Después de la muerte de mi padre mi vida dio un gran giro probando las mieles del dolor e indiferencia a manos de quien me dio la vida y donde una tragedia cambiaría aun más en mi vida.
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Te veo.
Mis nervios eran demasiados al momento de ver que se la llevaban para el quitofano, salimos de la habitación hasta ir a la sala de espera, donde el estrés iba en aumento, los minutos avanzaban tan lento que solo pasaba checando la hora en mi reloj a cada momento.
Me pasé buen tiempo caminando de un lado a otro, no quería sentarme por que si lo hacía me sentiría más desesperado del que ya estaba.
Me recargue en la pared, viendo por un momento a través de la ventana cuando la voz de Ian me hizo voltear.
— tranquilo, Emilio ya verás que todo saldrá bien— asentí mostrándole media sonrisa— esto te servirá, para que te calmes un poco.
Me dio un vaso con café y de inmediato le di sorbos— gracias Ian— palmeo mi hombro asintiendo.
— gracias por cuidar y amar a mi hermana— ladeé mis labios.
— todo esto lo hago por que la amo y quiero cumplirle su deseo de volver a ver la Luna— el asintió.
Platicamos algunos minutos más hasta que se fue con mis suegros en eso sonó una alarma y vi a enfermeras entrar y salir con rapidez de la puerta donde se supone que el médico saldría a comunicarnos el estado de mi amada Lilith.
Me asusté y corrí hacia la estación, pero por más que pedía información sobre mi mujer, solo me veían y se iban, una lágrima salió recorriendo mi mejilla, me sentía impotente e imaginaba lo peor aunque quisiera evitarlo, hasta que mi abuelo me abrazo.
— hijo, tranquilo, Lilith esta bien, no seamos pesimistas— negué alejándome de él.
— abuelo, ¿cómo puedes asegurarlo?, después de todo lo que hemos visto, tengo miedo y me da terror de solo pensar que le pase algo— posó sus manos en mis hombros apretándome ligeramente.
— Emilo, hijo mirame— levante mi vista viéndolo fijamente— tengamos Fe.
Suspire muy profundo hasta asentir, después de un tiempo todo volvió en calma, hasta que vi al doctor salir por esa misma puerta.
— familiares de Lilith Cassanelli— todos nos acercamos, el doctor nos observó por un corto tiempo hasta que volvió a hablar— bueno, la cirugía duró más de lo previsto, pero fue todo un éxito la paciente salió bien, está estable y en este momento aún esta bajo medicamento y solo estaremos a la espera de que despierte para iniciar con el tratamiento— asentimos todos más que felices y sonrientes.
— ¿podemos verla?— le pregunte al médico.
— claro, pero por el momento solo puede pasar una persona y por unos breves minutos, ya que ella aún está dormida— asentí volteando a verlos y solo asintieron.
— yo iré— le contesté y el médico me hizo señas para qué lo siguiera.
Traspasamos la puerta y caminamos por un pasillo lleno de cubículos hasta que llegamos donde estaba Lilith, corrió la cortina y la vi acostada con una venda en la parte de sus ojos y cabeza.
— estará aquí, en lo que le pasa el efecto de la anestesia, más tarde le harán nuevos estudios y para pasarla a piso— asentí tomando su mano— bueno me retiro y no olvide solo cinco minutos.
— gracias doctor— asintió y salió del cubículo.
Bese sus labios y sin poder evitar mis lágrimas rodaron y pensar que horas atrás estaba asustado y con mucho miedo de perderla, pero gracias al cielo esta aquí frente a mí.
Acaricie su mano una y otra vez hasta dejar un beso en sus nudillos— recuperarte vida mía, que yo estaré aquí esperando por ti.
Bese sus labios y en un abrir y cerrar de ojos los cinco minutos habían pasado muy rápido, salí del cubículo caminando por ese largo pasillo hasta que salí por la puerta y fui a abrazar a mi suegra.
Y nuevamente no pude contener las lágrimas, en este momento estaba con los sentimientos muy a flor de piel— calma hijo, verás que pronto despertará — asentí limpiando mis lágrimas.
Las horas habían pasado donde todos estábamos al pie del cañón a la espera de un nuevo informe, hasta que media hora después el médico nos avisó que ya estaba en una habitación y recién había despertado.
Cuando le pregunte de poder verla, por pedido de ella estaba indispuesta, ya que tenía dolores muy fuertes de cabeza por la cirugía y no quería que la verán en ese estado, no insistimos porque era su decisión.
Pasaron los días y seguía igual sin dejarnos verla, estaba desesperado y demasiado cansado, ya que estaba aquí desde la cirugía...
Estaba sentado en la silla con mis codos sobre mis piernas y mis manos tapando mi rostro, hasta que sentí un toque en el hombro.
— hijo, necesitas descansar Ian y yo estaremos aquí para que tú descanses unas horas— solo los veía me negaba a salir del hospital— a Lilith no le gustaría que estuvieras así.
— suspire con pesadez hasta que asentí— esta bien señora Cecil, pero no demoro más de tres horas.
— no te preocupes hijo, ve y descansa— asentí levantándome del asiento.
Me despedí de ellos y salí del hospital hasta subir a mi auto, manejando hasta mi departamento, al llegar de inmediato me di una ducha que en verdad ya lo necesitaba, salí del baño me puse un short y solo me acosté por algunos minutos, pero sin sentir serían varias horas.
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Cuando desperté un dolor de cabeza se hizo presente y al saber que mi familia me quería ver, estaba indispuesta, ya que los dolores iban en aumento.
Pasaron los días donde iba disminuyendo el dolor y donde el médico me quito la venda de la cabeza y mis ojos, reviso mi herida y todo estaba perfecto.
Pero yo aún tenía los ojos cerrados, me daba miedo abrirlos y que la cirugía no tenga ningún resultado, el médico me pidió que abriera poco a poco los ojos y al hacerlo todo estaba oscuro.
— Lilith, no te asustes e apagado las luces y cerrado toda fuente de luz para que tu vista se vaya acostumbrando, prenderé la luz tenue, ¿está bien?.
— si doctor— se escucharon sus pasos y después un clic.
— dime Lilith, ¿vez algo?— volví abrir los ojos y pude ver una luz amarilla, mi vista era un poco borrosa, ya que mis ojos estaban acuosos por la gran dicha— ¿que vez?.
— puedo, puedo— y solo se escucharon mis quejidos hasta que el abrazo del médico me sorprendió.
— tranquila, esta luz solo será el principio para que veas todo a su máximo esplendor— asentí con una sonrisa inmensa— bueno, necesito que descanse y mañana continuaremos gradualmente.
— gracias— pude ver que asintió apago la luz y solo volví a dormir.
Los siguientes días me seguí negando, ya que quería que cuando entraran por esa puerta poder verlos y ver su reacción, el médico siguió prendiendo las luces hasta que mi vista se acostumbró y mi prueba final, sería ver por el ventanal.
Lo vi entrar, ya que tenía la luz prendida— hola Lilith, ¿cómo te sientes?— sonreí al verlo.
— mejor que nunca, el dolor de cabeza se a ido y estoy ansiosa por ver el paisaje, a mi familia y a mi prometido— baje mi vista viendo el hermoso anillo que me había dado Emilio, su piedra era del mismo color que mis ojos.
— me da gusto que te sientas muy bien, ¿estás lista?— asentí sentándome a la orilla de la camilla, corrió la gran cortina color gris oscuro que cubría el enorme ventanal y al ver la luz del sol fue tan grande mi asombro que mis gestos lo indicaban— ven Lilith.
Baje de la camilla di un paso tras otro hasta llegar al doctor Will, me sonrió y volteó hacia el ventanal hice lo mismo y al poder ver los edificios, los autos transitar por las calles, el azul del cielo, los rayos del sol y las aves volar en verdad todo era tan maravilloso que mis lágrimas rodaron una a una por mis mejillas.
— ¿te gusta, lo que vez?— gire a verlo y solo asentí.
— si, todo es tan hermoso mucho más de lo que recordaba.
— entonces, ya puedo dejar pasar a tus familiares, ellos no han parado de preguntar y Emilio a estado todos los días aquí— sonreí limpiando mis lágrimas.
— deje pasar primero a mis papás junto a mi hermano, por favor— el asintió y salió de la habitación.
Camine junto con mi barrote donde tenía el suero y otros medicamentos, entre al baño, al verme al espejo sonreí y de nuevo mis lágrimas salieron, me acomode un poco el cabello sin tocar las vendas volví a sonreír y salí para sentarme en la camilla.
Solo fueron minutos cuando la puerta se abrió y por esa puerta entraron los que siempre han cuidado de mí, fije mi vista en ellos derramando de nuevo mis lágrimas al igual que la señora Cecil y el señor César.
— mi niña, hermosa— la abracé y al separarme le toqué el rostro hasta limpiar sus lágrimas.
— mamá, eres como te imagine— sonrió volviéndome a abrazar, voltee con el señor César estirando mi mano y él la tomó.
— gracias, por estar siempre conmigo— asintió acercándose a mí hasta besar mi frente.
— estoy tan feliz porque por fin tus hermosos ojos tendrán más luz de lo que ya tenían— sonreí hasta asentir.
— Ian— mi hermano se acercó y solo me abrazo escuchándolo suspirar— haz cambiado mucho, te pareces mucho a papá.
— nos separamos viendo una pequeña sonrisa en el— no, nuestro padre era único— ladeé mis labios negando.
Platicamos unos minutos donde me enteré que la señora Cecil obligó a Emilio a que se fuera a descansar, ya que el estuvo día y noche aquí en el hospital, me sentía mal porque me negué a cada petición que hacía él para verme, suspire con pesar hasta que volvió a entrar el señor César diciéndome que le había llamado para que viniera.
Estaba nerviosa, porque lo vería por primera vez, la señora Cecil me ayudo a ducharme me cambié la bata y antes de que ellos se fueran de la habitación me puso perfume dándome un último beso en la frente.
Los vi irse y estaba muy nerviosa, me recosté y cerré mis ojos para hacer respiraciones intentando tranquilizarme cuando la puerta se escuchó y por la fragancia sabía que era él.
Mi corazón comenzó a latir más rápido, sentí su mano tomar la mía, suspire al sentir su beso en mis nudillos.
— hola vida mía— sonreí y con mi mano izquierda acaricié su rostro, sintiendo humedad en sus mejillas— mi vida, abre tus ojos, quiero ver esos hermosos ojos— asentí abriéndolos poco a poco.
Mi vista se aclaró y lo pude ver, tan guapo como lo había imaginado, una lágrima recorrió mi mejilla y él con sus dedos la limpio.
Parpadee varias veces hasta que sonreí— mi amor, te veo— sus comisuras se curvaron y sus lágrimas rodaron por sus mejillas, acaricio mi rostro hasta besar mi nariz.
— no sabes cuan feliz estoy cariño— me abrazo con fuerza— te amo Lilith.
— yo también te amo Emilio— nos separamos, acuno mi rostro entre sus manos sintiendo sus labios en los míos.
Besándonos por mucho tiempo, siendo ese beso tan tierno y delicado con muchos sentimientos impregnados en él, suspire tan profundo que él lo hizo al mismo tiempo estando tan sincronizados, que cada movimiento, ademán, parpadeo y respiración eran al mimo tiempo.