Un mafioso enamorado de una estudiante universitaria, ella es de una familia acomodada.
el tiene una empresa legal y aparte sus negocios ilegales.
ella es una chica curvy, el es alto y guapo
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capitulo 23: Seis de la mañana y tú a mi lado
📖 Capítulo 23: Seis de la mañana y tú a mi lado
💬 Verónica — Primera persona
Miré el reloj en la pared y mis ojos se abrieron de golpe.
—¡Casi la una de la mañana! Tengo que irme ya, mañana entro a las siete a clases. No quiero llegar tarde el primer día de exámenes.
Rafael se levantó enseguida y tomó mi mano entre las suyas.
—Te llevo. No hay discusión.
—A mi casa, ¿eh, Rafael? Directo a mi casa.
Me miró con esa media sonrisa que a veces me pone nerviosa y otras me derrite por completo.
—A tu casa, obvio. ¿Qué pensaste? —apretó suavemente mis dedos—. Aunque… podríamos pasar por un café rápido. Solo uno. No quiero que te vayas todavía.
—Ya no, por favor. Mañana tengo que estar despierta a las seis. Mejor descansas tú también con tu mamá, que hace apenas se reencontraron. Quédense juntos.
Suspiró y me envolvió en un abrazo cálido.
—Está bien. Mañana te veo. Pero te advierto: se me va a hacer eterno hasta entonces.
—Voy en mi coche, ¿de acuerdo? Así no pierdes el tiempo regresando tú también. Quédate aquí con ella.
Me tomó del brazo con firmeza, aunque sin lastimarme.
—Ni hablar. Vamos en mi auto. Tu coche lo recogemos mañana. Mamá, ¡me llevo a Verónica! Nos vemos mañana.
—Con cuidado, hijos —le respondió ella desde la puerta con una sonrisa tierna.
Me jaló suavemente hacia su vehículo y abrió la puerta para mí.
—Rafael, en serio… mañana paso yo por mi coche. No tienes que madrugar por mí.
Me miró fijamente a los ojos, y su mirada era tan intensa que casi me olvido de respirar.
—Mañana paso por ti a las seis y media. Puntual. No te tardes.
—Amor, ¿en serio? A esa hora no has de haber despertado nadie. Vas a andar como zombi todo el día. Podemos vernos en la tarde, ¿no?
Apretó los puños levemente y me acorraló suavemente contra la puerta del auto, sin acercarse demasiado, lo suficiente para sentir su calor.
—¿Por la tarde? Ni hablar. Quiero verte antes de que empiece tu día. Quiero ser lo primero que veas al despertar.
—Te espero en la entrada de la universidad. Y cuando termine mis exámenes me voy directo a casa. No te preocupes por mí.
—Te llevo y te traigo. Fin de la discusión. No me hagas insistir.
—Jajajaja… jamás te ganaré, ¿verdad? Siempre sales con la tuya.
Me besó con fuerza, como si quisiera grabarse en mis labios hasta mañana.
—Nunca. Sube, antes de que cambie de opinión y te lleve a mi casa en lugar de a la tuya. Y no estoy bromeando del todo.
Me subí de prisa, riendo.
—Vámonos, vámonos, que me conoces y sabes que soy capaz de bajarte y caminar.
Arrancó el auto con una sonrisa traviesa.
—Sería lo mejor. Así no te dejaría ir.
—¡Nooooo! No es broma, Rafael, llévame a mi casa.
Frenó bruscamente en el semáforo y me miró con una ceja alzada.
—¿Preferirías que sí te lleve a mi casa? Solo dime la palabra…
—¡Rafael! Vamos a hacer un trato —le dije tocándole el brazo—. Hoy me llevas directo a mi casa. Mañana que me lleve el chófer de mi papá a la universidad. Y cuando salgas tú por mí, me llevo una maleta con ropa para dejar en tu departamento. Así no tienes que madrugar tanto y nos vemos igual al salir. ¿Qué dices?
Sonrió de esa forma que me hace sentir que he ganado y perdido al mismo tiempo.
—Mejor. Así está bien. Pero no se te ocurra olvidar esa maleta.
—No se me olvidará, te lo prometo.
Llegamos a mi casa. Me bajé y me acerqué a su ventanilla.
—Avísame cuando llegues a tu casa, ¿sí? No quiero que andes manejando cansado sin que nadie sepa si llegaste bien.
Me tomó de la muñeca antes de que pudiera alejarme. Me jaló suavemente hacia él y me besó profundamente, despacio, haciendo que se me olvidara respirar.
—No creas que esto termina aquí. Mañana a las seis y media. Más vale que estés lista esperándome en la puerta. No me hagas subir por ti.
—Amor, déjame que me lleve el chófer. Descansa, por favor. Mañana nos vemos igual.
Me miró con esa determinación que ya conozco tan bien.
—A las seis y media. No llegues tarde. Y no intentes esconderte. Sé dónde vives.
—Está bien, está bien… A esa hora estaré ahí. Solo tú y yo. Buenas noches, mi amor. Te amo.
—Te aviso cuando llegue. Descansa, princesa.
Entré a mi casa con el corazón todavía latiéndome rápido, sonriendo como una tonta. Qué efecto tiene este hombre en mí…
☀️ A la mañana siguiente
Desperté de golpe al escuchar que abrían la puerta de mi habitación. Miré el reloj y me froté los ojos.
—¿Buenos días? ¿Qué hora es? ¿Cómo entraste aquí?
Ahí estaba él, con una bolsa de papel en una mano y un termo en la otra. Lo dejó en mi escritorio con cuidado.
—Son las seis y diez. Tienes diez minutos para bañarte, vestirte y bajar. Tenemos que irnos. Tu papá me dejó entrar. Dijo que ya te esperaba abajo. Así que deja de mirarme así y muévete, que desayunas en el camino.
Me metí al baño riendo entre dientes. ¡Son imposibles los dos! Pero qué agradecida estoy de que se lleven tan bien.
Salí lista en ocho minutos. Me tomó de la mano y me llevó directo al auto.
—Muero de sueño… —me quejé bostezando mientras me abrochaba el cinturón.
Me acomodó una almohada suave sobre su hombro y arrancó el motor.
—Duerme un ratito. Ya te despierto cuando lleguemos. Pero en mi penthouse te quedas hoy, ¿de acuerdo? No me hagas caso, solo quiero tenerte cerca.
—No puedo, tengo exámenes todo el día. Y necesito concentrarme. Llévame a la uni, por favor.
Suspiró con resignación pero me acarició la pierna.
—Está bien. Pero en cuanto salgas del último examen, te vienes conmigo. Sin excusas.
—Sí, sí… pero se me olvidó la maleta, amor. Estaba tan ocupada despertándome que no me acordé de ella.
Frenó en seco en la esquina de mi calle. Me miró con esa mezcla de enojo y ternura que solo él sabe poner.
—¿Olvidaste tu maleta? Verónica, no juegues conmigo. No me gusta que me des la palabra y luego no cumplas.
—¡No es a propósito! Tú me estabas apurando. Ni modo, mañana me la llevo. ¿Vamos o voy a llegar tarde?
Suspiró y siguió conduciendo.
—Después de clases paso por ti y por la maleta. Y no acepto un no por respuesta.
—Puedes ir tú por ella mientras estoy en el examen, ya tienes llaves, ¿no? Así no pierdes tiempo esperándome. Mi papá no se va a asustar si te ve entrar a buscar algo.
—Tu padre no es el problema —apretó el volante levemente—. El problema es que quiero verte. Quiero recogerte a ti, no solo una maleta.
—Está bien, pero si llegas antes de que salga, pásala por favor. No me hagas salir corriendo. Y recuerda: no puedo quedarme contigo esta noche. Tengo que estudiar.
Me miró de reojo con una sonrisa pícara.
—No necesitas ropa. Te compro todo lo que necesites. Una maleta no es excusa.
—¿Me vas a comprar ropa? ¿De verdad? —le dije sorprendida—. Pero si nos peleamos y dejo de ir, todo se queda ahí. Quiero tener mis propias cosas.
Me tomó la mano con firmeza.
—Nunca nos vamos a pelear tanto que te vayas. Y todo lo que sea tuyo, estará donde tú estés. Y tú estarás conmigo. Siempre. Nunca te dejaré ir. ¿Me oíste? Eres mía y no te suelto. Jamás.
—¿Lo prometes? ¿Pase lo que pase, siempre hablamos las cosas?
—Te lo prometo. Con mi vida si es necesario. Nada ni nadie nos separa. Ni tus miedos ni mis demonios. Juntos podemos con todo.
Llegamos frente a la universidad. Me miró el reloj.
—Tienes cinco minutos. Corre. O te llevo en brazos hasta tu salón. No estoy bromeando.
—¡Llévame jajajaja! —le dije abriendo la puerta.
Me tomó por la cintura y me alzó en brazos antes de que pudiera bajar.
—Vamos entonces. Si llegas tarde es culpa tuya por aceptar.
—¡Bájame, por favor! Ya llegué, puedo caminar sola —le pedí riendo mientras me ponía en el suelo con suavidad.
—Caminas rápido entonces. Tienes tres minutos para cruzar hasta la puerta. ¡Corre!
Empecé a caminar rápido y me detuve a unos pasos de él.
—¡Te amo, Rafael Mendoza! —le grité con una sonrisa enorme.
Se quedó ahí parado, mirándome como si fuera lo único que importaba en el mundo, y sonrió de vuelta.
—Yo más. Muchísimo más. Nos vemos a la salida. No me hagas esperar.
Corrí hacia mi salón con el corazón lleno de alegría, sabiendo que al final del día, él estaría ahí esperándome. Y eso… eso lo hace todo diferente.
CONTINUARÁ ✨