Valeria Rivas vive luchando por sobrevivir: trabaja como mesera, cuida a sus hermanos y trata de salvar a su madre enferma. Muy lejos de su realidad, su hermana gemela Isabella vive rodeada de lujo como heredera de la poderosa familia De Alvarenne.
Separadas por el dinero, el orgullo y un pasado lleno de secretos, sus vidas parecen destinadas a no cruzarse jamás… hasta que una inesperada llamada obliga a Valeria a regresar al mundo que la rechazó.
Entonces comienza un juego peligroso de mentiras, poder y destinos cambiados.
Porque a veces, para salvarlo todo…
tendrás que fingir ser alguien más.
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CAPITULO #3 - LA MATRONA DE LOS DE ALVARENNE
La música nunca se detuvo. Eso fue lo que más me sorprendió. Después de todo lo que había pasado, después del pastel aplastado en el suelo, de las miradas incómodas, del murmullo de los invitados… la fiesta continuaba como si nada.
Las copas seguían chocando. Las risas seguían flotando por el salón. La gente seguía bailando bajo los enormes candelabros de cristal. Y yo estaba ahí, de pie en medio del salón, sintiéndome como una mancha que nadie quería mirar demasiado tiempo.
Isabella ya se había alejado.
Estaba junto a Adrián Valcari, sonriendo con esa elegancia natural que siempre había tenido. Su mano descansaba suavemente sobre su brazo mientras hablaban con otros invitados importantes. Parecían parte de una pintura perfecta. Un mundo brillante. Un mundo donde yo no existía.
Bajé la mirada hacia el suelo. Los restos del pastel ya habían desaparecido. Algún empleado los había limpiado rápidamente. Como si mi pequeño desastre jamás hubiera ocurrido. Justo cuando estaba pensando en salir sin decir nada, el sonido de una voz firme resonó en el salón.
—¿Qué sucede aquí?
La música bajó ligeramente. Las conversaciones se apagaron poco a poco. Todos se giraron hacia la gran escalera que descendía desde el segundo piso. Y entonces la vi.
Doña Aurelia Vespera de Alvarenne.
La matrona.
La dueña de todo.
Bajaba lentamente los escalones con una elegancia que imponía silencio. Su vestido color marfil caía con perfección sobre su figura delgada, y su cabello plateado estaba recogido con una precisión casi impecable.
Pero lo que realmente dominaba la habitación eran sus ojos.
Fríos.
Observadores.
Poderosos.
Toda la sala parecía inclinarse ante su presencia.
—Abuela —dijo Isabella acercándose rápidamente—. No es nada importante.
Doña Aurelia no respondió de inmediato. Sus ojos recorrieron la habitación. Luego se detuvieron en mí. El silencio se volvió pesado. Durante unos segundos nadie habló. Entonces la matrona bajó el último escalón.
—La música —dijo con tranquilidad.
La orquesta volvió a tocar. Las conversaciones regresaron lentamente. La fiesta continuó. Pero yo sabía que algo había cambiado. Doña Aurelia caminó hacia mí con pasos tranquilos.
—Ven conmigo.
No fue una invitación. Fue una orden. No me atreví a discutir. La seguí fuera del salón, cruzando un pasillo largo iluminado por lámparas antiguas. Mis pasos resonaban en el suelo de mármol, demasiado fuertes para el silencio que nos rodeaba.
Finalmente llegamos a una pequeña sala privada. La puerta se cerró detrás de nosotras. Y el silencio se volvió absoluto. Doña Aurelia se giró lentamente hacia mí. Sus ojos me examinaron con frialdad.
—Así que decidiste aparecer.
No supe qué decir.
—Lo siento… —murmuré.
Ella levantó una ceja.
—¿Lo sientes?
Su voz tenía una calma peligrosa.
—Has entrado a mi casa sin invitación… has provocado un escándalo en medio de mi cumpleaños… y tu única respuesta es “lo siento”.
Sentí cómo mis manos comenzaban a temblar.
—Yo no quería causar problemas… solo…
Mi voz se quebró.
—Solo quería verla.
Sus ojos se estrecharon.
—¿Verme?
Asentí.
—Hoy es su cumpleaños… y yo… yo traje un pastel.
El recuerdo del pastel destruido volvió a mi mente. Tragué saliva.
—Pero… ocurrió un accidente.
Durante unos segundos la mujer no dijo nada.
Luego soltó una pequeña risa seca.
—Siempre accidentes contigo.
Sentí que algo dentro de mi pecho se hundía.
—Deberías haberte marchado sin que nadie te viera.
—No quería interrumpir la fiesta…
—Pero lo hiciste.
El silencio volvió a llenar la habitación. Doña Aurelia caminó lentamente hacia la ventana.
—Debes irte —dijo finalmente—. Ahora.
Sentí un vacío en el estómago.
—Sí… señora.
—Sal por la puerta lateral. No quiero que nadie más te vea aquí.
Sus palabras eran frías. Prácticas. Como si yo fuera un inconveniente que debía desaparecer.
Me giré para irme… pero su voz me detuvo.
—Y cuando regreses a ese pequeño apartamento…
Su tono cambió ligeramente.
—Saluda a tu madre de mi parte.
Mi espalda se tensó.
—Dile que espero que disfrute la vida que eligió.
No respondí. No sabía qué responder. Doña Aurelia continuó hablando con una calma cruel.
—La única decisión correcta que tomé en toda esa historia… fue sacar a Isabella de ese infierno.
Mis manos se cerraron lentamente.
—Ella tenía potencial.
Su mirada se volvió más dura.
—No como ustedes.
Tragué saliva.
—Isabella pertenece a este mundo.
Se giró hacia mí otra vez.
—Es hermosa, inteligente… digna del apellido De Alvarenne.
El silencio pesó entre nosotras.
—Pronto será mi heredera.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—Y tengo planes muy claros para su futuro.
Sus labios se curvaron ligeramente.
—Un matrimonio perfecto.
Mi mente recordó el nombre que había escuchado antes.
Adrián Valcari.
—Un hombre poderoso necesita una mujer adecuada a su lado —continuó la matrona—. E Isabella lo será.
Sentí un dolor extraño en el pecho. No sabía por qué.
—Las cosas finalmente están en orden.
Su mirada volvió a mí.
—Así que no vengas aquí a recordarnos errores del pasado.
Error.
Esa palabra cayó sobre mí como una piedra. Pero entonces ella añadió algo más. Algo que me hizo sentir un nudo en la garganta.
—Es curioso… —dijo con frialdad—. Porque cuando nacieron…
Mi respiración se detuvo.
—Ustedes dos eran idénticas.
“Gemelas.” La palabra flotó en mi mente.
—Pero el destino supo corregir su error.
Su mirada se posó sobre mí.
—Una se convirtió en una dama.
Su voz se endureció.
—La otra… en esto.
No supe cuánto tiempo pasó. Tal vez segundos. Tal vez minutos. Pero cuando finalmente abrí la puerta para irme, sentí algo diferente dentro de mí.
Dolor.
Sí.
Humillación.
También.
Pero había otra cosa más.
Una sensación extraña.
Como si esta historia… esta vida que parecía tan separada de la mía… no hubiera terminado conmigo. Porque mientras caminaba hacia la salida de la enorme casa de los De Alvarenne… no podía dejar de pensar en una cosa.
Isabella.
Mi hermana.
Mi gemela.
La heredera perfecta.
Y yo… la hija olvidada. Pero a veces… los destinos que parecen más lejanos… terminan chocando de las maneras más inesperadas.
espero puedas seguirla disfrutando..!! 🥰🥰