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EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Amor prohibido / Completas
Popularitas:21.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Él es peligroso, distante y está rodeado de mujeres que harían lo que fuera por su poder. Sin embargo, Elena ha tomado una decisión: el hombre más temido del ejército será suyo. Aunque deba romper su propia timidez para reclamar el corazón de hielo que nadie ha logrado incendiar.
En la guerra del deseo, la vulnerabilidad es el arma más letal.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 16

Regresé al salón de baile con la piel todavía ardiendo bajo la seda. Cada vez que el aire acondicionado de la estancia rozaba mi cuello, sentía el fantasma de los labios de Alistair, y el peso de mi falda me recordaba la humedad pecaminosa que había dejado entre mis piernas. Me sentía marcada, no con hierro, sino con una posesión mucho más profunda que ningún corsé podía ocultar.

Traté de moverme con naturalidad, pero la sala se había transformado. Los cuchicheos, antes como un zumbido de abejas, ahora eran puñales dirigidos a mi espalda. La música seguía sonando, pero el baile se había detenido para muchos; las miradas se desviaban de las parejas en la pista para clavarse en mí.

—Mírenla... —escuché a una baronesa murmurar tras su abanico de plumas—. Tiene el cabello revuelto y el rostro de quien ha visto al diablo en el jardín.

No me importaba. Si Alistair era el diablo, yo estaba dispuesta a arder en su infierno.

Busqué con la mirada el estrado real. Alistair ya estaba allí, de pie junto a la Reina, recuperando su máscara de indiferencia. Su postura era rígida, su mandíbula tan apretada que parecía esculpida en granito. Solo sus ojos, que recorrieron el salón hasta encontrarme por una fracción de segundo, delataron que el hombre que me había devorado bajo el sauce seguía ahí dentro, luchando por no bajar de nuevo y reclamarme frente a todos.

Sin embargo, el peligro no venía del Comandante.

—Vaya, la pequeña zorra ha vuelto a la luz —la voz de Genevieve me golpeó como un latigazo.

Apareció desde una de las antecámaras, seguida por un grupo de nobles que parecían disfrutar del espectáculo. Su vestido dorado ya no brillaba con elegancia; ahora parecía la armadura de una depredadora herida. Sus ojos estaban inyectados en sangre y sus labios temblaban de furia.

—Lady Genevieve —dije, tratando de mantener la compostura, aunque mi corazón latía contra mis costillas con una fuerza dolorosa—. La fiesta es maravillosa.

—Cierra la boca —siseó ella, acercándose tanto que pude oler el vino en su aliento—. Crees que has ganado porque te ha llevado a la oscuridad a saciar sus bajos instintos. Crees que ese baile significa algo. Pero déjame recordarte quién eres, Elena. Eres una empleada de rango inferior, una huérfana que vive de la caridad del ejército.

Se giró hacia la multitud, alzando la voz para asegurarse de que todos la escucharan.

—¿Saben todos quién es esta mujer? —gritó Genevieve, señalándome con un dedo tembloroso—. Es la que falsificó los sellos de suministros hace apenas unos días. La que puso en riesgo la vida de nuestros soldados por su incompetencia. ¡Y ahora usa su cuerpo para que el Duque encubra sus crímenes!

El salón se quedó en un silencio sepulcral. Vi a Vane palidecer al otro lado de la sala. Vi a los oficiales intercambiar miradas de duda. El escándalo ya no era solo romántico; era una acusación criminal.

—Eso es mentira —dije, aunque mi voz sonó más débil de lo que quería—. El Duque revisó los registros y...

—¡El Duque te protege porque eres su juguete! —interrumpió Genevieve, dando un paso más hacia mí—. Pero la Reina no es tan indulgente con las traidoras.

En ese momento, la Reina se levantó de su trono. Era una mujer anciana, de ojos agudos que habían visto caer dinastías. Miró a Alistair y luego a mí. El ambiente se volvió tan tenso que parecía que el cristal de las lámparas iba a estallar.

—Comandante Thorne —dijo la Reina con una voz que cortaba como el hielo—, se hacen acusaciones graves sobre la integridad de sus registros y la conducta de su personal. ¿Qué tiene que decir?

Alistair no se movió. Su mirada se clavó en Genevieve con un odio tan puro que la mujer retrocedió un paso, pero luego se dirigió a la soberana.

—Majestad, la señorita Valois es la escribiente más eficiente que ha tenido este cuartel —su voz era estable, pero bajo la superficie, detecté la tensión de un cable a punto de romperse—. Cualquier error en los sellos fue una decisión estratégica tomada por mí para despistar a los espías enemigos. Si Lady Genevieve tiene pruebas de lo contrario, que las presente ahora o se calle para siempre.

Genevieve abrió la boca, pero no salieron palabras. Alistair acababa de poner su propio honor en juego para salvarme de nuevo. Pero la humillación pública era un plato que ella no pensaba dejar de comer.

—¿Estrategia? —rió Genevieve con amargura—. ¿Y los besos en el jardín también son estrategia, Alistair? ¿O es que has olvidado que me perteneces por linaje y por contrato?

Alistair bajó del estrado con una lentitud amenazante. Se detuvo frente a mí, dándome la espalda para enfrentar a Genevieve.

—Yo no pertenezco a nadie, Genevieve —dijo él, y sus palabras resonaron en cada rincón del palacio—. El contrato con tu familia se rompió en el momento en que decidiste que tu ambición era más importante que la lealtad a la corona. Considera nuestro compromiso nulo desde este instante.

Un jadeo colectivo recorrió la sala. Romper un compromiso real era un suicidio social. Pero él lo hizo por mí. O quizás, lo hizo por él mismo, usando mi presencia como la excusa final para liberarse de sus propias cadenas.

Genevieve, desbordada por la rabia, alzó la mano para golpearme, pero Alistair la atrapó en el aire con una fuerza que la hizo soltar un grito de dolor.

—Si vuelves a tocarla, o a mencionar su nombre con esa boca llena de veneno —susurró Alistair, con una voz que prometía muerte—, te aseguro que ni tu apellido ni tu oro te salvarán de mi justicia.

La soltó como si fuera basura. Genevieve, llorando de rabia y vergüenza, huyó del salón escoltada por sus criados. El baile había terminado de la forma más violenta posible.

La Reina hizo un gesto y la orquesta volvió a tocar, pero el ambiente ya estaba roto. Alistair se giró hacia mí. Sus ojos estaban llenos de una tormenta de emociones que no podía procesar: deseo, arrepentimiento, furia y una pizca de algo que se parecía mucho al miedo.

—Vete de aquí, Elena —dijo, pero esta vez no fue una orden gélida; fue una súplica ronca—. Vete antes de que me arrepienta de haberte dejado entrar en mi vida.

—Alistair... —intenté tocar su brazo, pero él se apartó como si mi mano quemara.

—¡Vete! —rugió, atrayendo la mirada de todos de nuevo.

Me di la vuelta y corrí. Corrí por los pasillos, saliendo al aire frío de la noche, rompiendo el bajo de mi precioso vestido de medianoche mientras las lágrimas empañaban mi máscara de plata. Había ganado, pero el sabor de la victoria era a ceniza. Él me había salvado, había roto con su pasado, pero el precio había sido su control. Y un hombre como Alistair Thorne, sin control, era un hombre herido.

Llegué a mi habitación y me arranqué el vestido, odiando la seda que nos había unido y separado al mismo tiempo. Me quedé en ropa interior, temblando, sintiendo cómo el frío de su rechazo final superaba el calor de su protección.

Sabía que mañana el "Muro de Invierno" sería más alto que nunca. Sabía que él se alejaría, castigándome y castigándose a sí mismo por la debilidad mostrada frente a la corte. Pero mientras me abrazaba a mí misma en la oscuridad, con el corazón roto pero encendido, juré que no me rendiría.

Él había dicho que no pertenecía a nadie. Pero sus labios en mi cuello y sus manos en mi cadera me habían dicho otra cosa.

Él es mío. Y si tengo que derribar cada piedra de su muro con mis propias manos hasta sangrar, lo haré.

¡Menudo final para el Baile de Tensión! Alistair ha roto su compromiso social, pero eso ha provocado que se asuste de su propia vulnerabilidad.

1
Adriana Eugenia Espinoza Fernandez
un trabajo impecable, me gustó mucho la trama, los personajes, la historia detrás de cada uno, mis felicitaciones para usted
Brighit Charpentier
hay momentos querida y la verdad no lo estás ayudando mucho que digamos
lo mejor que podrías hacer es concentrarte en el trabajo y cuando todo el lío de la guerra pase dar el paso adelante con el
Brighit Charpentier
ahhhhh eres un soldado caído que se niega a admitir su derrota pero te entiendo
por el momento hay que priorizar después te vas a desahogar 😉
veronica pinto
🥰🥰
veronica pinto
Muchas felicidades
veronica pinto
😠😠 Bueno es que a ese rey le patio el cerebro un burro 🤔 le salvan el reino y todavía culpa a Elena 🤨🤨
veronica pinto
😥😥😥🫢🫢🫢 Dios mío ya me estoy quedando sin uñas 🫣🫣 querida Autora 🫢🫢
veronica pinto
😲😲🫢🫢🫣🫣🫣😥😥😥
veronica pinto
🤔🤔 solo una pregunta xq escribe tanto la palabra sensualidad 🤔🤔
veronica pinto
🤨🤨 ojalá y sean fuertes 💪🏻 y que a esa zorra le llegue el karma pronto 🤔🤔
veronica pinto
😲😲😲🫢🫢🫣🫣🫣
veronica pinto
🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️ al chucha entonces también x eso la va a rechazar también 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
hay quiere te un poco más y no te dejes humillar tanto 🤦‍♀️🤦‍♀️ no haces ver mal como mujeres 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
🤔🤔 nose si la protagonista es persistente o necia 🤔 o no tiene dignidad que se deja humillar 🤔🤔
veronica pinto
🤔🤔 hay Comandante es mejor quemar 🔥 ése documento que te va alejar más de Elena
veronica pinto
👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻
veronica pinto
🤔🤔 como que es un poco mazoquista la niña 🤭
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente historia,,,super recomendada ,,,,!
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
vamos bien Elena 👏🤭😂
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
este duque pronto va a caer
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