Alexa solo recuerda tres cosas de aquella noche de verano: el calor sobre su piel, una voz grave susurrándole al oído y un tatuaje que nunca pudo olvidar.
Meses después, al comenzar la universidad, cree que está dejando atrás aquella noche… hasta que conoce a Clara y al hombre que la acompaña.
El padre de su nueva amiga tiene el mismo tatuaje.
Adrián es reservado, poderoso y demasiado peligroso para acercarse. También es el único que parece conocer la verdad sobre lo ocurrido aquel verano. Aunque intenta mantener las distancias, la tensión entre ambos se vuelve imposible de ignorar.
Mientras Alexa intenta reconstruir sus recuerdos, descubre que aquella noche no fue un encuentro sin consecuencias. Adrián la recuerda. La ha reconocido desde el primer momento. Y hay secretos que podrían destruir su amistad con Clara, separar a una familia y convertir el deseo en una condena.
Porque algunas historias de amor comienzan con un beso.
La de Alexa comenzó con algo que no puede recordar
NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cerca
La mañana llegó demasiado rápido.
Alexa despertó con el sol entrando entre las cortinas y una sensación extraña en el pecho.
Durante unos segundos no recordó por qué estaba sonriendo.
Hasta que vio su teléfono sobre la mesa de noche.
A. B.
Su sonrisa apareció otra vez.
No había nuevos mensajes.
Todavía.
Se levantó, se arregló el cabello y salió de la habitación.
En la cocina, Emma ya estaba preparando café.
—Buenos días —dijo Alexa, todavía medio dormida.
—Buenos días.
Alexa tomó una taza y se sentó frente a ella.
Emma parecía distraída.
—¿Qué pasa?
—Mi papá está en la ciudad.
Alexa levantó la mirada.
—¿En serio?
—Sí. Me acaba de avisar.
Emma frunció ligeramente el ceño.
—Aunque me resulta raro.
—¿Por qué?
—Porque normalmente me avisa con anticipación. Esta vez simplemente me dijo que estaba acá y que quería almorzar conmigo.
Alexa tomó un sorbo de café.
—Quizás fue algo de trabajo.
—Probablemente.
Emma desbloqueó su teléfono y revisó nuevamente el mensaje.
—Dijo que pasó por la ciudad antes de lo previsto.
Alexa asintió.
No le dio demasiada importancia.
Para ella, Adrián seguía siendo simplemente el padre de su amiga.
El hombre serio que había conocido en la universidad.
El mismo cuya voz le había parecido extrañamente familiar.
Nada más.
—Bueno, dile que le mando saludos —dijo Alexa.
Emma sonrió.
—Se los voy a mandar.
Alexa tomó su teléfono.
Por un instante pensó en escribirle a A. B.
Pero decidió no hacerlo.
No quería parecer demasiado ansiosa.
Aunque, sinceramente, ya estaba esperando que él apareciera.
—Hoy voy a salir con Sofía —comentó mientras revisaba su agenda—. Necesito comprar algunas cosas.
—¿Compras?
—Sí. Y no pienso volver a mi habitación con las manos vacías.
Emma soltó una risa.
—Eso significa que vas a comprar cosas que no necesitas.
—Exactamente.
Una hora después, Alexa caminaba por una de las calles comerciales junto a Sofía.
Había música saliendo de los locales, gente entrando y saliendo de las tiendas y escaparates llenos de ropa.
—Necesito una opinión objetiva —dijo Alexa, sosteniendo dos blusas frente a Sofía.
—La negra.
—¿Por qué?
—Porque la otra parece de señora que va a una reunión de padres.
Alexa miró la blusa.
—Ahora que lo dices…
—Confía en mí.
Alexa dejó la otra en su lugar.
—Bien. La negra.
Sofía sonrió satisfecha.
—Sabía que terminarías escuchándome.
El teléfono de Alexa vibró.
Lo sacó del bolso.
No era A. B.
Era su madre.
Mamá:
¿Ya desayunaste?
Alexa suspiró.
—¿Tus padres otra vez? —preguntó Sofía.
—Sí.
Respondió rápidamente.
Alexa:
Sí, mamá. Estoy bien.
La respuesta llegó casi inmediatamente.
Mamá:
¿Dónde estás?
Alexa miró alrededor.
Alexa:
De compras con Sofía.
Tres puntos.
Mamá:
¿Y después?
Alexa ya sabía lo que venía.
Alexa:
Después volvemos a la residencia.
Otra pausa.
Mamá:
¿Van a salir esta noche?
Alexa puso los ojos en blanco.
—Son increíbles.
—¿Qué pasó?
—Ya están haciendo interrogatorio.
Sofía se rio.
—Tus padres deberían trabajar en inteligencia.
Alexa escribió:
Alexa:
No. Solo vamos de compras. No sé todavía qué haré esta noche.
Su madre respondió:
Mamá:
Avísanos cuando vuelvas.
—¿Ves? —dijo Alexa—. Ni siquiera estoy haciendo nada.
—Pero estás haciendo algo.
—¿Qué?
Sofía levantó una ceja.
—Estás sonriendo desde que salimos.
Alexa se quedó callada.
—No estoy sonriendo.
—Sí lo estás.
—No.
—Alexa.
—Sofía.
Ambas se miraron.
Sofía sonrió lentamente.
—Es por el hombre misterioso.
Alexa negó con la cabeza.
—No.
—¿Entonces?
—No sé.
Su teléfono volvió a vibrar.
Esta vez no era su madre.
Era su padre.
Papá:
¿Todo bien?
Alexa respondió:
Alexa:
Sí.
Papá:
¿Comiste algo?
Alexa suspiró.
Alexa:
Papá, estoy comprando ropa, no sobreviviendo en una isla.
Sofía soltó una carcajada.
—¿Qué dijo?
—Nada todavía.
Mientras guardaba el teléfono, Alexa sintió otra vibración.
Se quedó quieta.
Miró la pantalla.
A. B.
Su corazón dio un pequeño salto.
Abrió el mensaje.
A. B.:
¿Ya estás despierta?
Alexa sonrió.
Sofía la observó.
—Ahí está.
—¿Qué?
—La sonrisa.
Alexa intentó ocultarla.
No pudo.
Escribió:
Alexa:
Desde hace horas.
La respuesta apareció casi enseguida.
A. B.:
¿Y qué haces?
Alexa miró a Sofía.
Después miró las bolsas que ya llevaba.
Alexa:
Comprando.
A. B.:
¿Con quién?
Alexa levantó una ceja.
Alexa:
¿Celoso?
Los tres puntos aparecieron.
Desaparecieron.
Volvieron.
Finalmente:
A. B.:
Curioso.
Alexa sonrió todavía más.
Sin saber que, a unos kilómetros de allí, Adrián estaba sentado frente a su hija almorzando, y por primera vez, le resultaba mucho más complicado de lo que debería.
Porque mientras Emma hablaba tranquilamente de su universidad…
él no podía dejar de pensar en la mujer que había tenido entre sus brazos la noche anterior.
Y en que, por una coincidencia que Alexa todavía desconocía, estaba mucho más cerca de ella de lo que imaginaba.
en mi país un hombre de 39 años con una menor sería pedofilia si hubo sexo