Florencia tuvo que sacrificarse por salvar a su hermano menor, vender su cuerpo por dinero, pero su sacrificio fue en vano.
Pero, esa noche tuvo consecuencias, y termina embarazada.
Ella lucha por salir adelante con sus hijos y su madre, sin saber que el hombre de aquella noche no puede olvidarla.
Shane Hillings estaba deprimido por su exnovia, quien le engañò de una forma cruel, estbaa tan mal que se sentía impotente como hombre, sin embargo, una noche con una mujer lo cambia todo, ahora obsesionado, solo quiere encontrarla, pero cuando piensa que ella no existe, decide olvidarla, hasta que un día la encuentra de nuevo ante él, como su empleada y con dos secretos de sangre que no puede ocultar, ¿puede el amor nacer de una noche de pasión?
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Capítulo: Cercanía
Shane Hillings caminó con paso firme hacia la oficina de Florencia. Ella lo vio aproximarse y, por un instante, sintió que todo su cuerpo se tensaba sin poder evitarlo. Había algo en él que la hacía reaccionar de manera automática, un instinto que la alertaba de que debía mantenerse alerta, aunque quisiera aparentar calma.
—Buenas tardes —dijo él con su habitual voz profunda y controlada.
Florencia asintió y se volvió hacia Ivonne, quien estaba revisando algunos informes en su escritorio.
—¿Cómo vamos con las contrataciones? —preguntó Shane, mientras su mirada parecía abarcar cada detalle del equipo.
—Excelente —respondió Florencia con seguridad—. Hoy hemos concretado diez nuevas contrataciones que no solo mejorarán los indicadores, sino que también fortalecerán al equipo operativo.
Shane la observó por un instante, evaluando su postura, su seguridad y, sin querer, notando la chispa de orgullo que surgía en ella ante su propio logro.
—Muy bien —dijo finalmente—. Veo que su palabra tiene valor, señorita Florencia. Me dijo que mejoraría y, al parecer, los resultados no mienten.
Florencia sonrió ligeramente. Le gustó, de algún modo, el cumplido; no era algo que recibiera todos los días.
Mientras tanto, el equipo parecía estable, trabajando con eficiencia bajo su supervisión.
—Bien, señorita Florencia —continuó Shane—. Necesito tratar algunos asuntos con usted. Permítame acompañarla, por favor.
Florencia se levantó de inmediato, consciente de que no podía negarse. Caminó a su lado mientras él la guiaba fuera de la oficina.
—Tome sus pertenencias —dijo Shane mientras se dirigían al elevador—. No discutiremos los pendientes aquí. Primero iremos al banco oficial, y después cenaremos. Necesitamos revisar las próximas festividades de la compañía.
Ella arrugó levemente el ceño, tragó saliva y sintió un temor inexplicable.
Estar cerca de ese hombre la ponía nerviosa, pero sabía que no tenía alternativa: debía ceder, al menos por ahora.
Antes de subir al elevador, levantó la mano y saludó con una sonrisa tensa a Ivonne, quien le devolvió un gesto cordial, aunque preocupado. Las puertas se cerraron, y Florencia se dejó guiar, sintiendo un nudo en el estómago.
Mientras tanto, Eugenio abrió la puerta de su oficina con rapidez, como si hubiera querido detenerlos.
—¿Se han ido? —exclamó, con un dejo de ansiedad.
—Sí, señor —respondió Isabel con seriedad.
Eugenio asintió con coraje, pero cuando sus miradas se cruzaron, algo en él se debilitó. Había en Ivonne una firmeza que lo hacía sentir vulnerable, y lo odiaba.
El viaje en auto hacia el banco fue silencioso. El chofer conducía y ellos ibamm atrás
Shane la miraba con calma, pero la intensidad de su mirada hacía que Florencia se sintiera incómoda, como si cada centímetro de su piel fuera observado con detenimiento.
—Señorita Florencia, ¿tiene novio? —preguntó Shane con voz firme, rompiendo el silencio.
Ella lo miró incrédula, incapaz de ocultar su sorpresa.
—¿Por qué debería hablar de mi vida personal? —respondió, intentando mantener el control.
—Solo es una pregunta, no se indigne —replicó él con suavidad, aunque su tono no permitía discusión.
—¿Acaso yo le he preguntado lo mismo? —exclamó, severa.
—No —dijo Shane con un gesto que parecía una mezcla de resignación y sinceridad—. Llevo casi cinco años soltero. Son buenos años, pero… a decir verdad, en mi mente siempre ha habido un recuerdo persistente de una sola mujer.
Florencia se quedó impactada. Por un instante, la duda nubló su mente, y luego se maldijo por permitir que esas palabras la afectaran.
—Le deseo buena suerte en su vida personal —dijo, cortando el tema y tratando de mantener la compostura.
—Gracias —respondió Shane, con una leve sonrisa—. En realidad, siempre he necesitado un poco de suerte. Mi abuela fundó esta empresa y nadie creyó en ella. Luego nació mi madre, quien se casó y tuvo dos hijos: a mí y a mi hermana menor. Nuestros padres murieron cuando éramos muy niños, y mi abuela nos crio sola. Dirigió esta empresa con firmeza, y para ella los eventos importantes son sagrados. Sin embargo, la abuela ha estado enferma y no ha podido organizar el aniversario este año. Por eso, usted y yo estaremos a cargo.
Florencia lo miró incrédula.
—¿Por qué nosotros? —preguntó, dudando de su capacidad—. Es una tarea muy difícil.
—¿Acaso no se siente capaz? —dijo Shane, mientras estacionaba frente al banco
—Claro, pero… esto es algo familiar, algo que requiere mucha confianza.
De pronto, la mano de Shane rozó la suya. El contacto, aunque breve, envió un escalofrío por todo su cuerpo.
—Yo confío en ti —aseveró con firmeza.
—¿Está seguro? —preguntó ella, recelosa—. Ni siquiera me conoce bien.
—¿Estás segura? Porque siento que te conozco mejor de lo que me conozco a mí mismo —respondió él, mirándola profundamente.
Florencia se estremeció. Esas palabras golpearon su corazón y la hicieron sentir vulnerable ante su presencia. Sus ojos eran profundos, casi hipnóticos, y el perfume que emanaba de Shane parecía envolverla, intoxicándola suavemente.
Era como si cada fibra de su cuerpo reaccionara a él, deseando acercarse, pero temerosa de ceder.
Shane la miraba con una intensidad que desarmaba, y por un instante, Florencia sintió que sus labios se inclinaban hacia los suyos, tentados por la atracción innegable que los unía.
Sin embargo, un instinto de autocontrol la hizo dar un paso atrás, recuperando su compostura y evitando lo inevitable.
—Debemos concentrarnos —dijo finalmente, rompiendo el silencio y recuperando su autoridad interior.
Shane asintió, aunque en sus ojos quedó un brillo de deseo reprimido. Florencia respiró hondo, consciente de que, a pesar de mantener el control, algo dentro de ella había cambiado para siempre. La tensión entre ellos era palpable, una mezcla de respeto, admiración y un magnetismo que no podía ignorar.
El banco estaba frente a ellos, y mientras bajaban del auto, Florencia sintió que el corazón le latía con fuerza.
😡😡😡
Ella lo hizo una sola vez, no se dedicó a eso y lo hizo por necesidad