Ella renace en otra época. Decidida a ser feliz y a no perder la sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Christine Harlen 1
Días después, el taller estaba lleno de vida esa mañana.
Las agujas se movían con ritmo constante, las voces de las ancianas se mezclaban con las indicaciones de Emily, y el ambiente era cálido, casi familiar.
Emily hablaba animadamente sobre los nuevos planes para los jóvenes, explicando ideas, escuchando sugerencias… cuando una de las mujeres se acercó.
—Señorita… hay alguien que la busca.
Emily alzó la mirada, sorprendida.
—¿A mí?
La anciana asintió.
—Una mujer.
Eso fue suficiente para despertar su curiosidad.
—Hágala pasar, por favor.
No esperaba nada fuera de lo común.
Pero cuando la mujer entró…
El aire cambió.
Era un poco mayor que ella.
Vestía de forma sencilla, sin adornos que destacaran… pero su presencia no pasaba desapercibida.
Sobre todo por su mirada.
Una mirada directa.
Dura.
Que se clavó en Emily sin disimulo.
El taller quedó en silencio.
Emily no alcanzó a decir nada.
Porque la mujer habló primero.
—Soy Christine Harlen.
Cada palabra cayó con peso.
—Condesa de Harlen.
Una pausa.
—Esposa legal de Frank Harlen.
El silencio se volvió absoluto.
Emily se quedó inmóvil un segundo.
La sorpresa fue real.
Esa mujer…
La que había abandonado a Fred cuando era bebe..
La que Frank llevaba días, semanas, buscando.
Estaba ahí.
Frente a ella.
Y entonces lo entendió.
No había venido por casualidad.
Había venido… a enfrentarla.
Pero Emily no retrocedió.
Ni dudó.
Reconoció de inmediato la situación.
Y también… el tono.
Así que respondió como sabía hacerlo.
Con elegancia.
Y con filo.
Una sonrisa apareció en sus labios.
Tranquila.
Segura.
—Emily Nolan.. La flor de la casa Nolan.
Su voz fue suave… pero firme.
Luego hizo un pequeño gesto hacia el taller.
—Si desea comprar algo, puede mirar con tranquilidad.
Las ancianas intercambiaron miradas, conteniendo sonrisas.
Emily continuó, sin perder la compostura..
—También tenemos algunas cosas en oferta.
Inclinó levemente la cabeza.
—Por si tiene poco dinero..
El golpe fue elegante.
Pero claro.
El ambiente se tensó de inmediato.
Porque esa no sería una conversación sencilla.
Y ambas lo sabían.
En la mansión Harlen, la noticia llegó al conde como un golpe seco.
—La madre de Fred… ha sido vista cerca del taller.
Frank no necesitó escuchar más.
Ya tenía los documentos listos.
El divorcio estaba preparado desde hacía días, esperando solo una firma que, en su mente, debía ser un trámite.
Después de todo…
Ella lo había abandonado.
Había engañado.
Se había ido por años, dejando atrás incluso a su propio hijo.
No había nada que discutir.
Pero cuando escuchó dónde la habían visto…
El color se le fue del rostro.
—El taller… —repitió en voz baja.
Emily.
Sin perder un segundo, salió.
Montó su caballo y partió a toda velocidad, sin pensar en nada más que en llegar.
No iba a repetir el mismo error.
No iba a quedarse en silencio.
No esta vez.
Cuando llegó, el ambiente ya estaba cargado.
No necesitó entrar completamente para escuchar.
—…y aquí es donde trabajamos —decía la voz de Emily, ligera, casi amable.
El conde cruzó la puerta.
Y la escena lo tensó de inmediato.
Emily estaba de pie, tranquila.
Demasiado tranquila.
Frente a Christine, cuya expresión era pura furia contenida.
Las ancianas observaban en silencio, expectantes.
—Estas bellas señoras tejen —continuó Emily con una sonrisa suave
—.Y yo canto.
Hizo una pequeña pausa.
Y entonces, con esa misma sonrisa que podía ser dulce… o peligrosa..
—¿Quiere que le cante, Christine?
El nombre, pronunciado así, sin título, sin respeto… fue un golpe directo.
Christine apretó los dientes.
Sus ojos ardían.
—¿Te estás burlando de mí?
Emily inclinó levemente la cabeza.
—Solo intento ser una buena anfitriona.
El conde dio un paso al frente.
—Basta.
Su voz fue firme.
Cortante.
Se acercó directamente a Christine, ignorando por un segundo todo lo demás.
—No hagas el ridículo —dijo en voz baja, pero cargada de tensión—. Firma de una vez.
Sacó los documentos.
—Y termina con esto.
Pero Christine no lo miró.
Ni siquiera reaccionó a sus palabras.
Sus ojos seguían fijos en Emily.
Como si él… no existiera.
Como si lo único importante en esa habitación fuera esa mujer frente a ella.
Emily sostuvo su mirada.
Sin retroceder.
Sin perder la sonrisa.
Pero ahora… más afilada.
Más desafiante.
Y en ese silencio tenso, quedó claro algo.
Esto ya no era solo un asunto legal.
Era un enfrentamiento.
Y ninguna de las dos pensaba ceder fácilmente.
El ambiente en el taller ya estaba completamente cargado.
Nadie tejía como antes.
Nadie hablaba.
Todas miraban.
Esperando.
Midiendo cada gesto, cada palabra.
Y entonces, una de las ancianas, con una naturalidad casi traviesa, rompió el silencio..
—Si va a quedarse… siéntese —le dijo a Christine
—si, Lady Emily va a cantar.
Varias sonrisas se asomaron.
Porque todas sabían.
Esto ya no era solo una visita.
Era un espectáculo.
Emily no perdió la compostura.
Al contrario.
Sonrió.
Con esa mezcla suya de dulzura… y desafío.
Se acomodó ligeramente, como si realmente fuera a ofrecer un momento agradable.
Y comenzó a cantar.
Su voz llenó el taller.
Clara.
Hermosa.
Segura.
🎵… Crees que es tuyo solamente, pero es una farsa
Y te convences que esto acabará, te equivocas
Tu papel es el de ser esa mujer que él se cansó de ver
Que ya no toca más, que ya no quiere más
… En cambio yo, tengo sus noches y su pasión
Sus fantasías y su obsesión, aunque te duela, soy
La que en tu cama probó su amor, tú eres rutina
Por eso yo, prefiero ser su amante, su amante
… La intuición no se equivoca cuando sientes celos
No estás loca, hoy entérate, yo soy la otra
él de ti ya está aburrido y a mí me persigue como
Un niño, soy un dulce que, siempre le sabe bien
… En cambio yo, tengo sus noches y su pasión
Sus fantasías y su obsesión, aunque te duela, soy
La que en tu cama probó su amor, tú eres rutina
Por eso yo, prefiero ser su amante, su amante 🎵
Cada palabra caía con intención, con un matiz que no dejaba dudas sobre a quién iban dirigidas.
No había gritos.
No había confrontación directa.
Pero el mensaje…
Era imposible de ignorar.
Christine se quedó rígida.
Sus manos tensas.
Sus ojos se clavaron en el conde, buscando una reacción, una negación… algo.
Pero lo que encontró… no fue eso.
El conde, por un instante, se olvidó del conflicto.
De los papeles.
De todo.
Porque Emily…
Cantaba como siempre.
Y era imposible no reconocerlo.
Una pequeña sonrisa se le escapó.
Casi involuntaria.
Y eso…
Eso fue peor.
Porque confirmó lo que Christine ya temía.
Que él no estaba ahí por obligación.
Sino porque quería estar.
Mientras tanto, las ancianas…
Retomaron el tejido.
Pero ahora, sus manos se movían más rápido.
Más animadas.
Intercambiando miradas cómplices.
Entendiendo perfectamente lo que estaba ocurriendo.
El “chisme”, como ellas lo sentían, se desplegaba frente a sus ojos… y no pensaban perderse ni un segundo.
Emily terminó la canción con la misma serenidad con la que la había empezado.
Como si nada.
Como si no hubiera sido una provocación elegante y perfectamente ejecutada.
Y luego…
Miró a Christine.
Sonriendo.
Esperando.
hermosa novela
ame a Fred