En una sociedad donde el apellido lo es todo, Zaira Moretti no es nadie. Es la chica que limpia desastres, la que suma centavos para las medicinas de su madre y la que esconde su talento tras pinceles gastados. Alaric Vanguard, por el contrario, es el dueño del tiempo y el orden.
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Epílogo
...Tres años después....
^^^Omnisciente^^^
El sol de primavera se filtraba a través de los ventanales del solárium en la mansión Vanguard, pero el lugar ya no parecía un museo. Había pinceles olvidados en las mesas de mármol, manchas de pintura en las alfombras persas y un eco de risas que le daba vida a las paredes que antes solo conocían el silencio.
Alaric cerró su portátil. Ya no trabajaba hasta la madrugada; ahora, su agenda tenía un hueco inamovible a las seis de la tarde. Se levantó y caminó hacia el jardín trasero, donde una pequeña estatua de mármol blanco, rodeada de nomeolvides, recordaba en silencio a la vida que no llegó a ser.
Se detuvo un momento allí, dejando una mano sobre el frío mármol. Ya no sentía la agonía de la culpa, sino una melancolía serena. Ese dolor los había moldeado, los había obligado a ser honestos cuando la mentira era más fácil.
—Sabía que te encontraría aquí —la voz de Zaira lo sacó de su introspección.
Él se giró y sonrió. Zaira caminaba hacia él, con el cabello alborotado por el viento y un vestido de lino que bailaba a su alrededor. Se veía radiante, con esa fuerza indomable que seguía siendo el motor de la vida de Alaric.
—Solo le estaba contando cómo va el mundo —respondió Alaric, rodeando la cintura de su esposa con un brazo—. Y cómo su madre sigue siendo la mujer más terca de Nueva York.
^^^Zaira^^^
Apoyé mi cabeza en el hombro de Alaric. A veces me cuesta creer que este hombre, que ahora sabe distinguir entre un óleo y un acrílico y que no teme mancharse las manos, sea el mismo CEO de hielo que conocí en aquel club.
—Mamá dice que Maya quiere estudiar arquitectura —le conté, mirando hacia el horizonte de la ciudad—. Quiere construir casas que no parezcan jaulas. Creo que tú la inspiraste, aunque no quieras admitirlo.
—Yo solo puse los cimientos, Zaira. El diseño fue todo tuyo —me besó en la sien.
Entramos en la casa y me detuve frente al gran cuadro del pasillo principal. Era una nueva versión del cielo de Aethelgard que pinté al regresar de Italia. Pero esta vez, el cielo no era tormentoso. Era un amanecer lleno de violetas y dorados, con dos figuras pequeñas caminando hacia un horizonte abierto.
—¿Recuerdas lo que decía el cuaderno de Elara? —pregunté en un susurro.
—En el final, no fue la fuerza lo que nos salvó, sino el coraje de aceptar nuestra propia fragilidad —recitó Alaric de memoria.
En ese momento, un grito alegre resonó desde el piso de arriba. Escuchamos unos pasos rápidos y torpes golpeando la madera. Una niña de apenas dos años, con los rizos oscuros de mi familia y los ojos azules e inquisidores de los Vanguard, apareció en lo alto de la escalera, sujetada de la mano por Lady Margaret.
—¡Papá! ¡Pintura! —exclamó la pequeña Aria, señalando sus propias manos manchadas de color naranja.
Alaric soltó una carcajada y corrió a recibirla, cargándola en brazos sin importarle que su camisa de marca quedara arruinada para siempre. Verlos así era mi mayor victoria.
Nuestra historia empezó con una mentira desesperada y pasó por un invierno de sangre y ceniza. Pero aquí estábamos. Éramos una anomalía, un error en el sistema de los Vanguard, un choque de mundos que no debería haber funcionado. Y sin embargo, éramos lo más real que este imperio de acero había visto jamás.
Tomé la mano de Alaric mientras él sostenía a nuestra hija. Miré hacia el jardín una última vez. El pasado estaba allí, honrado y perdonado. El futuro estaba en esa mancha de pintura naranja en la nariz de Aria.
—¿Estás lista para la cena? —preguntó Alaric, mirándome con una devoción que todavía me quitaba el aliento.
—Si hay pizza, sí —respondí con un guiño.
Salimos al jardín, dejando atrás los contratos y los secretos. El invierno en nuestra historia había terminado por fin, dando paso a una primavera que no necesitaba de mentiras para florecer. Éramos, finalmente, el hogar que ambos habíamos buscado en los lugares equivocados.
Hasta a mi me. Dio pena ajena
Que lindo honrar ese b.b no nacido y al fin poder construir una familia feliz
👏👏👏👏
Bendiciones autora
GRACIAS 🙏🙏
Gracias nuevamente
Gracias por regalarnosla
Chevere que se dieron el tiempo para sanar y perdonar para poder estar juntos
Aunque yo creo que ahora sí se embarazo, pobre Zaira lleva el peso de la responsabilidad sola y la a llevado a tal punto
Bendiciones 🙏🙏🙏🙏
Virgen del agarradero, asegurala a ella primero 🙏🙏🙏🙏
Excelente capítulo autora, gracias
En mí, una seguidora mas
Saludos y bendiciones 🙏🙏🙏🙏