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Mariana

Mariana

Status: Terminada
Genre:Terror / Completas
Popularitas:73
Nilai: 5
nombre de autor: Campos Fernando

Sara regresa a la granja de sus padres para cuidar a su madre en campania de su esposo Alejandro,
Al llegar Sara comienza a ver el fantasma de una niña en sus sueños y comienza a caminar dormida, despertando cada mañana, en un lugar diferente, cada vez más alejada de la granja
Alejandro pronto trata de investigar lo que esta pasando y poco a poco comienza a descubrir los oscuros secretos del pasado que oculta su Esposa

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EL FUNERAL

El resto del día, Sara se mantuvo distante de Alejandro, su mente atrapada en un torbellino de pensamientos oscuros. Mientras él se dedicaba a terminar su cuadro, ella buscó refugio en la compañía de Nazario. La luz del sol se deslizaba suavemente entre los árboles, pero la calidez del día no lograba penetrar la frialdad que envolvía a Sara. Nazario, con su risa contagiosa y su espíritu despreocupado, trataba de hacerla sonreír, pero la sombra de la inquietud seguía presente en su rostro. "¿Qué te pasa, Sara? No eres la misma desde que llegaste," le preguntó, su voz grave llena de preocupación.

"Solo estoy cansada," respondió ella, su mirada perdida en el horizonte. La granja, con su aire rústico y el canto de los pájaros, parecía un mundo ajeno a su tormento interno. Mientras tanto, Alejandro, absorto en su trabajo, no notaba la creciente distancia entre ellos. La pintura que estaba creando, un paisaje de la cascada, se convirtió en su única compañía. Cada pincelada era un intento de capturar la belleza que se le escapaba de las manos, así como su conexión con Sara.

Al caer la noche, una vez más, Sara se encontró caminando dormida. Esta vez, sus pasos la llevaron cerca de las caballerizas. La luna llena iluminaba el camino, proyectando sombras alargadas que danzaban a su alrededor. Alejandro, preocupado por su bienestar, decidió seguirla, pero la encontró en un estado de profundo sueño, como si estuviera atrapada en un mundo onírico. Al acercarse, pudo escuchar su respiración tranquila, pero su corazón latía con fuerza. "Sara," murmuró, intentando despertarla, pero ella no respondía. Era un espectáculo inquietante que lo llenaba de ansiedad.

A medida que las noches pasaban, Alejandro comenzó a notar un patrón perturbador: cada vez que Sara se quedaba dormida, aparecía más lejos de la casa. La primera vez fue en el columpio, luego cerca del campo, y ahora, cerca de las caballerizas. La sensación de que algo oscuro la perseguía lo mantenía alerta, como un lobo acechando a su presa. "¿Qué te está pasando, mi amor?" se preguntaba, pero las respuestas se le escapaban como el viento entre sus dedos.

La mañana siguiente trajo consigo una noticia devastadora. Mientras el sol se alzaba en el cielo, un aire de tristeza se cernía sobre la granja. Nazario llegó con el rostro pálido y los ojos llenos de lágrimas. "Sara, tienes que escuchar esto," dijo, su voz temblando. "Jesica ha muerto. Se ahorcó." Las palabras golpearon a Sara como un rayo. El mundo a su alrededor se desvaneció, y el eco de su risa se convirtió en un recuerdo lejano. "No... no es posible," murmuró, negando con la cabeza, mientras una ola de dolor la envolvía.

Alejandro, al ver la devastación en el rostro de su esposa, sintió que su corazón se rompía. "Sara, lo siento mucho," dijo, acercándose para abrazarla, pero ella se apartó, incapaz de soportar el contacto. "Tengo que ir a su funeral," dijo, con una determinación que ocultaba su tristeza. "No puedo dejarla así." Alejandro asintió, comprendiendo que debía acompañarla en este momento tan doloroso. "Voy contigo," le dijo, su voz suave y firme, aunque su propio corazón estaba lleno de inquietud.

La tarde llegó con un cielo gris, como si el mundo entero estuviera de luto. En el camino hacia el pueblo, el silencio era abrumador. Sara caminaba con la mirada fija en el suelo, mientras Alejandro la seguía de cerca, sintiendo el peso de su dolor. Al llegar al pequeño cementerio, la escena era desgarradora. La gente se aglomeraba alrededor de la tumba de Jesica, sus rostros marcados por la tristeza. Sara se acercó lentamente, sintiendo cada paso como una carga.

Cuando llegó al féretro, la visión de su amiga inerte la hizo temblar. "Jesica, ¿por qué hiciste esto?" susurró, las lágrimas corriendo por sus mejillas. En ese momento, todo lo que había compartido con Jesica se desbordó en su mente: risas, secretos y sueños compartidos. Alejandro, mientras tanto, se apartó un poco para hablar con la madre de Jesica, una mujer pálida y demacrada, que se mantenía erguida a pesar de la tragedia. "No debió haber vuelto," le dijo ella, su voz quebrada. "La ciudad la había cambiado, y no estaba lista para enfrentar lo que dejó atrás."

Alejandro sintió un escalofrío recorrer su espalda. "¿Qué quiere decir con eso?" preguntó, intrigado y preocupado. La madre de Jesica lo miró con ojos llenos de dolor. "Ella siempre fue sensible. La vida aquí, los recuerdos... todo la abrumó. Nunca debió regresar." Las palabras resonaron en su mente, y una inquietud se apoderó de él. ¿Acaso había algo más detrás de la muerte de Jesica? ¿Algo que también podía alcanzar a Sara?

Mientras la ceremonia avanzaba, el aire se llenaba de lamentos y susurros, y Sara se arrodilló junto a la tumba, su corazón hecho trizas. "Te prometo que siempre te recordaré," dijo, su voz apenas audible. Alejandro observó, sintiendo que cada lágrima de su esposa era un peso más en sus hombros. La conexión entre ellos se sentía frágil, como un cristal a punto de romperse. La noche se acercaba, y con ella, un nuevo miedo se cernía sobre ellos, un miedo que amenazaba con arrastrarlos a la oscuridad.

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