Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.
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Capítulo 10 - No soy muy amante del amor… soy más aventurero
Cuando el grupo de amigos decidió marcharse a casa, los padres de Isabella ya se habían ido.
—Isabella, vamos un rato a un club hoy, hay que mover las caderas, hacer cardio —dijo Lucía mientras hacía el gesto exagerado de bailar, provocando la risa inmediata de Lucas.
—Lucía, si hoy ya hicimos ejercicio… aunque bueno, a ti te gusta mucho la calle.
—Pues la verdad sí, y por algo somos amigos los tres. No vengas de morronga —respondió Lucas fingiendo ofenderse.
—No lo digo en ese sentido, Luqui…
Lucas la miró más serio esta vez.
—¿Por qué siento que últimamente tenemos que insistirte para que salgas? Entiendo que te hayas tomado en serio lo del trabajo en la empresa de tu familia, pero antes también tenías pendientes… y aún así eras tú la que nos arrastraba a todos. Ahora parece que salir es pecado.
—Estoy de acuerdo con Lucas —añadió Lucía—. Nosotros también tenemos cosas, pero sacamos el rato. Es fin de semana, por Dios. La vida es bella y hay que disfrutarla. Igual si no quieres ir, nosotros la pasamos genial… y ya vámonos que llegó el papasito de Nicolás, que siempre es un agrado verlo.
—Ay sí, porfa —secundó Lucas.
—Chicos, están equivocados y no hemos terminado de hablar… —intentó Isabella.
Pero la ignoraron y caminaron hacia el auto.
Ellos se adelantaron para lanzarle flores a Nicolás, que estaba vestido casual, pero —según ellos— “demasiado guay” para haber desaparecido tanto tiempo. Isabella se quedó unos segundos atrás, de espaldas, analizando lo que acababa de pasar.
Ni siquiera ella entendía su propia actitud.
Tal vez estaba intentando asumir responsabilidades. Tal vez ya no quería ser la rebelde que se escapaba sin avisar. Amaba a sus amigos, y sabía que en parte tenían razón… pero tampoco entendía por qué ahora le costaba tanto aceptar una simple invitación.
Cuando subió al auto, lo hizo más seria. Apenas asintió al saludo de Nicolás.
El ambiente, sin embargo, no tardó en animarse.
Mientras el auto avanzaba, Lucía —como siempre— tomó la delantera.
—Nicolás, tú tienes novia, mujer, esposa, moza… ¿o qué?
—Lucía, mamita, bájale dos rayas que con esa mente y una ginebra encima haces desastre —bromeó Lucas.
Todos rieron. Isabella apenas reaccionó.
—Respondiendo a su pregunta, señorita, no tengo ninguna de las anteriores. Pero usted me disculpará… hay mujeres muy malas, ¡qué cosa! —respondió Nicolás en tono juguetón.
—Sobre todo la que te hace la pregunta —agregó Lucas.
—Ay, Lucas —lo reprendió Isabella, casi por reflejo.
—Con amigos así, ¿para qué enemigos? Pero bueno, Nicolás… ¿te da miedo que una mala te enamore y te deje? ¿O tú eres el malo y tienes la perspectiva alterada? —insistió Lucía.
Nicolás rió.
—No soy muy amante del amor… soy más aventurero.
—Haaaaaaaaa, como yo. Somos la pareja perfecta —exclamó Lucía dramáticamente.
—Oye, querida, el trío perfecto querrás decir. Checa bien tus palabras —intervino Lucas, provocando nuevas risas.
Isabella señaló a los tres.
—Están hechos del mismo material, ustedes.
Pero luego Lucia señaló a Isabella y añadió con media sonrisa:
—Ay, niña… tú te has vuelto una amargada. Además tú estás esperando tu príncipe azul. Nosotros somos callejeros.
Isabella no respondió.
Y entonces Nicolás habló, pero esta vez su tono fue distinto.
—Oye, no está mal lo que ella piensa… Yo también estoy esperando una niña buena que me haga cambiar. Dejar de ser tan aventurero.
Lo dijo con ligereza… pero miró disimuladamente a Isabella.
Ella lo sintió.
Y evitó su mirada.