Él juró destruirla. Ella prometió jamás inclinar la cabeza.
En un mundo gobernado por la mafia, donde la lealtad se paga con sangre y la traición se castiga con la muerte, dos almas destinadas a odiarse se verán obligadas a caminar por el mismo infierno.
Él es un hombre frío, peligroso y acostumbrado a obtener todo lo que desea. Ella, una mujer fuerte que no está dispuesta a convertirse en el trofeo de nadie.
Entre secretos, venganza, mentiras y una atracción imposible de ignorar, descubrirán que el odio puede ser el inicio de la historia más peligrosa de sus vidas.
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Capitulo 14- El enemigo dentro de la casa
"El peligro más difícil de enfrentar no siempre viene desde afuera. A veces lleva años sentado a tu mesa, sonriendo como si fuera parte de la familia."
La mañana comenzó tranquila en la residencia Russo.
Demasiado tranquila.
Valentina estaba sentada en el comedor mientras Isabella insistía en que comiera un poco más.
—Mamá, ya no puedo.
—Tienes que comer.
—Estoy llena.
Luca apareció con una sonrisa.
—Déjala, mamá. Si sigues dándole comida, los bebés van a nacer pensando que tienen un restaurante en el estómago.
Valentina soltó una carcajada.
—Qué gracioso.
—Lo sé.
Marco entró detrás de él.
—¿Ya empezaron?
—Tu hermana no quiere desayunar —respondió Isabella.
—Estoy llena —repitió Valentina.
Marco se sentó junto a ella.
—Entonces come lo que puedas.
Valentina sonrió.
Por unos minutos, todo parecía normal.
Pero aquella tranquilidad estaba a punto de desaparecer.
Dante llegó poco después.
Su expresión era seria.
Valentina lo notó inmediatamente.
—¿Qué ocurre?
—Tenemos que hablar.
Marco levantó la mirada.
—¿Pasó algo?
Dante asintió.
—Encontramos al hombre que estaba filtrando información.
El padre de Valentina apareció en el comedor.
—¿Quién?
Dante miró a todos.
—Alguien que conoce perfectamente a ambas familias.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Dante dejó una fotografía sobre la mesa.
Todos miraron.
El rostro que apareció en la imagen provocó un silencio inmediato.
Era Esteban Rinaldi.
Un hombre que llevaba años trabajando como asesor de confianza de la familia Russo.
Valentina lo conocía desde pequeña.
—No puede ser él —dijo.
Dante la miró.
—Tenemos pruebas.
Su padre tomó la fotografía.
—Esteban lleva quince años trabajando con nosotros.
—Precisamente por eso —respondió Dante—. Conoce nuestras propiedades, nuestros movimientos y a nuestros hombres.
Marco apretó los puños.
—¿Qué pruebas tienen?
Enzo colocó varios documentos sobre la mesa.
—Transferencias de dinero.
Registros de llamadas.
Y encuentros con personas relacionadas con Moretti.
Luca negó lentamente con la cabeza.
—¿Cómo pudo hacer esto durante tanto tiempo?
Dante respondió:
—Porque nadie sospechaba de él.
Valentina permanecía en silencio.
No podía dejar de pensar en su infancia.
Esteban había estado presente en cumpleaños.
Celebraciones familiares.
Reuniones.
Siempre había sido amable con ella.
—¿Sabe que estoy embarazada?
Dante la miró.
—Sí.
Valentina llevó una mano a su vientre.
—¿Y sabe que son dos?
Dante tardó un segundo en responder.
—También.
Su madre palideció.
—Entonces tenemos que sacarlo de aquí.
El padre de Valentina negó.
—No.
Si sospecha que lo descubrimos, desaparecerá.
Dante asintió.
—Exactamente.
—¿Entonces qué hacemos? —preguntó Marco.
Dante miró a Enzo.
—Lo dejamos creer que todavía no sabemos nada.
Esa misma tarde, Esteban llegó a la residencia.
Entró como siempre.
Saludó a los guardias.
Sonrió a Isabella.
—Buenas tardes.
—Buenas tardes, Esteban.
Valentina lo observó desde las escaleras.
El hombre levantó la mirada.
—Valentina.
Ella sonrió.
—Hola.
Esteban miró su vientre.
—Cada día estás más hermosa.
—Gracias.
—¿Cómo están los bebés?
Valentina sintió que el corazón se le aceleraba.
—Bien.
Esteban sonrió.
—Me alegra.
Después continuó caminando.
Valentina permaneció observándolo.
Ahora sabía que aquel hombre podía estar detrás de todo.
Y tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no demostrarlo.
Más tarde, Dante la encontró en el jardín.
—¿Estás bien?
—Sí.
—No tienes que fingir conmigo.
Valentina suspiró.
—Me cuesta creer que Esteban pueda ser responsable.
—Lo entiendo.
—Lo conozco desde niña.
Dante se acercó.
—A veces las personas que más cerca están son las que mejor saben ocultar sus intenciones.
Valentina lo miró.
—¿Y si nos equivocamos?
—Entonces lo descubriremos.
Ella asintió.
—Tengo miedo.
Dante tomó su mano.
—No estás sola.
Valentina entrelazó sus dedos con los de él.
—Lo sé.
Esa noche, Dante y Enzo prepararon una trampa.
No necesitaban enfrentarlo.
Solo necesitaban confirmar que Esteban estaba trabajando para Moretti.
Dante dejó deliberadamente un documento falso en una oficina.
El documento contenía información sobre un supuesto traslado de Valentina.
Si Esteban realmente estaba filtrando información, intentaría conseguirla.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Horas después, las cámaras captaron a Esteban entrando en la oficina.
Miró alrededor.
Tomó el documento.
Y salió.
Enzo observó las imágenes.
—Lo tenemos.
Dante permaneció serio.
—Todavía no.
Quiero saber para quién trabaja realmente.
Al día siguiente, Esteban salió de la residencia.
Un automóvil lo esperaba a varias calles.
Dante y Enzo lo siguieron desde lejos.
El vehículo se dirigió hacia una zona industrial.
Esteban bajó.
Un hombre lo esperaba.
Dante observó desde el interior de su automóvil.
No era Adrián Moretti.
Era alguien que no reconocía.
Esteban le entregó el documento.
El desconocido lo revisó.
—¿Y la información sobre los gemelos?
Esteban respondió:
—La conseguiré.
Dante apretó la mandíbula.
Entonces escuchó algo que cambió completamente la situación.
—Moretti quiere que Valentina sea trasladada antes de que nazcan.
Dante sintió que la sangre le hervía.
—¿Trasladada a dónde? —preguntó Enzo.
El desconocido respondió:
—A la propiedad de los Moretti.
Dante cerró los ojos durante un instante.
Ahora entendía el verdadero objetivo.
No querían simplemente amenazar a Valentina.
Querían separarla de todos.
Y utilizar a sus hijos como instrumento de venganza.
Dante abrió la puerta del automóvil.
Enzo lo sujetó del brazo.
—Espera.
—No.
—Si salimos ahora, sabrán que los descubrimos.
Dante respiró profundamente.
Tenía razón.
Volvió a cerrar la puerta.
—Entonces los seguiremos.
Esa noche, Valentina recibió un mensaje.
"No confíes en nadie."
Ella lo leyó varias veces.
Después recibió otro.
"Ni siquiera en el hombre que dice querer protegerte."
Valentina sintió un escalofrío.
Miró hacia la puerta.
Dante estaba al otro lado del pasillo.
Por primera vez desde que habían comenzado a acercarse, una duda atravesó su mente.
¿Y si Dante también le ocultaba algo?
Valentina cerró el teléfono.
No quería desconfiar de él.
Pero el enemigo estaba dentro de su propia casa.
Y ahora...
ya no sabía en quién confiar.
🖤 Palabras de la autora
Gracias por llegar al capítulo 14. 🖤
La historia vuelve a ponerse peligrosa.
Valentina acaba de descubrir que alguien cercano a su familia está trabajando con sus enemigos, mientras Dante descubre que existe un plan para separarla de sus bebés.
Pero ahora aparece una nueva pregunta:
¿Quién está enviando esos mensajes a Valentina?
Y, sobre todo...
¿Puede confiar realmente en Dante?
Gracias por seguir leyendo y acompañando a en esta historia.
Zahira#🖤