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Solo Es Mi Guarura

Solo Es Mi Guarura

Status: En proceso
Genre:CEO / Cambio de Imagen
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yurle

Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.

NovelToon tiene autorización de Yurle para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Tomás decidió llamar a Nicolás en cuanto leyó el documento, pero este no contestó.

La razón era simple: Nicolás seguía profundamente dormido por la borrachera de la noche anterior.

Después de varios intentos fallidos, Tomás dejó de insistir y decidió llamar a Alejandro.

—Amigo, ¿cómo estás? —preguntó Tomás cuando la llamada fue atendida.

—Bien, amigo, todo bien. ¿Y tú? —respondió Alejandro.

—Bien… pero me acabo de enterar de algo no muy grato. Recibí una carta de tu hijo donde me dice que ya no ejercerá como protección personal de Isabella. No entiendo nada.

Alejandro guardó silencio unos segundos.

—¿No expone ahí sus razones?

—No. Solo dice que en su lugar estarán dos hombres para cuidarla.

—Entiendo… entonces debes hablar con él. Nicolás siempre da la cara.

—Lo estuve llamando, pero no contestó.

—Déjame hablar con él. Le diré que necesitas hablar.

—Está bien, amigo. Te encargo eso.

En la mansión de Nicolás, Alejandro llamó al teléfono de la casa.

Una de las empleadas respondió.

—Buenos días, señor.

—Buenos días. ¿Se encuentra Nicolás?

—El señor se encuentra durmiendo en su habitación.

Alejandro suspiró.

—Entiendo. Gracias.

Colgó el teléfono y pensó que hablaría con él más tarde.

Mientras tanto, Isabella ya había salido de su habitación.

Había enviado un mensaje a Nicolás temprano para recordarle que ese día debía pasar por una de las fábricas de la empresa, pero nunca recibió respuesta.

Cuando salió de la casa esperando encontrarlo, se llevó una sorpresa.

Dos hombres elegantemente uniformados estaban junto al auto.

—Hola… ¿ustedes son? —preguntó Isabella con el ceño fruncido.

—Mucho gusto, señorita. Alex y Daniel. Desde hoy estamos a cargo de su seguridad.

Isabella abrió los ojos con incredulidad.

—¿Qué? ¿Cómo así? ¿Y Nicolás?

—No tenemos esa respuesta, señorita. Solo se nos asignó su cuidado.

Confundida, sacó su celular y llamó a su padre.

—Papá, ¿cómo así que ahora no tengo un guarura sino dos? ¿Dónde está Nicolás?

Tomás suspiró del otro lado de la línea.

—Mi princesa, tengo la misma duda que tú. Tampoco he podido comunicarme con él.

Isabella apretó el teléfono.

—Pues espera a ver si a mí sí me da la cara.

Colgó y llamó directamente a Nicolás.

El celular sonó varias veces.

No contestó.

Recordando que tenía una visita pendiente en la fábrica, decidió irse con sus nuevos escoltas.

Durante el camino no pudo evitar escribir en el grupo de sus amigos.

“Chicos, Nicolás ya no es mi guarura.”

Las respuestas no tardaron.

Lucía y Lucas reaccionaron sorprendidos, haciendo preguntas y lanzando teorías. Isabella respondió algunas, todavía confundida, hasta que finalmente llegaron a su destino.

Terminó lo que tenía pendiente en la fábrica y regresó al auto.

Ya era hora de almuerzo, así que decidió volver a casa.

Mientras tanto, en otro lugar, Alejandro llegaba a su mansión para almorzar.

Durante la comida comentó con su familia lo sucedido con Nicolás.

—Después de almorzar iré a hablar con él —anunció finalmente—. Su casa está a cinco minutos caminando, así que no tardaré.

Y así lo hizo.

Un rato después, Alejandro tocó la puerta de la mansión de su hijo. La empleada le abrió y lo dejó pasar.

Justo en ese momento, Nicolás venía bajando las escaleras.

Alejandro lo observó de arriba abajo.

—Ah… pero ahora entiendo por qué no contestas el celular. Traes una cara de enguayabado que mejor dicho —comentó con media sonrisa.

Nicolás frunció el ceño.

—¿Me estuviste llamando?

—En efecto. Y Tomás también. Creí que lo de dejar de proteger a su hija lo habías dicho en un tono no tan serio… o al menos no pensé que sería tan pronto.

Nicolás se pasó una mano por el rostro.

—Luego me comunico con él… o más bien iré a su oficina. Pero sí, es definitivo. Lo medité y creo que es lo mejor para ambos.

Alejandro lo miró con atención.

—¿Para ambos? ¿Por qué no aceptas que te estabas enamorando de ella y ahora quieres evitar que ese cariño crezca? Estás siendo cobarde y huyendo de lo que tu corazón pueda sentir. Deja que tu corazón se exprese.

Nicolás negó con la cabeza mientras tomaba un vaso de jugo que la empleada le había dejado.

—Padre, créeme que si nos dejamos llevar por el sentimiento y no por la razón, no seremos exitosos.

Alejandro soltó una pequeña risa.

—Pero ambas cosas van de la mano. No me vas a decir que huirás de todas las mujeres apenas empieces a sentir algo por ellas. ¿O quieres dedicarte a andar con una distinta cada semana? No eres un niño, Nicolás. Debes aceptar las cosas.

Nicolás guardó silencio unos segundos.

—Papá… ¿y quién me asegura que si yo siento lo que tú dices, ella también lo siente?

Alejandro lo miró con calma.

—Pues por eso, antes de tomar esa decisión, debiste hablar con ella y confesarle honestamente por qué estabas dejando el cargo. ¿No crees?

Nicolás bajó la mirada.

—Eso sería humillarme.

Alejandro suspiró.

—Bueno… no sé qué le dirás a Tomás, pero espero que hablen.

Se levantó de la silla.

—Te dejo, tengo que regresar a la oficina.

—Está bien, papá. Cuídate. Te quiero.

Alejandro sonrió levemente.

—Te quiero también, hijo.

Y salió de la casa, dejando a Nicolás solo con sus pensamientos…

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