En una ciudad donde los crímenes no siempre son humanos, los detectives Lin Yue y Zhao Ren pertenecen a una división secreta de la policía encargada de casos que jamás aparecen en los informes oficiales. Apariciones que matan, cadáveres que regresan caminando y asesinos que no dejan huellas… porque no están vivos.
Mientras resuelven sucesos cada vez más atroces y paranormales, ambos descubren que los monstruos no solo se esconden en la oscuridad, sino también dentro del sistema que juraron proteger.
Y algunos casos… jamás debieron abrirse.
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Capítulo 23 — Los Que No Deberían Caminar Entre Humanos.
El camino de regreso fue… ruidoso.
No por sirenas.
No por combate.
Sino por un berrinche constante.
—¡Este mundo huele horrible! —protestaba el pequeño niño mientras caminaba detrás de Mateo—. ¡Todo está vivo demasiado fuerte!
Mateo caminaba con las manos en los bolsillos, claramente agotado.
—Mira, campeón, eso se llama oxígeno. La gente normalmente lo disfruta.
—¡Es repugnante!
Zhao Ren avanzaba unos pasos adelante, tranquilo como siempre, ojos cerrados, ignorando el caos infantil detrás de él.
El niño pateó una piedra.
—¡Quiero regresar! ¡Quiero silencio eterno!
Mateo suspiró.
—Pues ahorita no se puede. Sistema cerrado, vuelva mañana.
El niño frunció el ceño, cruzándose de brazos mientras caminaba flotando ligeramente sobre el suelo por puro capricho.
Desde que habían salido del cuartel, había intentado regresar al cuerpo de Mateo al menos quince veces.
Quince cabezazos fallidos.
Quince quejas nuevas.
La División Este apareció frente a ellos: un edificio gris, discreto, imposible de distinguir de cualquier oficina gubernamental común.
Pero en cuanto cruzaron la entrada…
Todos sintieron algo.
Un cambio.
Los agentes presentes levantaron la mirada al mismo tiempo.
Algunos no sabían por qué.
Solo sentían frío.
El niño arrugó la nariz.
—Hay demasiados humanos aquí…
Mateo murmuró:
—Y todos pagan impuestos, imagínate el sufrimiento.
Entraron a la sala de informes.
Los superiores ya estaban esperando.
Pantallas encendidas. Archivos abiertos. Miradas serias.
Lin Yue estaba allí, acompañada por Aiko.
King, el pequeño hámster, dormía dentro del bolsillo del abrigo de Lin Yue.
Cuando Zhao Ren entró, Lin Yue asintió apenas.
Profesional.
Pero su mirada bajó inmediatamente hacia el niño.
Y el aire cambió.
El pequeño dejó de quejarse.
Se quedó quieto.
Sus ojos rojos se abrieron lentamente.
—…Ah.
Algo despertó dentro de él.
Un recuerdo antiguo.
Muy antiguo.
—No estoy solo…
Miró directamente a Aiko.
Sonrió por primera vez desde que apareció.
—Tú estás aquí.
Aiko inclinó levemente la cabeza, inexpresiva como siempre.
Pero entonces—
Una voz resonó.
No en la habitación.
Dentro de sus mentes.
Suave.
Femenina.
Antigua.
—…Maestro.
El niño abrió los ojos con emoción.
—Higanbana.
Mateo parpadeó.
—¿Quién habló?
Lin Yue tensó los hombros.
Aiko permanecía inmóvil, pero algo oscuro vibraba bajo su piel.
La voz volvió a sonar, proveniente de ella.
—Ha pasado mucho tiempo… Parca.
El pequeño niño infló el pecho con orgullo.
—Sigues viva.
—Sobrevivo —respondió la voz con calma—. Este cuerpo me mantiene atada.
Un leve temblor recorrió a Aiko.
No doloroso.
Más bien… reconocimiento.
Zhao Ren observó en silencio, entendiendo inmediatamente: las entidades estaban comunicándose entre sí.
El niño caminó lentamente hacia Aiko.
—Sal. Quiero verte.
—No puedo —respondió Higanbana—. Si abandono este cuerpo… ella morirá.
Un silencio incómodo llenó la sala.
Mateo levantó una ceja.
—Ok, eso sí está fuerte.
El niño frunció el ceño.
—Entonces sacaré solo una parte.
Lin Yue dio un paso adelante.
—No.
Demasiado tarde.
El niño extendió su mano.
El aire se distorsionó suavemente frente a Aiko.
Un hilo oscuro salió de su pecho, como humo rojo mezclado con pétalos invisibles.
Aiko no reaccionó.
Pero su temperatura descendió ligeramente.
La energía tomó forma lentamente…
Hasta convertirse en una pequeña figura.
Una niña.
Cabello morado oscuro corto.
Ojos uno rojo carmesí y el otro negro suaves.
Vestida de forma inocente oscura que parecía hecho de sombras flotantes con un pequeño peluche de conejo.
Una versión infantil de Higanbana.
La niña abrió los ojos lentamente.
Miró alrededor con curiosidad tranquila.
El pequeño niño sonrió ampliamente.
—Ahora sí.
La pequeña inclinó la cabeza.
—Maestro.
Mateo se llevó ambas manos a la cabeza.
—¡¿Ya tenemos DOS niños sobrenaturales ahora?!
Zhao Ren soltó una pequeña risa.
Lin Yue observó cuidadosamente a Aiko.
—¿Estás bien?
Aiko asintió.
—No hay daño.
La pequeña Higanbana caminó hasta el niño y tomó su mano con naturalidad.
Ambos irradiaban una presencia imposible: muerte y caos… en versiones infantiles.
Los agentes alrededor comenzaron a sentirse incómodos sin saber por qué.
Uno incluso salió de la sala sin explicación.
El superior carraspeó.
—…Informe del caso.
Zhao Ren habló con calma.
—Entidad militar liberada. Almas descansando. Zona purificada permanentemente.
Mateo levantó la mano.
—Y adoptamos dos amenazas existenciales tamaño bolsillo.
Nadie respondió.
El superior suspiró.
—El caso queda oficialmente cerrado.
Pero mientras todos anotaban datos…
Las dos pequeñas entidades miraron alrededor con curiosidad.
El niño susurró:
—Este mundo será interesante.
La pequeña Higanbana sonrió levemente.
Por primera vez…
Aiko también mostró una expresión apenas perceptible.
Una calma distinta.
Como si algo perdido hace mucho hubiera regresado.
Y sin que los humanos lo comprendieran aún…
Dos fuerzas antiguas acababan de decidir quedarse.
No como enemigos.
Si no como observadores.
Continuará...
[Imagen promocional de como se ve la pequeña Higanbana]