Alina siempre creyó que era una chica común, hasta que una noche de primavera un encuentro inesperado en el campo de cerezos cambió su vida para siempre.
Un extraño de mirada intensa comienza a aparecer entre las sombras del bosque. Él guarda secretos, conoce peligros que nadie en el pueblo imagina y parece estar ligado a algo que despierta una inquietud desconocida dentro de ella.
Pronto, sueños extraños, aullidos en la noche y recuerdos que nunca vivió empiezan a perseguirla. Mientras intenta descubrir quién es realmente Kael, Alina también deberá enfrentarse a una verdad que su propio padre le ocultó durante años.
Entre cerezos, luna llena y secretos de sangre, Alina descubrirá que algunas primaveras no solo traen flores… también despiertan destinos dormidos.
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Capitulo 23: El llamado
El eco del aullido siguió vibrando en el valle.
Alina permanecía inmóvil.
Le costaba respirar.
Sentía el pecho subir y bajar con fuerza, mientras algo antiguo parecía moverse bajo su piel. No era dolor. No era exactamente miedo.
Era una sensación extraña.
Como si una puerta que había permanecido cerrada toda su vida acabara de abrirse.
El viento levantó los pétalos alrededor de la colina.
Nadie hablaba.
El hombre de cabello blanco la observaba con una intensidad inquietante.
Kael seguía a su lado.
Aunque no la tocaba, Alina podía sentirlo.
Su presencia.
Su tensión.
Su voluntad de permanecer allí.
—¿Qué es el llamado? —preguntó al fin.
Su voz salió baja, pero firme.
El desconocido tardó unos segundos en responder.
—Es una memoria viva.
El corazón le dio un golpe.
—No entiendo.
—No pertenece a una sola persona —continuó—. Pertenece al linaje.
La mujer del bastón bajó la voz.
—No deberías estar diciendo esto.
El hombre ni siquiera la miró.
—Ya despertó. No sirve seguir ocultándolo.
El aire parecía volverse más frío.
Alina apretó las manos.
—Explícate.
Él dio un paso lento hacia delante.
Kael se movió de inmediato.
—No.
El desconocido se detuvo.
—No vine a luchar.
Luego volvió a mirar a Alina.
—El llamado es lo que une la sangre de luna con los primeros guardianes.
El latido bajo su piel respondió.
Más profundo.
Más claro.
—Cuando despierta —continuó—, el bosque escucha.
El valle quedó en silencio.
—Los lobos sienten su presencia.
El pecho de Alina se apretó.
—Y algunos… obedecen.
Las palabras le helaron la sangre.
—¿Obedecen?
El hombre asintió lentamente.
—No como a un alfa.
—Entonces ¿cómo?
Sus ojos oscuros no se apartaron de ella.
—Como a un origen.
El aire pareció desaparecer.
Lyra retrocedió apenas.
Su padre permanecía inmóvil.
Kael la miró de reojo, como si también estuviera intentando entender aquello.
—Eso es imposible —dijo.
La mujer del bastón respondió esta vez.
—Por eso la escondieron.
El corazón de Alina golpeó con fuerza.
—¿Mi madre sabía esto?
—Sí —dijo el hombre de cabello blanco.
La garganta se le cerró.
—Entonces ella sabía lo que yo era.
—Lo sabía.
—¿Y por eso se entregó?
El silencio se volvió pesado.
—Sí.
La respuesta la atravesó.
Toda su vida había pensado que su madre había desaparecido.
Después descubrió que la había protegido.
Y ahora entendía algo todavía más profundo.
Su madre había sabido exactamente qué podía despertar en ella.
Y aun así eligió salvarla.
—¿Por qué todos me buscan? —preguntó en voz baja.
La mujer del bastón sostuvo su mirada.
—Porque si el llamado madura…
Darian habló por primera vez.
—Cambiará el equilibrio.
Su voz era fría.
Pero había algo distinto en ella.
Algo parecido a respeto.
O cautela.
Alina volvió lentamente la cabeza hacia él.
—¿Eso es lo que quieres?
Darian no respondió de inmediato.
La luna iluminaba su rostro.
—Quiero entender qué eres.
El corazón le dio un golpe seco.
—¿Y mi madre?
Él guardó silencio.
Kael avanzó un paso.
—No la mires.
Pero Alina no apartó la vista.
—Respóndeme.
Darian sostuvo su mirada durante unos segundos.
—Tu madre eligió callar incluso cuando sabía que estaba perdiendo fuerzas.
El pecho se le apretó.
—¿Está sufriendo?
No hubo respuesta.
Y eso dolió más.
El hombre de cabello blanco volvió a hablar.
—Por eso debes venir con nosotros.
—No —dijo Kael de inmediato.
—No decides tú.
La tensión regresó de golpe.
El aire parecía cargado.
Alina sentía el pulso bajo la piel.
El bosque.
Los árboles.
La tierra.
Todo parecía más cercano.
Más presente.
Y entonces ocurrió.
Un sonido distinto atravesó la noche.
Leve.
Lejano.
Un crujido de ramas.
Después otro.
Kael giró la cabeza.
—Hay movimiento.
Lyra también se tensó.
—No son ellos.
La mujer del bastón alzó la mirada hacia la oscuridad.
Por primera vez pareció alarmada.
—No…
El corazón de Alina se aceleró.
—¿Qué pasa ahora?
El hombre de cabello blanco entrecerró los ojos.
—Llegaron demasiado pronto.
Una sombra se movió entre los árboles.
Luego otra.
Y otra más.
Pero esta vez no eran figuras humanas.
Eran lobos.
Grandes.
Oscuros.
Silenciosos.
Al menos seis.
No corrían.
No atacaban.
Solo descendían hacia la colina.
El aire se volvió irreal.
Kael dio un paso hacia Alina.
—Quédate detrás de mí.
Pero ella no podía moverse.
Porque en el instante en que el primero levantó la cabeza…
la miró.
Y se inclinó.
Luego el segundo.
Y el tercero.
Uno a uno.
Como si reconocieran algo.
Como si estuvieran respondiendo.
El corazón de Alina se detuvo por un instante.
—No puede ser —murmuró Lyra.
El hombre de cabello blanco bajó la voz.
—Ya empezó.
La respiración de Alina se volvió corta.
—¿Qué está pasando?
La respuesta llegó en un susurro.
—El bosque te ha escuchado.
Y, en medio del silencio, uno de los lobos dio un paso al frente.
En su cuello brillaba una marca de media luna.
La misma marca que había visto en Lyra.