seguían rodeando mi muñeca con una presión que oscilaba entre la desesperación y el reclamo. Me obligué a respirar, sintiendo cómo el frío de la lluvia que aún empapaba mis hombros se mezclaba con el calor sofocante de su cercanía.

Caminamos hacia su despacho. Arthur nos seguía a una distancia prudencial, con el maletín de Julian en una mano y una expresión de gravedad absoluta. Al entrar, Dante pateó la puerta para cerrarla. El estruendo resonó en mis oídos como un disparo.

Él soltó mi mano y se dirigió directamente al mueble bar. Sus movimientos eran mecánicos, precisos, pero vi cómo el cristal del vaso tintineaba contra la botella de cristal. Se sirvió un whisky doble y se lo bebió de un solo trago antes de girarse para mirarme. No había rastro del hombre que me había abrazado frente a las cámaras. El "Glaciar" estaba de vuelta, reconstruido pieza a pieza en el trayecto de tres metros desde la entrada.

—¿Por qué volviste, Zoe? —Su voz era un susurro gélido que cortaba el aire—. Tenías el dinero. Tenías el billete de tren. Tenías la oportunidad de borrar tu nombre de este desastre y dejar que yo me hundiera solo.

—Ya te lo dije afuera —respondí, tratando de mantener mi voz firme a pesar de que mis piernas se sentían como gelatina—. No iba a dejar que ella ganara. No después de descubrir que mi propia sangre te había vendido.

Dante dejó el vaso vacío sobre el escritorio y se acercó a mí. Cada paso que daba parecía reducir el espacio de la habitación hasta dejarme sin aire. Se detuvo a escasos centímetros, obligándome a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada. Sus ojos grises estaban nublados por una tormenta de emociones que no lograba descifrar: furia, sospecha y algo que se parecía peligrosamente al dolor.

—¿Crees que un par de documentos limpian tu nombre? —me tomó por los hombros, sus dedos hundiéndose en la tela húmeda de mi ropa—. Entraste en mi casa fingiendo ser tu hermana. Dormiste en mi cama mientras planeabas cómo salvar a tu familia de estafadores. Me hiciste creer que... —Se detuvo, su mandíbula apretándose tanto que temí que se rompiera—. Me hiciste bajar la guardia.

—Nunca planeé nada contra ti, Dante. Todo lo que hice fue para pagar las facturas de una mujer que se está muriendo. Sí, te mentí sobre quién era, pero nunca te mentí sobre lo que sentía cuando estábamos en este despacho, o cuando me mirabas en el jardín.

—¡Tus sentimientos son una moneda de cambio! —gritó, sacudiéndome ligeramente—. Tu padre me vendió por dinero, y tú te vendiste por una deuda médica. ¿Cuál es la diferencia? En esta familia de la Vega, ¿alguien hace algo que no sea por contrato?

Le pegué una bofetada. El sonido del impacto fue como un latigazo en el silencio de la oficina. Mi mano ardía, pero mi corazón ardía más.

—La diferencia es que yo regresé para salvarte cuando no tenía nada que ganar y todo que perder —dije, con las lágrimas quemándome los ojos—. Mi padre irá a la cárcel por esos papeles, Dante. He destruido al único hombre que me quedaba como familia para que tú pudieras conservar tu maldito imperio. Si crees que eso es parte de un contrato, entonces eres tan frío y vacío como todos dicen.

Dante no se movió. La marca roja de mis dedos empezaba a florecer en su mejilla pálida. Me miró durante lo que pareció una eternidad, y de repente, la rabia en sus ojos se transformó en algo mucho más oscuro y hambriento. Me agarró por la cintura y me pegó contra la pared de madera, su cuerpo bloqueando cualquier salida.

—Eres una mujer peligrosa, Zoe —susurró contra mis labios—. Eres más peligrosa que Vanessa porque tú me haces querer creer en algo que sé que no existe.

—Entonces no creas —respondí, mi respiración mezclándose con la suya—. Solo mírame. Mira quién está aquí realmente.

Dante me besó. No fue un beso tierno, ni una reconciliación. Fue una colisión de rabia, resentimiento y una necesidad física que nos estaba consumiendo a ambos. Sus manos se enredaron en mi cabello mojado, tirando ligeramente hacia atrás para profundizar el contacto. Yo le respondí con la misma intensidad, clavando mis uñas en sus hombros, tratando de fundirme con él para que el dolor de la traición desapareciera bajo el calor de nuestra piel.

Nos separamos jadeando, nuestras frentes apoyadas una contra la otra. El aire en el despacho estaba cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de mis brazos se erizara.

—Esto no cambia nada —dijo él, aunque su mano seguía acariciando mi cuello con una suavidad que contradecía sus palabras—. Julian está arriba con Elena. Ella no se va a ir tan fácilmente. Dice que el contrato original tiene su firma, no la tuya. Legalmente, ella sigue siendo mi esposa.

Sentí un escalofrío. Elena. Había olvidado que el monstruo seguía dentro de la casa.

—Ella nunca firmó ese contrato por amor, Dante. Lo hizo por la herencia.

—Lo sé. Pero en el mundo de los negocios, la intención no importa, solo la firma. Vanessa Sterling ha caído hoy, pero ha dejado una bomba de tiempo en mi sala de estar. Si Elena me demanda por adulterio o por fraude al usar a una sustituta, la junta me destruirá de todos modos.

—¿Qué vas a hacer? —pregunté, sintiendo cómo el miedo volvía a reptar por mi columna.

Dante se alejó de mí y caminó hacia el ventanal que daba al jardín trasero. La lluvia había vuelto a arreciar, golpeando el cristal con una violencia rítmica.

—Voy a jugar su juego —dijo sin girarse—. Elena quiere dinero. Quiere la vida que tú has estado llevando estos diez días. Pues se la daré. Pero tú... tú no te vas a ir, Zoe.

—¿Qué quieres decir? No puedo quedarme aquí si ella está en la casa. Sería un infierno.

—Te quedarás en el ala este, en las habitaciones de servicio si es necesario, pero no saldrás de mi vista. Elena será la "señora Volkov" ante el mundo durante el tiempo que necesite para anular ese contrato sin que me cueste la empresa. Pero tú serás la que esté en este despacho conmigo por las noches.

1
Rozalia Dragos
Entretenido Muy bueno
ana vasquez
un tira y encoje entretenido, eso sí 🤭
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