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BAJO LAS ALAS DEL AMOR

BAJO LAS ALAS DEL AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Tras un matrimonio que se desmorona en el silencio y la indiferencia, un encuentro fortuito la sumerge en la vorágine de una pasión que jamás creyó posible. Alejandro, un hombre enigmático y arrollador, emerge de entre las sombras de su pasado, trayendo consigo no solo un amor avasallador, sino también un turbulento secreto que podría destruirlos.

Isabella, una mujer que ha luchado por mantener en pie su independencia y su corazón, se ve arrastrada a un mundo de deseo incontrolable y decisiones prohibidas. A medida que sus cuerpos se entrelazan en encuentros que desafían toda convención, también lo hacen sus almas, forjando un vínculo que es tan peligroso como irresistible. Pero el camino del amor verdadero nunca es sencillo.

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Capitulo 23

Las palabras de Alejandro, esa verdad a medias que había soltado entre el dolor y la desesperación, no habían servido para unirlos más, como él esperaba, sino que habían abierto una grieta profunda entre los dos. Isabella, que había puesto en él toda su fe, su vida y su futuro, se sentía traicionada, no por lo que le había contado, sino por todo lo que seguía callando, por las sombras que aún permanecían ocultas tras sus ojos oscuros.

Los días siguientes fueron extraños, pesados, cargados de un silencio incómodo que antes no existía. Aunque seguían viviendo bajo el mismo techo, aunque seguían durmiendo en la misma cama, una distancia emocional se había instalado entre ellos, invisible pero mucho más fuerte que cualquier pared. Isabella lo miraba y ya no veía solo al hombre valiente y enamorado que la había rescatado; ahora veía también al niño herido que había guardado secretos, al hombre que venía de un mundo oscuro, al hijo de un padre poderoso y peligroso al que apenas conocía.

—¿Hay algo más? —le preguntó una noche, mientras cenaban en silencio, rompiendo por fin esa quietud que le estaba rompiendo los nervios—. Algo que todavía te estés guardando, Alejandro? Porque siento que me has enseñado solo una pequeña parte de un cuadro enorme, y el resto sigue en la oscuridad. Y eso… eso me duele más que cualquier verdad dura.

Alejandro dejó el tenedor sobre el plato, suspiró y se pasó una mano por el rostro, cansado.

—Ya te dije lo más importante, lo que más me pesaba —respondió él con voz suave, pero con esa evasión que ya empezaba a desesperarla—. El resto son solo recuerdos, historias tristes, cosas del pasado que no tienen importancia ahora. Lo único que importa es que estoy aquí, contigo, y que te amo más que a mi propia vida.

—¡Para mí sí tiene importancia! —exclamó Isabella, levantándose de la silla, incapaz de contenerse más—. ¡Tiene importancia porque me hace sentir que no me conoces lo suficiente como para confiarme todo! ¿Cómo puedo luchar a tu lado contra Leonardo si no sé si hay otros enemigos? ¿Cómo puedo amarte plenamente si siento que siempre hay una puerta cerrada en tu corazón que me prohíbes cruzar?

Él se levantó también, intentando acercarse a ella, pero Isabella dio un paso atrás, rechazando su contacto. Ese gesto fue como una puñalada para él.

—No es que te lo prohíba, mi vida… es que intento protegerte. —La voz se le quebró—. Mi historia está llena de cosas feas, de dolor, de maldad. No quiero ensuciar lo nuestro con eso. Tú eres lo único limpio que tengo.

—Pero al ocultármelo, me haces sentir excluida —respondió ella, con los ojos llenos de lágrimas contenidas—. Me haces sentir que no soy tu compañera, sino alguien que hay que cuidar y esconder, como si no fuera capaz de cargar con lo que tú cargas. Y me pregunto… me pregunto si tu amor es tan grande como dices, si no es suficiente para dejarme entrar en todas partes de tu vida.

La duda se había instalado en su corazón y no había forma de sacarla. Isabella miraba sus gestos, sus silencios, sus miradas perdadas, y se preguntaba cuántas más verdades estarían escondidas detrás de esa fachada de fuerza. Se preguntaba si todo lo que habían construido, ese amor que parecía capaz de vencer al mundo, sería lo suficientemente fuerte para resistir la llegada de esas sombras del pasado, sombras que ahora amenazaban con cubrirlos todo.

Lo que más le dolía, y lo que más notaba, era cómo su intimidad se había visto afectada. Antes, el contacto entre ellos era natural, necesario, un lenguaje propio donde se decían todo sin palabras. Se buscaban, se tocaban, se besaban a cada instante, y cuando se unían en la cama, era la entrega absoluta de cuerpos y almas. Pero ahora, algo había cambiado. Había un muro invisible.

Varias noches, Alejandro se acercó a ella, la abrazó por la espalda, besó su cuello con esa ternura que siempre la hacía estremecer, y le susurró palabras de amor. Pero Isabella, aunque deseaba con toda su alma dejarse llevar, aunque su cuerpo respondía instintivamente a su calor, su mente se interponía. En el momento en que sus manos comenzaban a recorrer su piel, en el instante en que la pasión empezaba a despertar, la duda aparecía: ¿Qué más no me dice? ¿A quién más le pertenece este pasado suyo? ¿Qué peligros nos acechan que no conozco?

Y esa duda, ese dolor, esa sensación de no conocerlo del todo, mataba el deseo. Le hacía mantenerse rígida, distante, incapaz de entregarse plenamente como antes.

Una madrugada, después de uno de esos intentos fallidos, donde Alejandro había sentido su frialdad y se había apartado en silencio, Isabella se giró hacia él. Él estaba mirando al techo, con las manos entrelazadas detrás de la cabeza, con una expresión de tristeza infinita en el rostro.

—No es que no te desee, Alejandro —le dijo ella en un susurro, rompiendo el silencio—. Es que… cuando te tengo tan cerca, cuando siento que te tengo todo para mí, me acuerdo de que hay partes de ti que no son mías. Partes que te guardas para ti solo. Y me siento… incompleta. Siento que te abrazo, pero no llego hasta tu corazón del todo.

Él se giró hacia ella, la miró con una mezcla de amor y angustia.

—Te lo estoy dando todo, Isabella. Lo que tengo, lo que soy, lo que me queda… es tuyo.

—Entonces dámelo todo de verdad —le respondió ella, con voz suave pero firme—. Sin reservas. Sin secretos. Porque si no lo haces… me da miedo pensar que este amor, por grande que sea, no va a ser suficiente para sostenernos cuando las sombras lleguen del todo.

Alejandro no respondió. Se limitó a acariciar su mejilla, con una tristeza profunda en la mirada, como si supiera que la verdad completa, cuando saliera por fin a la luz, podría ser demasiado pesada incluso para el amor más grande del mundo.

La grieta estaba abierta, y ahora, ambos sabían que si querían repararla, tendrían que enfrentarse a todo lo que él había pasado toda su vida intentando enterrar. Y el miedo de ambos era que, al desenterrarlo, todo lo que habían construido se derrumbara con ello.

 

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Miriam Ramirez
buenisima autora espero la siguiente historia gracias x compartir su talento un abrazo y asta pronto👏👏👏👏👏👏👏👏🥰 drsde Santiago de Cali Valle
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