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La Heredera Que Debia Morir

La Heredera Que Debia Morir

Status: En proceso
Genre:Época / Brujas / Reencarnación
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: sterlina

interesante

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CAPITULO 22-La heredera al fin nombrada.

El ducado no amaneció igual.

El aire, que durante años había estado cargado de rumores, silencios incómodos y verdades ocultas… ahora parecía contener una expectación distinta. Más densa. Más viva.

Ese día, nadie trabajaba con normalidad.

Los sirvientes susurraban.

Los guardias se mantenían más rectos de lo habitual.

Y en el gran salón… todo estaba listo.

Sacha permanecía de pie frente a las enormes puertas.

Su vestido era sencillo, pero impecable.

No llevaba joyas ostentosas.

No las necesitaba.

Porque lo que estaba a punto de recibir… no se adornaba.

Se reclamaba.

A su lado, Sofía mantenía la postura firme, aunque sus ojos no podían ocultar del todo la emoción contenida.

—Respira —murmuró suavemente.

Sacha no respondió.

No porque no quisiera.

Sino porque no lo necesitaba.

Ella no estaba nerviosa.

Estaba… lista.

Las puertas se abrieron.

Y el salón entero se levantó.

Nobles, administradores, caballeros… todos giraron la vista hacia ella.

Al fondo, sobre una plataforma elevada, un representante imperial sostenía un pergamino sellado con el emblema del emperador.

El silencio cayó como una sentencia.

—Por orden directa del emperador…

El eco de su voz llenó cada rincón.

—Se reconoce oficialmente a Sacha Echeverría como la legítima heredera del Ducado Echeverría.

Un murmullo recorrió la sala.

Pero nadie se atrevió a interrumpir.

—Hija de sangre legítima… despojada injustamente de su lugar… y ocultada bajo falsas identidades.

Los ojos comenzaron a girarse.

Hacia los antiguos duques.

Ellos estaban de rodillas.

Sin títulos.

Sin orgullo.

Solo… expuestos.

—Por el crimen de usurpación de linaje… y por haber ocultado deliberadamente a la heredera legítima…

El pergamino se desenrolló completamente.

—Se les despoja de todos sus títulos, propiedades y privilegios.

Un golpe seco.

Como si algo invisible se quebrara.

La duquesa bajó la cabeza.

El duque apretó los dientes.

Pero no hubo protesta.

No podían permitírselo.

—Serán puestos bajo custodia imperial hasta que se determine su destino final.

Dos guardias avanzaron.

Y el pasado… fue retirado de la sala.

Sin ceremonia.

Sin dignidad.

Sacha no los miró.

Ni una sola vez.

Porque su historia con ellos… ya había terminado.

—A partir de este momento —continuó el representante—, el ducado queda bajo la administración directa de la señorita Sacha Echeverría.

Una pausa.

—Debido a su edad, Su Majestad ha designado a Lady Sofía como tutora oficial de Sacha y Simone… así como encargada del ducado en conjunto con el mayordomo jefe.

Sofía inclinó la cabeza.

Pero esta vez… no como sirvienta.

Sino como autoridad.

—Hasta que la heredera alcance la mayoría de edad.

El pergamino fue sellado nuevamente.

—Que quede registrado.

El silencio duró apenas un segundo más.

Y luego…

Todos se inclinaron.

—Salve a la heredera.

No fue un grito.

Fue algo más poderoso.

Fue aceptación.

Fue reconocimiento.

Fue… verdad.

Sacha permaneció inmóvil.

Pero en sus ojos… algo cambió.

No era orgullo.

No era alegría.

Era… peso.

Responsabilidad.

Y algo más profundo.

—Ahora empieza todo…

Susurró apenas.

Los días siguientes trajeron un nuevo ritmo al ducado.

Más ordenado.

Más vigilado.

Pero también… más justo.

Sofía se movía con precisión absoluta entre documentos, reuniones y decisiones.

El mayordomo, siempre impecable, ejecutaba cada orden con eficiencia.

Y Sacha…

Observaba.

Aprendía.

Intervenía… cuando era necesario.

No hablaba mucho.

Pero cuando lo hacía… nadie la ignoraba.

En la habitación más tranquila del ala este…

Simone seguía recuperándose.

La luz entraba suavemente por la ventana.

Y el ambiente ya no era pesado.

Era… cálido.

Edward estaba sentado junto a ella, como casi todos los días.

—Hoy respiras mejor… —murmuró.

No esperaba respuesta.

Pero aun así… hablaba.

A veces cosas simples.

A veces silencios compartidos.

La puerta se abrió con suavidad.

Y esta vez… no fue Sacha.

Fue Domini.

Se apoyó en el marco, observando la escena.

—Sigues viniendo.

Edward no se giró.

—No pienso dejar de hacerlo.

Domini sonrió levemente.

—Interesante.

Sus ojos pasaron de él… a Simone.

—Despierta pronto, niña… —murmuró.

Luego, sin más, se retiró.

Los príncipes continuaron visitando el ducado.

Más de lo que la corte consideraba “adecuado”.

Pero nadie se atrevía a cuestionarlo.

No después de lo ocurrido.

No después de que el emperador hablara.

Pero no todo era calma.

Lejos del ducado…

En un lugar donde la luz no entraba con facilidad…

El templo ya había recibido la noticia.

Y no lo tomó con sorpresa.

La tomó… como confirmación.

—Así que ya la han reconocido oficialmente…

La voz era fría.

Calculadora.

Una figura permanecía de pie frente a un mapa extendido.

—Eso solo la hace más valiosa.

Otra figura avanzó desde las sombras.

—¿Activamos el protocolo de captura?

Silencio.

Pensamiento.

Estrategia.

—No.

La respuesta fue inmediata.

—No aún.

Un dedo descendió sobre el mapa.

Justo donde se encontraba el ducado.

—Primero… debilitamos su entorno.

—Aislamos.

—Confundimos.

—Observamos.

Levantó la mirada.

—Y cuando crea que está a salvo…

Una leve sonrisa.

Sin calidez.

—La tomamos.

En una esquina más oscura del templo…

Alguien observaba en silencio.

El espía.

Su respiración era contenida.

Su mirada… alerta.

Sabía demasiado.

Y por eso…

No podía volver.

—Si el emperador me encuentra… estoy muerto…

Susurró.

Pero no huyó.

No esta vez.

Porque aquí…

Tenía algo que ofrecer.

—Puedo ayudar…

Dijo al vacío.

Y las sombras… escucharon.

De regreso en el ducado…

Sacha estaba sola en el balcón.

La noche cubría todo.

Pero sus ojos… no estaban en la oscuridad.

Estaban más allá.

—Ya empezaron a moverse…

Murmuró.

No tenía pruebas.

No necesitaba.

Lo sentía.

Y una leve sonrisa…

Apenas visible…

Cruzó su rostro.

—Perfecto.

Porque esta vez…

No sería la presa.

Sería quien los esperaría.

Y cuando llegaran…

No encontrarían a una niña.

Encontrarían… un problema.

Uno que no podían controlar.

1
Stephani Rivera
me gusta que estas hermanastras se lleven bien y no como en algunas obras que solo es envidia y odio🥰
Ana Tello
Hermosa historia
Ana Fernandez
el comienzo es interesante, aunque bastante cliché a ver cómo sigue
Stephani Rivera
bueno tiene un comienzo algo peculiar
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