Una doctora rencarnada en un mundo donde los hombres pueden convertirse en bestias, no se puede confiar en nadie incluso ni en la familia y solo aquellos más fuertes son los que gobiernan, ella encontrará hombres de distintas especies que darían su vida por ella.
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El río de los tres destinos...
Luna conocía bien el río que bordeaba las tierras del clan de los lobos. De día, sus aguas corrían claras entre las piedras, al anochecer, recogían el color del cielo y lo llevaban consigo, como si guardaran los secretos de quienes se acercaban a sus orillas.
Aquella noche, Luna buscaba un poco de silencio. Llevaba días sintiendo que todos esperaban algo de ella, una decisión, una respuesta, una promesa. Se quitó las botas y hundió los pies en el agua. Estaba fría, pero no tanto como para hacerla retroceder. Cerró los ojos y respiró hondo.
—Sabía que te encontraríamos aquí —dijo una voz detrás de ella.–Luna se volvió. Soren se acercaba por el sendero, serpenteando con la elegancia tranquila que lo caracterizaba. Unos pasos más atrás venía Vaelorian.
—¿Me estuvieron buscando? —preguntó Luna.
—No exactamente. —respondió Vaelorian— Pero Soren dijo que, si necesitabas apartarte de todos, probablemente vendrías al río.–
—No es difícil adivinarlo.— añadió Soren. Luna sonrió apenas.
—¿Y qué creen que debo decidir?.– Los dos intercambiaron una mirada. Ninguno se apresuró a responder. Soren se acomodó cerca de una roca lisa, mientras Vaelorian permaneció de pie, dándole espacio.
—No vinimos a pedirte nada. —dijo Soren— Solo queríamos saber cómo estás.
—Eso ya es pedir algo.— bromeó Luna, aunque su voz perdió pronto la ligereza— Quieren que les diga la verdad.–
—Sí. —dijo Vaelorian— Pero solo si quieres compartirla.–
–A veces temo que alguno de ustedes crea que no es suficiente o importante para mi, todos son diferentes, pero los amo a todos, a cada uno lo amo por lo que es.– Lo que sentía por cada uno era distinto. Pero no era menos verdadero.
Soren se acercó a ella y la abrazó. – Nosotros también te amamos, cada uno de diferentes maneras.–
Vaelorian la abrazó por detrás.– Eres la razón de nuestra existencia, eres nuestro refugio–.
Por un instante permanecieron así, junto a la corriente, unidos no por una obligación ni por un hechizo, sino por una elección que los tres habían hecho con los ojos abiertos.
El primer beso fue de Luna y Soren, lento y sereno. Después, ella se volvió hacia Vaelorian y encontró en sus labios una calidez distinta, más intensa, pero igual de cuidadosa. Ninguno intentó apresurarla. La noche, el río y el rumor distante del bosque parecieron envolverlos.
—Mañana seguiremos hablando —murmuró Soren.
—Mañana —prometió ella.
Lo que ocurrió después fue intenso, los tres se sumergieron en el río, Luna fue levantada por Soren, ella instintivamente cruzó sus piernas en su cintura, Vaelorian se acomodó detrás de ella, empezó a besarle el cuello y darle suaves mordidas, dejando marcas húmedas que demostraban el deseo puro que tenía por ella, mientras Soren la besaba con hambre, él la tenía sujeta de la cadera, apretaba y se restregaba de ella para que sintiera lo duro que estaba.
Empezaron a desvestirse, Vaelorian desde atrás empezó a prepararla, eran dos y él era el más grande de todos, si quería no lastimarla, tenía que prepararla bien, aquello se estaba descontrolando, Luna estaba perdida en las distintas sensaciones que estaba teniendo, ellos al sentirla lista empezaron a entrar, primero fue Vaelorian, al ser enorme, ella tenía que adaptarse a su tamaño, al entrar completamente, Luna soltó un gemido alto, se sentía plena, él soltó un gruñido desde su garganta, del gran placer que lo invadió, empezó a moverse con movimientos constantes, hasta sentir que ya estaba lista para soportar a otro más, poco a poco Soren fue entrando, Luna se quedó sin aire, creía que la iban a partir en dos, al entrar empezaron a moverse suavemente, mientras uno entraba, el otro salía, los tres perdieron la razón, en aquel río se llevó a cabo una batalla de posiciones y movimiento que duró toda la noche, al terminar Luna quedó desecha, Vaelorian la envolvió en una manta de pieles y se encaminaron hasta la casa.
Las semanas siguientes transcurrieron sin que el clan notara un cambio inmediato. Luna siguió ocupándose de sus tareas, y siempre encontraba momentos para estar con sus compañeros y cachorros. Entonces llegó la mañana en que Luna despertó con una sensación extraña, una vibración leve bajo la piel.
La sanadora del clan la examinó en una cámara tranquila, lejos de las miradas curiosas. Al terminar, apoyó ambas manos sobre el vientre de Luna y cerró los ojos.
—Estás embarazada, y es más de uno.– Luna se quedó inmóvil.
— Más de uno.– La sanadora asintió con cuidado.
— No estás sola, y la vida que llevas parece fuerte.– Sus compañeros esperaban afuera. Cuando Luna salió, los encontró de pie junto a la puerta. Ninguno preguntó enseguida. Bastó con que miraran su rostro para comprender que algo importante había ocurrido.
—Estoy embarazada —dijo Luna—. La sanadora me lo dijo.
Soren cerró los ojos por un instante, como si necesitara asimilar la noticia antes de dejarse llevar por la emoción. Vaelorian inclinó la cabeza y, por primera vez en mucho tiempo, pareció no encontrar palabras, los otros machos se quedaron sin palabras.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Soren al fin. Luna se llevó una mano al vientre. Aún no podía sentir nada, pero la noticia había transformado el silencio dentro de ella.
—Asustada. —admitió— Y feliz. Y todavía un poco incrédula.– Vaelorian se acercó despacio.
—No tienes de que preocuparte —dijo— aquí estamos todos para mimarte y consentirte.–
Ella miró sus rostros. No sabía qué desafíos les aguardaban. Pero recordó que no estaba sola, tenía cinco amorosos y atentos compañeros y tres hermosos cachorros.