El mundo no pertenece a los hombres. Pertenece a sus dueños.
Mientras los imperios mortales se desangran en guerras despiadadas e intrigas políticas por coronas de barro, los verdaderos hilos de Estirgia se mueven desde las sombras del plano divino. Doce Dioses Primordiales controlan el destino de la creación, y su voluntad se manifiesta en la tierra a través del Dogma: doce bendiciones místicas encarnadas en portadores mortales. Un poder absoluto capaz de reescribir la realidad, pero que exige un costo atroz: la erosión irreversible de la humanidad de quien lo canaliza.
En una tierra asfixiada por la traición, la necrosis y los caprichos de deidades implacables, las reglas del juego político están a punto de romperse. La guerra entre humanos es solo el preludio; el verdadero horror comienza cuando los peones divinos despiertan y Estirgia descubre el peso de la herencia de los dioses.
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Capítulo 22: El Techo de Cristal
El despertar en la Posada del Viento Alisio no tuvo nada que ver con las noches húmedas y pestilentes en las profundidades de la Cicatriz. La cama de seda y el aroma a incienso de sándalo deberían haber sido un alivio para los sentidos, pero para Jake, el silencio era casi ensordecedor.
Se sentó en el borde de la cama y se miró las manos. La dualidad de su Dogma aún palpitaba bajo la piel: una corriente eléctrica de vida latía en la derecha, mientras una calma gélida y letal se asentaba en la izquierda. Su mente, ahora dotada de una agudeza antinatural, procesaba los datos del entorno a una velocidad que antes le habría provocado una migraña paralizante; ahora, simplemente percibía el mundo en una resolución aterradoramente alta.
—Has estado mirando el vacío durante diez minutos —dijo Elara desde el balcón, sin dejar de afilar el filo de sus nuevas dagas— Los sirvientes trajeron el desayuno hace media hora. Hay pan de centeno, frutas del Valle y café destilado. Mathew pagó por todo el piso.
—Es extraño —respondió Jake, poniéndose de pie. Cada uno de sus movimientos era fluido, casi predatorio, un reflejo directo de su nueva velocidad sobrehumana— Siento que el aire pesa más. Siento que el Dogma está... apretado.
[LETE]: —Es la saturación, Jake. Has hecho una asimilación masiva en un solo trago de esencia. Tu alma es ahora como una esponja empapada; para absorber una sola gota más, vas a tener que exprimirla con una presión que la mayoría de los mortales no aguantaría.
Lete tenía razón. La progresión se había vuelto frustrantemente lenta. Jake ya no sentía que la comunión con la Diosa aumentara por el simple hecho de masacrar duendes o recolectar cristales comunes. Ahora, cada minúsculo avance hacia la asimilación total se sentía como escalar una montaña de cristal liso.
[EL PESO DE LA FAMA]
Salieron a la Terraza de los Vientos para adquirir suministros. El cambio en el trato de la ciudad fue inmediato. Los mercaderes que antes los ignoraban por completo ahora inclinaban la cabeza al ver el brillo de la placa de Oro en el pecho de Jake. Sin embargo, no todo era respeto reverencial. En las sombras proyectadas por las columnas de mármol, Jake sentía el peso de las miradas afiladas.
—Mira el cartel —susurró Elara, señalando hacia la plaza central.
El holograma rúnico del Festival del Equilibrio seguía rotando implacablemente. Bajo la categoría de "Anomalías", el nombre de Kael atraía a densos grupos de aventureros que discutían en voz baja, calculando sus opciones.
—«El Errante de la Cicatriz» —leyó un aventurero de Rango Plata, escupiendo al suelo con desdén— Dicen que usa magia prohibida. Dicen que los diez de Rango Oro que regresaron con él están bajo un oscuro hechizo mental.
Jake pasó por su lado sin siquiera alterar el ritmo de su respiración. Un solo y levísimo pulso de su Emanación de Aura hizo que el hombre se atragantara violentamente con sus propias palabras, sintiendo un escalofrío de muerte que le erizó hasta el último vello del cuerpo.
—No tenemos tiempo para rumores —dijo Jake, con la mirada fija al frente— Necesitamos equipo que resista el avance de la integración. Mi capa de seda está inservible y necesitamos catalizadores para cuando la conexión decida volver a expandirse.
[LA LOGÍSTICA DEL PODER]
Entraron en una tienda especializada en forja y metales raros. El dependiente, un anciano con gafas talladas en cristal de érebo, examinó a Jake con una curiosidad nada disimulada.
—Busco algo reforzado con oricarco —dijo Jake, dejando caer una pesada bolsa de cuero sobre el mostrador— Y necesito que sea ligero.
—El oricarco es extremadamente caro, joven Oro. Pero para alguien con tu... intensidad de aura, es lo único que no se derretirá cuando tu Dogma decida salir a jugar —el anciano sacó un sobrio estuche de terciopelo de debajo del mostrador— Cien monedas de oro por un brazalete regulador. Ayudará a que tu energía no se disperse y queme tus propios canales.
Jake pagó sin regatear. Sabía que el Festival no sería una simple competencia callejera de fuerza bruta. Con su nueva constitución titánica, podía soportar un castigo inmenso, pero el desgaste físico de usar habilidades como la Eclosión Forzada o la Necrosis Molecular era devastador si no estabilizaba los flujos.
De regreso a la posada, se detuvieron frente al enorme tablón de anuncios oficial del Gremio. Ya no había misiones de recolección colgando del corcho. Solo una gran nota sellada con la cera escarlata del emblema de la Aguja:
"A todos los clasificados para el Festival: Las eliminatorias de la primera ronda comienzan en 48 horas. Lugar: El Coliseo de los Vientos. El Gremio no se hace responsable de las almas perdidas en la arena."
—Siete días para el evento principal, pero las eliminatorias empiezan pasado mañana —analizó Jake, su cerebro procesando la logística de la masacre— Van a filtrar a los débiles rápido.
Miró hacia la cima brumosa de la Aguja, el lugar desde donde los Maestros y quizás algún legendario Gran Maestro observaban la ciudad como dioses ociosos. El camino hacia una comunión perfecta con Morrigan-Vae y la alteración de la realidad misma parecía infinito; pero, por primera vez desde que despertó en este mundo, Jake sentía que tenía en sus manos las herramientas exactas para empezar a tallar su propio destino en sangre y hueso.
[PANEL DE ESTADO ACTUALIZADO]
• Comunión Divina: Saturación del Umbral de Maestro (Progreso severamente ralentizado).
• Atributos Físicos: Físico predatorio de agilidad extrema, estamina titánica y fuerza abrumadora.
• Atributos Mentales: Capacidad hiperanalítica capaz de procesar variables de combate en milisegundos.
[INVENTARIO Y RECURSOS]
• Placa Autenticada de Rango Oro.
• Brazalete de Oricarco Puro (Regulador de flujo dual).
• Capital: 60 Monedas de Oro restantes.