Gabriela es una adolescente. Quien no gusta mucho de estudiar. Pero un día. recibe una llamada, no sabe de quien se trata. Pues es número desconocido., cuelga pero al día siguiente. Vuelve a recibirla. Esta vez contesta. Escucha una vez. Que pregunta ¿Eres tú? Cada día recibirá la misma llamada e intentará no contestar. O ser lo más cortante posible. Aunque al final. Deja alargar la llamada y descubre algo sorprendente e inmaginable.
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Capítulo 24
¿Fue una plática muy bonita sobre los recuerdos, no? Decía la chica del número desconocido. Gabriela se sorprendió al escucharla hablar sobre ello. ¿Cómo podía ella saber eso también? Se dijo en su mente. Tenía que encontrar respuesta Rápidas, debía haber alguna forma de hacerla hablar sin que ella lo note se dijo. ¿Pero cuál? ¿Cómo lograr que alguien que parecía saber todo sobre ella y sus amigas cayera? No dijo nada por unos largos segundos Y eso Empezó a hacer un efecto en la desconocida chica.
—¿E, E... E¿Estás bien? —Gabriela Seguía sin contestar. —Oye, responde. ¡E Y! ¡Responde! ¡Mamá...!
—¡ja! ¿Tanto miedo te dio que no hablara qué llamaste a tu madre? Vaya que eres una lindura. Niña prepotente. Quizás así dejes de actuar como si supieras todo.
—... Lo siento, pe, pero yo... Creo que...
—¿qué?
—ah... Solo sé lo que sé, no es que lo sepa todo.
—¿Ah, sí? ¿Entonces como sabes todo lo que me has dicho hasta ahora?
—es un secreto.
—y dale con que es un secreto. ¿Hasta cuando va a ser un secreto?
—no puedo decírtelo.
—aaaah, mira niña, no estoy para juegos. Tengo mi mano lastimada, apenas y puedo contestar llamadas y contestar una llamada como la tuya. Es un desperdicio de mi tiempo y... Más porque siempre llamas para decir esto y aquello y despedirte rápidamente. ¿Qué tanto escondes?
—No, nada, no escondo nada. —su voz se escuchaba algo nerviosa.
—sí claro, bueno, dile a tu mamá que la chica a la que molestas todos los días. Está bien. Que solo quería ver reaccionaba alguien tan maleducada como yo. ¿Sí?
—S, sí.
—muy bien, por no lo olvides. Bueno, ¿vas a colgar ya? ¿O tienes algo más que decirme?
—... No, no tengo nada más que decirte.
—bien, entonces, ya no me molestes por hoy.
—¿p, puedo llamarte mañana?
—Mm, está bien, si no vas a actuar como lo has hecho hasta hoy con gusto te contestaré.
—¡sí! Ya no lo haré.
—bien, entonces estaré esperando tu llamada mañana. Oye, ¿puedes decirme tu nombre?
—¿Eh? ¿Mi nombre?
—sí. ¿Acaso no tienes uno? Así no tengo que tener registrado este número como desconocida. No se quien eres. Así que, por lo menos déjame saber como te llamas.
—bueno... Yo... Me llamo. Celeste. —dijo en voz baja.
—¿Ah? no te escuche, ¿cómo dijiste?
—celeste. —nuevamente en voz baja.
—¿¡cómo!?
—¡Celeste!
—ah, Celeste. ¿Así que Celeste eh? Bueno, ahora mismo lo voy a anotar. Gracias por decírmelo.
—de nada... Oye, yo...
—¿qué pasa?
—No, nada, bruno te llamaré mañana a la misma hora.
—claro, niña, recuerda no actuar de la manera en la que has actuado. Te lo digo por tú bien. ¿Entendido?
—S, sí... Lo entendí muy bien.
—así me gusta. Bueno, que descanses. Duerme bien y no te acuestes tarde. Y no por qué yo lo haga. Lo tienes que hacer tú. ¿Entendido?
—sí.
—muy bien. Ahora sí. Descansa y dulces sueños. —cuelga. —vaya. Esa niña es muy adorable. Grito Mamá. Por un segundo pensé que me lo decía a mí. Ja, ja, ja. Ah... no, absolutamente no. Bueno, Espero que su mamá no la regañe tanto Después de que le diga lo que hacía. ¿Debí haberle dicho que me pasara a su mamá? Mm, Ah, ya que. Quizás en otra oportunidad lo haga. Je, je. Ahora que me doy cuenta, me parecí a mi mamá cuando me regaña Je, je.
Sonrió y observó su teléfono. Escribió el nombre que la mocosa, apodo con el que suele mencionarla carolina. Le dio. Le costó un poco. Pero logró guardarlo. Quería jugar. Pero la mayoría de sus juegos incluido el de citas. Exigían el uso de ambas manos. Eso la frustraba un poco pero al final. Solo podía ver lo que su mano izquierda le permitía ver.
Paso la noche tranquila, se tomó su medicamento e hizo cuanta cosa se le pudo permitir. Y tal como lo había dicho, Carolina llego a verla. Con la carta de renuncia sellada. Se había retirado del club y decidió pasar todas las tardes con ella y el fin de semana también. Aunque lo del trabajo de la tienda de masajes. Era algo que todavía debía resolver.
Ella estuvo ahí hasta que su mamá fue por ella. No quería irse pero su madre la hizo recapacitar y se fue entre lágrimas. Algo que muy rara suele hacer su amiga. Las despidió en la puerta y se entró. Aunque justo antes de alejarse de ella. Esta fue tocada.
—¿qué pasa? —abrió la puerta.
—Hola. —el chico de antes estaba frente a ella.
—¿Hola? ¿Qué sucede?
—ah... Venía a ver como estabas, como seguías de la mano. ¿Ya te sientes mejor?
—ah... Sí. Ya me siento mejor. Ya no me duele tanto. Los medicamentos me han ayudado y claro, Mamá y Carol me tienen vigilada por si uso mi mano derecha y no sabes lo fastidioso que es usar la izquierda para casi todo.
—entiendo.
—¿quieres pasar?
—¿Eh?
—quieres pasar? No es muy cómodo estar aquí parados en la puerta.
—ah... Eh... Claro, gracias. ¿Compermiso? —se sienta en el sillón. Ah... ¿La que iba en un carro azul era tú amiga?
—¿en un carro Azul...? ¡Ah! Sí. Era Carol, su mamá vino por ella. No quería irse. Pero al final la convenció. Je, je.
—oh, ya veo. ¿Cómo te has sentido en estos días?
—bien, me he sentido bien.
—eso me alegra. Realmente siento no haberme dado cuenta de ti antes.
—no, yo soy quien tiene que disculparse, yo andaba en metida en mi mundo que olvide ver a ambos lados. Realmente lo siento.
—no... Yo...
—está bien, Mamá salió un momento, ¿Quieres esperar para cenar?
—¿Eh? Pero... ¿No molesto?
—¡claro que no! Quería cenar con Carol, pero Cómo su mamá vino antes. Ya no pude.
—¡cariño...! Sor... presa. —dijo el papá, con una cara de sorpresa. —¡Gabriela!!
—¡ah! Cariño ya... —la mamá iba llegando. ¡Gabriela!!
—Eh... Hola. —dijo el chico con los nervios de punta. —soy... Alex... —extendió la mano mientras esta le temblaba.
—... —el papá de Gabriela lo veía con seriedad.
—¿qué pasa? —Gabriela regresaba de su cuarto.
—señorita, ¿nos puedes explicar que pasa aquí?
—ah, lo siento, él es un estudiante de la escuela. No vamos en la misma clase, pero nos llevamos bien.
—¿Ah, sí? ¿Es tú amigo?
—sí. Mas que no todo es así. Mamá lo conoce, vino hace unos dos días. Vino con Carol y clara.
—¿Es en serio? —Miro con seriedad a su esposa.
—bueno, sí. El llego al día siguiente de lo del accidente. Venía acompañando a Carol y su otra amiga.
—¿me puedes explicar que hacen ellos solos?
—tuve que ir a comprar unos ingredientes para la cena, Carol se había quedado con ella.
—sí. Pero Su mamá vino por ella y se la llevo.
—oh...
—¿y luego? —dijo el papá con una mirada de muerte hacia el Chico.
—¿luego?
—sí. ¿Qué paso luego de que ella se fue.
—ah, el vino y toco la puerta. Salí a ver si era Carol. Pero era él. Hablamos un poquito en la puerta y después lo dejé pasar. Hablamos un poco más. Y después fui a mi habitación por esto. —tenía unos guantes de cuero.
—¿guantes de cuero? —dijo el papá cada vez más furioso.
—sí. Los gané hace un tiempo atrás y pensé que a él le quedarían mejor. Ya que tiene una motocicleta.
—¿¡qué!? —dijo él papá con una mirada asesina.
—Ah... —Alex lo veía mientras temblaba y sudaba a chorros.