En este juego de espejos, nadie es quien dice ser y la moneda está a punto de caer del lado de la justicia... o del caos.
NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 13
El primer golpe: La infiltración corporativa
Al día siguiente, regresé a mi oficina en el ático. El encuentro con Julián me había dado una nueva energía, una urgencia que no sentía desde que salí de Suiza. Era hora de pasar de la observación al sabotaje.
Llamé a mi secretaria, una mujer joven y eficiente que creía que yo era simplemente una heredera suiza buscando expandir su cartera de inversiones.
—Póngame en contacto con el departamento de adquisiciones de De la Vega Constructions —ordené—. Dígales que el Grupo Valerius está interesado en financiar su nuevo proyecto de viviendas de lujo en la zona norte. Pero dígales que quiero una reunión personal con el Sr. Arturo De la Vega. No aceptaré intermediarios.
Sabía que Arturo no rechazaría la llamada. Estaba pasando por una crisis de liquidez debido a unas inversiones arriesgadas en el extranjero, algo que Antonia me había ayudado a detectar meses atrás. Él necesitaba capital fresco, y yo era la respuesta a sus plegarias... o eso creía él.
La reunión se fijó para dos días después.
La cena de los lobos
Arturo decidió que una reunión en la oficina era demasiado formal para un inversor del calibre del Grupo Valerius. Me invitó a cenar a un restaurante privado, el mismo donde solían celebrar sus éxitos familiares.
Llegué impecable, luciendo un vestido de seda color medianoche que hacía que mis ojos grises resaltaran como el acero. Arturo me esperaba en una mesa apartada, rodeado de esa aura de importancia que siempre había usado para intimidarme. Esta vez, sin embargo, fui yo quien marcó el ritmo.
—Elena, qué placer volver a verla —dijo él, levantándose para besar mi mano. Sus labios sobre mi piel me provocaron una repulsión física que tuve que ocultar tras una máscara de cortesía—. Su propuesta de inversión ha causado un gran revuelo en mi junta directiva. No solemos recibir ofertas tan... generosas.
—En el mundo de las altas finanzas, Arturo, la generosidad es solo otra forma de estrategia —respondí, sentándome frente a él—. Me interesan sus proyectos porque veo potencial donde otros ven riesgo. Pero también soy una mujer que valora la transparencia. He oído rumores de que sus costes de construcción han bajado sospechosamente en el último trimestre.
Arturo se tensó ligeramente, pero su sonrisa de tiburón no flaqueó.
—Optimización de procesos, querida Elena. Nada de qué preocuparse. Somos líderes en el mercado por una razón.
—Me alegra oírlo. Porque mi inversión no es solo capital; es una asociación. Quiero tener acceso a sus libros contables y a sus proveedores. Quiero asegurarme de que el nombre Valerius esté asociado a la excelencia, no a las... chapuzas.
La cena continuó como una partida de ajedrez verbal. Arturo intentaba seducirme financieramente, mientras yo plantaba semillas de duda y exigencias de control que él aceptaba por desesperación. Lo que él no sabía era que cada documento que yo auditara pasaría directamente a manos de Julián Torres para buscar las irregularidades que hundirían la empresa.
El encuentro inesperado
Justo cuando estábamos terminando el postre, una figura familiar se acercó a nuestra mesa. Era Isabella. Vestía un traje de cóctel blanco, radiante y perfecta, como si nunca hubiera roto un plato en su vida.
—¡Papá! No sabía que tenías compañía tan distinguida —dijo ella, clavando sus ojos azules en mí con una mezcla de curiosidad y desconfianza.
—Isabella, querida. Estaba cerrando los detalles del fondo de inversión con la Srta. Valerius —explicó Arturo, orgulloso—. Elena, mi hija Isabella. Seguramente la recordará de la gala.
—Es difícil olvidar a alguien tan... presente en los medios, Isabella —dije, sosteniéndole la mirada.
Isabella se sentó sin invitación. Sentí su perfume, el mismo que olía en el coche la noche del accidente. Por un momento, el restaurante desapareció y me vi de nuevo bajo la lluvia, con el cuerpo de Lucía entre nosotras.
—Suiza —dijo Isabella, saboreando la palabra—. Siempre me ha parecido un lugar tan aburrido. Todo tan limpio, tan ordenado. Aquí en cambio, nos gusta un poco más el drama. ¿No le parece, Elena?
—El drama es para los que no tienen control sobre sus vidas, Isabella —respondí—. Yo prefiero la precisión. Me han contado que usted tiene una fundación para víctimas de accidentes. Es una labor muy... redentora.
Isabella palideció un milímetro. Fue casi imperceptible, pero para mí fue una victoria. Sus dedos se cerraron sobre el asa de su bolso de marca.
—Sí... bueno, uno intenta devolver algo a la sociedad —respondió con una voz que perdió un poco de su brillo habitual.
—Es curioso —continué, inclinándome hacia ella—. Conocí a un hombre hace poco. Un mecánico. Julián Torres. Me contó una historia fascinante sobre un accidente hace cinco años. Dice que la justicia fue... injusta. ¿Sabe algo de eso?
El silencio que cayó sobre la mesa fue tan pesado que sentí que el cristal de las copas podría estallar. Arturo dejó de sonreír. Isabella dejó de respirar por un segundo. El pánico, ese viejo conocido, asomó en el fondo de sus pupilas.
—Hay mucha gente resentida en este mundo, Elena —dijo Arturo con una voz que era una advertencia directa—. Gente que busca culpar a los demás de sus propias desgracias. No debería prestar oídos a personas de esa clase.
—Tiene razón, Arturo. La gente de esa clase a veces ve cosas que los demás preferimos ignorar —dije, levantándome de la mesa—. Ha sido una cena deliciosa. Revisaré los contratos y nos veremos en su oficina el lunes.
Me alejé de la mesa sintiendo sus miradas clavadas en mi espalda. Sabía que había ido un poco lejos, que había mostrado un poco de mis colmillos antes de tiempo. Pero ver el miedo en los ojos de Isabella fue una droga que no pude resistir.
El inicio del fin
Al salir del restaurante, la noche estaba despejada. Saqué mi teléfono y le envié un mensaje a Julián: "El cebo ha sido lanzado. Están nerviosos. Empieza a vigilar el almacén del puerto 7. Ahí es donde esconden el cemento de baja calidad."
La respuesta fue inmediata: "Entendido. Ya estoy allí. No saben lo que les espera."
Me subí a mi coche y miré hacia el cielo. El Arco 2 estaba alcanzando su punto de ebullición. La metamorfosis de Marina en Elena no era solo física; era la transformación de una presa en un verdugo sistemático. Había logrado infiltrarme en su círculo íntimo, había ganado la confianza de mi verdugo y había reclutado a su principal víctima.
Los De la Vega creían que estaban salvando su imperio con mi dinero. No sabían que estaban firmando su propia sentencia de muerte financiera y social.
"Cinco años", pensé mientras arrancaba el motor. "Cinco años esperé para ver ese rictus de miedo en tu cara, Isabella. Y esto es solo el principio."
La noche estaba preñada de promesas de destrucción. Y yo, Elena Valerius, era la parca que caminaba entre ellos, invisible y letal, esperando el momento exacto para hacer caer la guadaña.