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Latidos En La Cumbre

Latidos En La Cumbre

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:7.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Elara, una veterinaria de élite en Seattle, lo pierde todo tras una negligencia médica provocada por el estrés de un matrimonio abusivo. Buscando anonimato, se muda a Valle Sombrío para dirigir un refugio de animales al borde de la quiebra. Su llegada choca frontalmente con Jason, un hombre huraño y misterioso que vive en una cabaña aislada tras un accidente en el cuerpo de rescate que le dejó una cojera permanente y un alma cerrada bajo llave.

​La rivalidad estalla cuando Elara intenta modernizar el refugio, mientras Jason cree que la naturaleza debe seguir su curso. Sin embargo, la aparición de animales heridos con marcas de redes ilegales los obliga a unir fuerzas. Entre el frío de la montaña y la calidez del refugio, Elara y Jason descubrirán que las cicatrices más profundas no son las que se ven, sino las que sanan cuando alguien decide quedarse.

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capitulo 13

El sol de la mañana golpeaba la nieve con una claridad insultante, como si la tormenta de la noche anterior y la nota de Marcus no hubieran sido más que una pesadilla febril. Elara, sin embargo, no se engañaba. La taza de té en su mano estaba fría, y sus ojos, enmarcados por ojeras profundas, recorrían los planos que había extendido sobre la mesa de madera del refugio.

​—No es solo una jornada de puertas abiertas, Nico —decía ella, con una voz que intentaba proyectar una seguridad que sus manos aún no sentían del todo—. Es una declaración. Si el pueblo entra aquí, si la prensa regional pone sus ojos en nosotros, nos volvemos visibles. Y los monstruos odian la luz.

​Nico asentía, aunque sus ojos saltaban nerviosos hacia la puerta. Él, mejor que nadie, conocía el peso del silencio en Valle Sombrío.

​El estruendo del bastón de Jason contra el suelo de madera anunció su llegada antes de que la puerta terminara de abrirse. El aire frío entró con él, pero su expresión era aún más gélida. Sus ojos grises escanearon los carteles de "Bienvenidos" y los folletos que Elara había impreso a toda prisa.

​—¿Te has vuelto loca? —soltó Jason, sin preámbulos. Su voz era un trueno contenido—. Estás abriendo las puertas de par en par en mitad de una guerra.

​Elara se enderezó, ajustándose la bata blanca como si fuera una armadura. Se cruzó de brazos, un gesto defensivo que Jason leyó de inmediato.

—Se llama modernización, Jason. Se llama integración. Si el refugio se convierte en el orgullo del valle, será mucho más difícil para "Los Recolectores" o para... para cualquier otro, hacernos daño. La oscuridad solo prospera en el aislamiento.

​—La oscuridad prospera donde hay blancos fáciles —replicó él, acercándose hasta que el olor a pino y humo de su ropa invadió el espacio de Elara—. Estás invitando a extraños a recorrer cada rincón de este lugar. Estás exponiendo nuestras debilidades, la ubicación de las jaulas, nuestras rutinas. Si Marcus quiere entrar, le estás extendiendo una alfombra roja.

​La mención del nombre de Marcus hizo que Elara se tensara, pero esta vez no retrocedió. Sus dedos se cerraron en puños ocultos bajo los pliegues de su bata.

—He pasado toda mi vida escondiéndome, Jason. Dejé Seattle para desaparecer, y mira a dónde me ha traído eso: a una nota en mi buzón y a un lobo alfa con la pata destrozada. Mi silencio no me protegió; solo me hizo más pequeña. No voy a permitir que tú también me encierres "por mi propio bien".

​Jason sintió el golpe. El "por tu propio bien" era el eco de la jaula que Marcus había construido, y ver que Elara lo proyectaba en él le dolió más de lo que estaba dispuesto a admitir. Su mandíbula se tensó, una veta de frustración marcando su cuello.

​—No intento encerrarte —gruñó, su voz bajando a un tono peligroso—. Intento que no te maten. Este pueblo no es tu club de campo de Seattle. Aquí, la gente mira, anota y luego vende la información al mejor postor. Atraer la atención es lo más egoísta que puedes hacer por esos animales.

​—¿Egoísta? —Elara soltó una risa amarga, dando un paso hacia él—. Estoy intentando salvar este lugar de la quiebra. Necesito suministros, necesito apoyo legal, necesito que Valle Sombrío deje de vernos como una anomalía. Tu método de "ermitaño con escopeta" no ha detenido las trampas ilegales en tres años. Quizás es hora de probar algo distinto.

​Jason la observó, y por un segundo, la complicidad que habían forjado en la cabaña pareció una ilusión lejana. La tensión romántica, ese hilo invisible que los había unido frente al fuego, se tensó hasta volverse una cuerda que amenazaba con romperse. Él veía en ella una ambición ingenua que la ponía en peligro; ella veía en él un control asfixiante que le recordaba demasiado a lo que había dejado atrás.

​—Si sigues con esto —dijo Jason, retrocediendo hacia la puerta con un movimiento rudo de su bastón—, no cuentes conmigo para vigilar el perímetro. No voy a ser el guardia de seguridad de tu circo, Elara.

​—No te lo he pedido —respondió ella, aunque su corazón dio un vuelco ante la idea de perder su apoyo—. Sé cuidarme sola.

​Jason soltó una risa seca, desprovista de humor, y salió del refugio cerrando la puerta con una violencia que hizo vibrar las ventanas.

​Nico miró a Elara con preocupación. Ella se quedó de pie en medio de la sala, rodeada de sus planes de modernización, sintiendo cómo el frío volvía a colarse por sus huesos. La grieta entre ellos era profunda y nacía de la misma herida: el miedo a perder lo poco que les quedaba.

​Elara tomó uno de los folletos. Sus manos volvían a temblar, pero esta vez era de rabia. Sabía que Jason tenía parte de razón, que la visibilidad traía riesgo, pero la idea de volver a esconderse le resultaba insoportable. Prefería arder bajo los focos que morir lentamente en la sombra.

​Sin embargo, al mirar hacia la montaña, donde la cabaña de Jason se perdía entre la bruma, Elara sintió una punzada de pérdida. Había ganado su independencia, pero acababa de expulsar de su lado al único hombre que, en mitad de la lluvia, la había hecho sentir que el mundo podía ser un lugar seguro.

​La jornada de puertas abiertas estaba en marcha. Elara empezó a colgar los carteles con gestos mecánicos, ignorando el vacío que el guardián de la montaña había dejado al marcharse. La guerra contra el pasado seguía en pie, pero ahora, la veterinaria y el rescatista estaban luchando en trincheras separadas por el orgullo y la desconfianza.

​¿Había cometido un error al desafiar su protección? Elara apretó la mandíbula. Solo el tiempo y la reacción de Valle Sombrío dirían si su ambición era una luz de salvación o el faro que guiaría a Marcus directamente hacia su cuello.

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Carmen Malpica
Excelente novela
Felisa Bendisky
excelente novela felicitaciones a la escritora súper recomendado 🥰👏👏👏
Toña Chong Montes
Después de haber leído tantas historias aquí,está novela me fascinó,con una narración limpia,bonita,con toques románticos y de aventura.👏👏👏👍👍👍
Antonia Garcia
muy bonita historia gracias por compartir
celimar
Hasta el momento me parece interesante 🥰🥰🙏🏽
celimar
Hasta el momento me parece interesante 🥰🥰🙏🏽
Celina Espinoza
me gusta🥰/Pray/
Celina Espinoza
excelente historia 🥰😍🙏
Lobelia ❣️
🙏😘😊
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