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Desafiando Al Rayo

Desafiando Al Rayo

Status: En proceso
Genre:Época / Reencarnación / Mundo mágico / Edad media
Popularitas:8.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Juna C

Elena nunca pensó que la vida le daría otra oportunidad… pero en el cuerpo de Elyria Montclair la villana del libro que acababa de leer. Mientras intenta adaptarse, su inteligencia aguda y espíritu indomable chocan con el carácter impecable y enigmático de Alaric Blackthorn.

NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sonrisa falsa

En una mansión abandonada, oculta entre sombras y polvo, una figura encapuchada estalló en furia.

—¡Malditos…! —rugió, arrojando una mesa contra el suelo—. ¿Por qué siempre tienen que intervenir ellos?

Los restos de muebles yacían esparcidos mientras la figura respiraba agitadamente.

Alaric Blackthorn.

Elyria Montclair.

Solo pronunciar esos nombres le encendía la sangre.

Todo había sido perfecto.

Las bestias obedecieron.

El momento era el indicado.

La reina y la princesa estaban expuestas.

Y aun así… habían fracasado.

—Si hubiera muerto la reina… —murmuró con odio— el rey habría perdido la cabeza. El reino se habría debilitado. Habría sido tan fácil avanzar después…

Apretó los puños bajo la capa, las uñas clavándose en la piel.

Pero entonces, poco a poco, su respiración se calmó.

Una risa baja escapó de sus labios… y luego otra, más clara, más perturbadora.

—No importa —susurró—. Aún tenemos otra carta.

Alzó el rostro, y aunque su expresión permanecía oculta, la malicia era evidente.

—Esta vez no perderé.

Se giró hacia la oscuridad de la estancia, donde un antiguo símbolo estaba grabado en la pared.

—Primero… debo recuperar el objeto perdido.

—El que se encuentra en las tierras Montclair.

La risa volvió a resonar, retorcida.

—Cuando lo tenga… —murmuró— seré invencible.

Alaric y Elyria regresaron a la mansión sin escoltas innecesarios. La noche ya había caído por completo, envolviendo el lugar en un silencio espeso.

Apenas cruzaron el umbral, Alaric se giró hacia ella, la expresión dura, contenida.

—No vuelvas a hacer algo así —dijo de golpe.

Elyria parpadeó, sorprendida por el tono.

—¿Algo así como salvar a la reina y a la princesa? —preguntó con falsa inocencia.

Él apretó la mandíbula.

—Exponerte —corrigió—. Lanzarte al frente sin saber qué más podía aparecer. Pudo salir mal.

Ella lo observó unos segundos, evaluándolo. Luego sonrió despacio.

—¿Estás preocupado por mí, Archiduque?

Alaric no apartó la mirada.

—Sí.

Una sola palabra. Firme. Sin rodeos.

Elyria sintió cómo algo cálido se le instalaba en el pecho. Ladeó la cabeza, divertida, satisfecha.

—Vaya… —murmuró—. Eso sonó peligrosamente sincero.

Alaric dio un paso hacia ella.

—No me hagas repetirlo —dijo en voz baja—. No pienso perderte por una imprudencia.

Ella alzó una ceja, claramente complacida.

—Entonces será mejor que te acostumbres —respondió—. No soy de quedarme atrás.

Por un instante quedaron muy cerca. Demasiado.

La tensión no era incómoda. Era familiar. Eléctrica.

—Descansa —dijo él finalmente—. Mañana hablaremos.

Elyria pasó a su lado, rozándolo apenas a propósito.

—Buenas noches, Archiduque —susurró.

Y mientras se alejaba, Alaric supo una cosa con absoluta certeza:

Esa mujer era un peligro.

Y no pensaba alejarse de ella.

Días después del ataque en el palacio, una nueva carta con el sello real llegó a la mansión Blackthorn.

Alaric la leyó con atención, el ceño fruncido desde la primera línea.

—Es del palacio —dijo—. Y confirma algo interesante… Darían no estaba equivocado.

Elyria dejó lo que estaba haciendo y se acercó.

—¿Encontraron algo nuevo?

—Algo que conecta con lo que tu hermano ya había descubierto —respondió Alaric, entregándole la carta—. Esta vez no ignoraron sus informes.

Elyria leyó con atención.

La carta explicaba que, retomando la investigación previa realizada por Darían Montclair, se confirmó que los barones Crowlell no mostraban actividades sospechosas directas.

Ni movimientos financieros extraños.

Ni alianzas visibles.

Nada que justificara una acusación abierta.

Demasiado limpios.

—Tal como Darían dijo desde el principio… —murmuró Elyria—. Los padres no eran el problema.

—Exacto —asintió Alaric—. Pero ahora apareció una nueva pieza.

La carta continuaba.

Hacía poco, una mujer había ingresado al palacio como doncella. No levantó sospechas al inicio. Sin embargo, al ser vigilada discretamente, se descubrió que salía del palacio por las noches.

Siempre con cuidado.

Siempre sin escolta.

Y siempre con el mismo destino.

La mansión Crowlell.

Elyria cerró la carta despacio.

—Así que alguien está usando la casa Crowlell como punto de contacto —dijo—. No significa que los barones estén implicados… pero sí que alguien dentro de esa mansión lo está.

—Eso mismo concluyó Darían en su momento —añadió Alaric—. Y hubo una sola persona que llamó su atención.

Elyria levantó la mirada.

—Amelia.

—Salidas poco claras. Cambios bruscos de actitud. Momentos en los que desaparecía sin explicación —enumeró—. No había pruebas suficientes, así que Darían no avanzó más… pero ahora, con esto, todo encaja demasiado bien.

Elyria apoyó los dedos sobre la mesa, pensativa.

—Si esa doncella iba allí —dijo—, no buscaba a los barones. Buscaba a alguien que pudiera moverse sin levantar sospechas.

—Por eso el rey solicita cooperación directa —continuó Alaric—. Tú, yo… y el príncipe heredero. Una visita “cordial”.

Elyria sonrió de lado.

—Una cortesía armada.

Alaric la miró con seriedad.

—Quiero que tengas cuidado. Si Amelia está involucrada, no es impulsiva. Ha sabido esconderse incluso de Darían.

—Entonces —respondió Elyria con calma—, significa que por fin vamos a obligarla a cometer un error.

El príncipe heredero llegó a la mansión Blackthorn sin previo aviso, escoltado solo por un par de guardias.

—Espero no interrumpir —dijo apenas lo anunciaron.

—Nunca —respondió Alaric, serio—. Supongo que no vienes solo a tomar té.

El príncipe sonrió de lado.

—Tenemos una visita que hacer.

Elyria alzó una ceja, interesada.

—¿La mansión Crowlell?

—Exacto —asintió—. El plan es simple. Diremos que venimos por asuntos comerciales menores. Nada que levante sospechas. Mientras tanto, observamos.

—Y escuchamos —añadió Alaric.

Minutos después, los carruajes partieron.

La mansión Crowlell los recibió con una fachada impecable. Jardines cuidados, criados atentos, y una sensación incómoda de normalidad.

Demasiada.

Los barones Crowlell los recibieron personalmente.

—¡Alteza! Qué honor —dijo el barón con una sonrisa afable—. Archiduque Blackthorn, Lady Montclair… es un placer inesperado.

—Esperamos no ser una molestia —respondió el príncipe con diplomacia—. Solo unos asuntos que creímos oportuno tratar en persona.

Los condujeron al salón principal. Alaric observaba con atención: la disposición de los muebles, las entradas, las ventanas, incluso los pasillos laterales.

Nada fuera de lugar.

Nada sospechoso.

—Demasiado limpio… —pensó.

Entonces, unos pasos suaves anunciaron otra presencia.

—Oh, qué sorpresa tan agradable.

Amelia apareció con un vestido claro y una sonrisa perfecta. Demasiado perfecta.

—No esperaba visitas tan distinguidas —dijo, inclinándose apenas—. ¿A qué debemos el honor?

Sus ojos se posaron un segundo de más en Elyria.

—Lady Montclair —añadió con falsa cercanía—. Qué gusto verte otra vez.

—Señorita Crowlell —respondió Elyria con cortesía fría—. Veo que gozas de buena salud.

Ni una sonrisa.

Ni un gesto extra.

Amelia parpadeó apenas, pero mantuvo la compostura.

Mientras conversaban sobre negocios triviales, el príncipe heredero hizo un gesto casi imperceptible. Uno de los guardias se retiró discretamente hacia el exterior de la mansión.

Alaric lo notó. Amelia también.

Desde ese momento, no dejó de observarlos.

Cada movimiento.

Cada palabra.

Cada silencio.

Elyria lo percibió y decidió probar algo.

—Debo decir —comentó con tono ligero— que esta mansión es impresionante. Tan… tranquila. Ideal para alguien que aprecia la discreción.

Los ojos de Amelia brillaron apenas.

—La tranquilidad es un lujo —respondió—. Especialmente en tiempos tan… inestables.

—Sí —continuó Elyria, mirándola fijamente—. Sobre todo cuando hay personas que prefieren actuar desde las sombras.

Un silencio breve, casi imperceptible, se instaló.

Amelia sonrió.

—No sabría decirte —dijo con suavidad—. Yo prefiero que las cosas sean claras.

Pero sus dedos se apretaron un segundo sobre la taza de té.

Alaric lo vio.

El príncipe también.

No había pruebas.

No había errores evidentes.

Pero algo en Amelia no encajaba.

Y lo sabía.

Amelia fue la primera en romper el hilo de la conversación, como si nada pesara sobre el ambiente.

—He oído rumores… —dijo con aparente preocupación—. Sobre el ataque contra la emperatriz y la princesa. Qué desafortunado que algo así les ocurriera.

Las tazas se detuvieron a medio camino.

El príncipe heredero alzó la vista con calma estudiada.

—Sí —respondió—. Muy desafortunado.

En ese instante, uno de los guardias regresó con paso rápido y se inclinó para susurrar algo al oído del príncipe. Su expresión cambió apenas, lo justo.

—¿Qué ocurre? —preguntó el barón Crowlell, confundido.

El príncipe no respondió de inmediato. Miró a Elyria. Luego a Alaric.

—Han encontrado un sótano —dijo—. No muy lejos de la mansión principal. Oculto.

Elyria y Alaric se levantaron al mismo tiempo.

Amelia también lo hizo, demasiado rápido.

—¿Un sótano? —repitió la baronesa—. No teníamos conocimiento de—

—Será mejor verlo —interrumpió el príncipe con firmeza.

Los barones se miraron entre sí, visiblemente desconcertados. Amelia, en cambio, había perdido parte de su ligereza. Su sonrisa seguía allí… pero su mirada se había oscurecido.

Salieron de la mansión y se dirigieron hacia una zona poco transitada del terreno. El sendero estaba cubierto de maleza, como si nadie pasara por allí desde hacía tiempo.

—Este lugar… —murmuró Elyria—. Es perfecto para esconder algo.

Cuando llegaron frente a una puerta vieja, semioculta entre arbustos, Amelia se adelantó de golpe.

—Esa zona solo se usa para guardar utensilios de limpieza —dijo, colocándose delante—. No hay nada interesante ahí.

Alaric la miró con frialdad.

—Apártate.

Su tono no admitía réplica.

La puerta se abrió.

Un olor denso, antinatural, escapó del interior. Era el mismo.

La misma sensación que precedía a la aparición de las bestias.

Los tres se pusieron en guardia al instante.

Cuando estaban por avanzar, el príncipe heredero se detuvo y giró lentamente hacia Amelia.

—Hay algo que no encaja —dijo con voz peligrosa—. El ataque contra la emperatriz y la princesa no se ha hecho público. La información está restringida mientras investigamos.

El silencio cayó como una losa.

—Así que dime —continuó—. ¿Cómo sabías tú lo que ocurrió?

La sonrisa de Amelia se tensó.

—No sé de qué habla, Alteza —respondió—. Tal vez malinterpretó mis palabras.

—Deja de actuar —intervino Elyria, mirándola sin rastro de cordialidad—. Ya no tiene sentido.

Amelia las observó unos segundos. Luego, lentamente… sonrió.

Una sonrisa distinta. Vacía.

—Oh… qué descuidada de mi parte —dijo con ligereza—. No pensé que reaccionarían tan rápido.

Los barones retrocedieron, pálidos.

—¿Amelia…? —susurró la baronesa.

—Ya es tarde —continuó ella—. Ataquen.

El suelo tembló.

Desde el sótano emergieron varias bestias a toda velocidad, lanzándose contra ellos. No eran tan grandes ni poderosas como las anteriores, pero eran rápidas, feroces, suficientes para forzarlos a reaccionar.

—¡Protejan a los barones! —ordenó el príncipe, desenvainando su espada.

Alaric invocó su magia al instante. Elyria levantó un muro de viento.

En medio del caos, Amelia retrocedió.

Nadie lo notó hasta que fue demasiado tarde.

Cuando las bestias fueron finalmente destruidas y el silencio volvió a caer… Amelia ya no estaba.

Solo quedaba la certeza de una cosa.

—Escapó —dijo Elyria con el ceño fruncido.

Alaric apretó los puños.

—Pero ya no puede esconderse.

El príncipe heredero miró el sótano, luego el terreno, luego el cielo.

—Ahora sabemos quién mueve los hilos —dijo—. Y esto… apenas comienza.

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Johann
👏👏👏👏👏❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
que el Richard ese tratara de vengar a su zorrita y terminará sin cabeza, y que esos dos ya se declaren jajajja ellos se ve que derrochan amor 😻
Johann
❤️❤️❤️❤️👏👏👏👏
Johann
👏👏👏👏👏❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
Dios cada capítulo se vuelve mejor que el anterior que emoción aaaaah.
autora preguntaaa: la prota se está cuidando verdad? no queremos bebé todavía o si?? 👀👀👀👀
Juna: Aaa muchas gracias 🥹💖 de verdad me hace muy feliz leer esto.
total 4 replies
Johann
❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
espere todo el día por esta hermosa historia jajjaj no me arrepiento de nada 😻😻
Johann
❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
jajajajjaja celos de tus ojos cuando miras a otro chico, tengo celos, celos de tí 👀🎵🎶🎶🎵🎵 ajjajajajja
Flor R
Amelia solita está buscando su tumba
Mauge Albornoz Diaz
me encanta cada capítulo mejor q el anterior
Mauge Albornoz Diaz
está muy buena la historia me encanta
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
autora eso no es justo, como nos vas a dejar asiii 😭😭😭😭😭😂😂😂😂😂
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
Dios, que albino más hermoso, precioso, divino, papasito, está como el pan, bien bueno 🫦🫦🫦🫦😻😻😻/Drool//Drool//Drool/
Johann
👏👏👏👏🥰🥰🥰🥰
Lena
La protagonista de esa novela: la mosquita muerta esa
Flor R
sus modos son explosivos pero ya encontrarán un punto intermedio ☺️☺️☺️☺️😊
Nella Reyes
yo me apunto para madrastra... ese duque esta para soñar
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
dejame decirte autora, q me encanta la historia, la manera en la que relatas y escribes es impresionante a pesar de que mencionaste de q está era la primera historia que te animabas a escribir 📖✨❤️📚
Johann
👏👏👏👏
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