Reencarné como la hija del Señor Demonio… justo antes de la guerra.
Pero yo no vine a luchar.
Vine a cambiarlo todo.
Si los demonios necesitan recursos
y los humanos necesitan magia…
¿por qué no convertir el conflicto en negocio?
Funcionó.
Hasta que mi ambición empezó a ir demasiado lejos…
y lo que intenté construir
comenzó a dañar a quienes quería proteger.
Ahora, mi mejor cliente es el príncipe humano…
y mi padre está listo para destruirlo todo. 😈
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Capítulo 24: Cuando el Agua Llega
Las guerras comerciales enseñan muchas cosas.
Estrategia.
Paciencia.
Cálculo.
Pero hay algo que ningún mercado puede controlar.
La naturaleza.
La lluvia comenzó antes del amanecer.
Al principio fue suave.
Constante.
Fácil de ignorar.
En el Imperio Noctheris, las tormentas no eran raras.
Pero aquella…
no se detuvo.
Un día.
Luego otro.
Luego un tercero.
El sonido del agua dejó de ser fondo.
Se volvió presencia.
El cielo gris lo cubría todo.
Los caminos empezaron a ceder bajo los pies.
La tierra… ya no sostenía.
Y al cuarto día—
llegó el primer grito de alarma.
Las puertas del castillo se abrieron de golpe.
Un mensajero entró empapado, jadeando, cubierto de barro.
—¡Princesa Nyxara!
Nyxara levantó la vista del mapa.
—Habla.
—El río Varkath… se desbordó.
El silencio no fue inmediato.
Fue peor.
Fue contenido.
Nyxara dejó el pergamino con calma.
Demasiada calma.
—¿Qué zonas?
—Tres aldeas del norte.
—¿Evacuación?
—En proceso… pero—
Dudó.
Nyxara entrecerró los ojos.
—Pero.
—El agua sigue subiendo.
Un segundo.
Solo uno.
Y fue suficiente.
Nyxara se puso de pie.
—¿Mi padre?
—En el salón de guerra.
Cuando entró, el caos ya estaba instalado.
Voces cruzadas.
Decisiones sin dirección.
Urgencia sin estructura.
Malakar estaba frente al mapa.
—Nyxara.
—Situación.
Un comandante habló.
—El Varkath y dos afluentes se desbordaron.
—¿Daños?
—Viviendas destruidas.
—¿Víctimas?
—Pocas… por ahora.
(Por ahora.)
Nyxara se acercó al mapa.
Sus ojos no buscaban el problema visible.
Buscaban el origen.
(Zonas bajas.)
(Sin drenaje.)
(Repetición de error.)
Malakar golpeó la mesa.
—Evacuamos a todos.
Nyxara negó suavemente.
—Eso no resuelve nada.
El silencio cayó.
Pesado.
Un ingeniero habló con cautela.
—Princesa… detener un río es imposible.
Nyxara lo miró.
—No vamos a detenerlo.
Pausa.
—Vamos a usarlo.
Las miradas cambiaron.
—El problema no es el agua —continuó—.
Tomó carbón.
Dibujó.
Rápido. Preciso.
—Es dónde está.
Señaló las aldeas.
—Exceso aquí.
Luego otras zonas.
—Escasez aquí.
Un ingeniero dio un paso.
—Canales…
Nyxara asintió.
—Redirigimos el flujo.
—¿Hacia dónde?
Nyxara marcó un valle seco.
—Aquí.
—Ese terreno es árido…
—Por eso.
Levantó la mirada.
—Lo convertiremos en un reservorio.
Un murmullo recorrió la sala.
Malakar sonrió, apenas.
—¿Convertir una inundación en recurso?
Nyxara sostuvo su mirada.
—Convertirla en sistema.
Un golpe.
La puerta se abrió.
—¡Una aldea colapsó!
El tiempo se rompió.
—Preparen monturas —ordenó Nyxara.
Malakar la miró.
—¿Vas tú?
—Sí.
—Es peligroso.
Nyxara no dudó.
—También es necesario.
La lluvia golpeaba sin tregua cuando llegaron.
El agua cubría la mitad de la aldea.
Madera flotando.
Gritos.
Desesperación.
—¡Princesa!
Nyxara avanzó.
Sin detenerse.
—¿Evacuados?
—No todos.
Observó.
Rápido.
Frío.
Preciso.
(Mal diseño.)
(Mala ubicación.)
(Error repetido.)
—Rompan esa pared —ordenó.
—¿Qué?
—El agua está atrapada.
—¡Pero la casa—!
—Se caerá igual.
Un segundo de duda.
—¡Háganlo!
El impacto.
La ruptura.
El agua explotó hacia afuera, liberándose.
El nivel descendió.
Los gritos cambiaron.
Un niño fue sacado de los escombros.
Vivo.
Helra observó.
—Funcionó…
Nyxara ya no miraba la casa.
Miraba el terreno.
(Esto no es una emergencia.)
(Es un sistema defectuoso.)
—Marquen la colina.
—¿Para qué?
—Reubicación.
—No querrán irse.
Nyxara lo miró.
—Entonces morirán aquí la próxima vez.
Silencio.
Total.
Las obras comenzaron ese mismo día.
Pero el sistema… resistió.
El primer canal colapsó.
El agua se desvió.
Arrasó una estructura recién evacuada.
Helra apretó los dientes.
—Esto está fallando.
Nyxara observó el flujo.
No el daño.
El patrón.
—Error de inclinación.
—El terreno no—
—Refuércenlo.
Dudaban.
Nyxara se arrodilló en el barro.
Dibujó con la mano.
—Aquí.
—La presión se concentra aquí.
Un ingeniero susurró:
—Tiene razón…
Horas después—
funcionó.
El agua dejó de destruir.
Y empezó a moverse.
Con intención.
Día tras día…
el caos se transformó.
Las aldeas se elevaron.
Los canales tomaron forma.
El agua dejó de invadir—
y empezó a obedecer.
Semanas después…
el paisaje era otro.
Reservorios.
Canales como venas vivas.
Estructura.
Control.
Nyxara observaba desde lo alto.
Un ingeniero se acercó.
—Princesa… el sistema es estable.
Nyxara asintió.
Pero no sonrió.
(Estable… por ahora.)
Miró el agua.
Pensando más allá.
—Instalen motores aquí.
—¿Motores?
—Agua en movimiento es energía.
Comprensión.
Lenta.
Pero inevitable.
—Molinos…
—Fábricas…
Nyxara asintió.
—Y riego.
El ingeniero sonrió.
—Esto cambiará todo.
Nyxara no respondió.
Porque ya lo sabía.
Días después—
la noticia cruzó fronteras.
En el reino humano…
Lysander leía el informe.
—Inundación controlada.
—Infraestructura creada.
—Energía generada.
Seraphine levantó la mirada.
—Eso no es supervivencia.
Lysander sonrió.
Lento.
—No.
Pausa.
—Es expansión.
Pero no dijo lo más importante.
(Ella no solo resolvió el problema…)
(lo convirtió en poder.)
De vuelta en Noctheris—
el agua estaba quieta.
Controlada.
Reflejando el cielo como si nada hubiera pasado.
Nyxara la observaba.
En silencio.
(La naturaleza no se controla…)
(se dirige.)
—Princesa.
Un mensajero se inclinó.
—Los humanos quieren comprar el sistema.
Nyxara no se giró de inmediato.
Sus ojos seguían en el agua.
—Por supuesto.
—¿A qué precio?
Esta vez, sí sonrió.
Pero fue mínima.
Peligrosa.
—Al que estén dispuestos a pagar.
Pausa.
—Y un poco más.
El mensajero dudó.
—¿Un poco más?
Nyxara finalmente miró hacia el horizonte.
Donde el imperio comenzaba a expandirse.
—Siempre pagan más… cuando entienden tarde.
Silencio.
Porque eso no era comercio.
Era dominio.
Y ahora—
el agua también formaba parte de su imperio.
Si quieren, pueden contarme qué les pareció este capítulo.”
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