"¿Qué harías si el hombre que juró amarte te roba la vida, tu fortuna y a tus hijos?"
Valeria Estrada lo tenía todo: una familia hermosa y el control de la corporación más grande del país. Pero su mundo se volvió cenizas cuando su esposo, Adrián Montero, la traicionó de la forma más cruel. No solo le quitó su dinero y la engañó con su mejor amiga, sino que la encerró en un hospital psiquiátrico de alta seguridad, drogándola durante años para borrar su lucidez y hacerle creer que estaba loca.
Para el mundo exterior, Valeria Estrada murió. Para sus hijos, ella es solo un recuerdo borroso reemplazado por una madrastra cruel.
Pero tras cinco años de oscuridad, Valeria logra despertar de la niebla. Con la ayuda de dos aliados que el destino puso en su celda, finge su propia muerte y escapa de su prisión de pesadilla.
Ahora, Valeria ha regresado con un nuevo rostro y una identidad impenetrable
La "difunta" ha despertado... y la verdadera pesadilla para los Montero está a punto de comenzar.
NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El eco de un almuerzo
Elena regresó a la mansión con los sentidos todavía a flor de piel. Al cruzar el umbral, el aire pesado y el silencio artificial de la casa la envolvieron como un manto de realidad. Subió los escalones hacia su habitación, pero su mente se quedó atrapada en aquel pequeño restaurante.
Sebastián Vogel no dejaba de aparecer en sus pensamientos. No era solo su atractivo físico, que era innegable, sino esa mezcla de educación y sensibilidad que había mostrado al pedirle disculpas. Por primera vez en años, alguien no la miraba como una pieza en un tablero, ni como una empleada, ni como un objeto de deseo prohibido. La había mirado como a una mujer.
"Es un hombre peligroso", se dijo a sí misma frente al espejo, mientras se acomodaba el cabello. Pero su corazón le susurraba algo distinto: era un hombre que sabía escuchar los silencios.
Un golpe suave en la puerta la sacó de su ensimismamiento. Era Adrián. Se le veía más relajado, pero sus ojos tenían ese brillo inquisidor que siempre la mantenía alerta.
—Elena, qué bueno que ya estás de vuelta —dijo él, entrando sin esperar invitación, aunque manteniendo una distancia respetuosa—. Me comentaron que las librerías estaban muy concurridas hoy.
—Así es, señor Montero. Fue una tarde agotadora, pero productiva —respondió ella, retomando su máscara de serenidad profesional.
Adrián asintió, caminando hacia la ventana. Se quedó mirando el jardín un momento antes de volverse hacia ella.
—He estado pensando mucho en lo que pasó con la joya de la familia Estrada. No puedo permitir que tu talento se desperdicie solo en lecciones escolares, Elena. He decidido que me ayudes con el archivo histórico de la familia.
Elena sintió un vuelco, esta vez por pura estrategia. El archivo contenía los documentos de su propia herencia, lo que Adrián le había robado.
—¿El archivo histórico? Es una responsabilidad muy grande, señor.
—Es una tarea que requiere cultura, paciencia y, sobre todo, una sensibilidad que no encuentro en nadie más —Adrián se acercó un paso, bajando la voz—. Quiero que revises los diarios, las escrituras y los papeles antiguos. Hay mucha historia en esos cajones que necesita orden. Y confío plenamente en ti para hacerlo.
—Acepto el encargo, señor Montero. Empezaré mañana mismo —respondió ella con una leve inclinación.
Adrián le dedicó una sonrisa cargada de una admiración que empezaba a volverse asfixiante.
—Perfecto. Sabía que podía contar contigo. Descansa, Elena. Mañana será un día importante.
Cuando él salió de la habitación, Elena se dejó caer en la silla frente a su escritorio. La oportunidad era perfecta, pero su mente volvía a traicionarla. Mientras Adrián hablaba de "su" historia familiar, Elena no podía evitar comparar la tosquedad de su presencia con la elegancia sutil de Sebastián.
Recordó cómo Sebastián la había escuchado durante el almuerzo, sin interrumpirla, valorando cada una de sus palabras. Había algo reconfortante en saber que, en algún lugar de la ciudad, un hombre como él pensaba en ella no por lo que podía obtener, sino por quién era.
Elena sabía que debía tener cuidado. Enamorarse o incluso distraerse con Sebastián no formaba parte del plan de venganza. Pero esa noche, mientras la lluvia golpeaba suavemente los cristales, la imagen de Sebastián Vogel resultó ser el único refugio cálido en una casa llena de enemigos.
Valeria Estrada estaba de vuelta, y por primera vez, no se sentía tan sola en la oscuridad.