Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 23: La mentira que crece
El sonido de pasos en la oscuridad del pasillo hizo que todos guardaran silencio.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
Cada eco contra las paredes del edificio abandonado parecía acercarse lentamente.
Más cerca.
Más claro.
La luz roja seguía parpadeando en el techo.
Marcando el paso del tiempo.
Valeria observaba el pasillo con una expresión tranquila.
Como si hubiera estado esperando ese momento.
—Llegó justo a tiempo —murmuró.
Camila frunció el ceño.
—¿Quién?
Valeria no respondió.
Daniel Rivas permanecía en silencio, observando la escena.
Adrián dio un paso adelante.
—Esto se está saliendo de control.
Valeria levantó el pequeño control remoto entre sus dedos.
—Todo está exactamente donde debe estar.
Sebastián miró el pasillo oscuro.
—Sea quien sea… será mejor que hable rápido.
Los pasos se detuvieron.
Durante unos segundos el silencio fue absoluto.
Camila sintió que el aire se volvía pesado.
Luego una figura apareció lentamente desde la sombra.
Una mujer.
Su silueta era familiar.
Pero Camila no lograba ver su rostro con claridad.
La mujer caminó hacia la luz.
Y entonces todos pudieron verla.
Laura Mendoza.
Camila frunció el ceño.
—¿Laura?
Valeria soltó una pequeña risa.
—Por supuesto.
Sebastián levantó una ceja.
—Esto se vuelve cada vez más extraño.
Laura caminó hasta detenerse frente a ellos.
Su mirada se posó en Camila.
—Siento que hayas tenido que descubrir todo así.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Descubrir qué?
Laura respiró profundamente.
—La verdad sobre tu madre.
Camila cruzó los brazos.
—Eso ya lo escuché.
Señaló a Valeria.
—Pero no lo creo.
Valeria sonrió ligeramente.
—Eso es lo que hace que la mentira crezca.
El silencio cayó.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Valeria caminó lentamente por el pasillo.
—La verdad nunca desaparece.
Se detuvo frente a Camila.
—Solo se entierra bajo muchas versiones diferentes.
Adrián habló con voz fría.
—Entonces explica tu versión.
Valeria levantó una ceja.
—No es mi versión.
Señaló a Laura.
—Es la suya.
El silencio volvió a caer.
Camila miró a Laura.
—Dijiste que trabajaste con nuestras madres.
Laura inclinó ligeramente la cabeza.
—Sí.
—Entonces sabes la verdad.
Laura dudó unos segundos.
Luego habló.
—Sé lo que pasó después.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Entonces dilo.
Laura respiró profundamente.
—El fraude que estaban investigando no era solo una red de empresas.
Sebastián suspiró.
—Eso ya lo sabemos.
Laura continuó.
—Era una red de poder.
Rivas sonrió ligeramente.
—Exactamente.
Camila frunció el ceño.
—Entonces nuestras madres querían detenerlo.
Laura guardó silencio unos segundos.
—Eso creíamos todos.
El silencio fue inmediato.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Creíamos?
Laura la miró directamente.
—Hasta que encontramos algo.
Adrián cruzó los brazos.
—¿Qué cosa?
Laura sacó una pequeña carpeta de su bolso.
La colocó sobre una mesa vieja del pasillo.
—Documentos.
Camila sintió que el corazón le latía más rápido.
—¿De quién?
Laura respondió lentamente.
—De tu madre.
El silencio llenó el edificio.
Camila negó con la cabeza.
—Eso no prueba nada.
Valeria se acercó a la mesa.
—Oh, pero sí lo hace.
Laura abrió la carpeta.
Dentro había varios papeles.
Contratos.
Transferencias.
Nombres.
Camila observó los documentos con incredulidad.
—Eso puede ser falsificado.
Rivas soltó una pequeña risa.
—Tal vez.
Adrián miró los documentos con atención.
—Las firmas parecen reales.
Camila lo miró.
—Adrián…
Su voz tembló ligeramente.
—Sabes que mi madre no haría algo así.
Adrián no respondió de inmediato.
El silencio entre ellos se volvió incómodo.
Valeria observó la escena con una sonrisa leve.
—¿Ves lo que está pasando?
Camila frunció el ceño.
—¿Qué?
Valeria respondió con calma.
—La duda.
El silencio volvió a caer.
Camila apretó los puños.
—Esto es una trampa.
Laura habló con voz baja.
—Tu madre tenía acceso a todas las cuentas.
Camila negó.
—Porque estaba investigando.
Laura sacó otro documento.
—Y porque estaba moviendo dinero.
El silencio fue absoluto.
Camila sintió que el mundo se movía lentamente.
—No.
Valeria la observó.
—La mentira crece cuando nadie quiere mirar la verdad.
Sebastián cruzó los brazos.
—Esto sigue sin explicar el ataque.
Rivas respondió con calma.
—Eso es lo más interesante.
Camila levantó la mirada.
—¿Qué?
Rivas habló lentamente.
—La persona que ordenó el ataque no quería matar a las dos mujeres.
El silencio cayó.
Camila frunció el ceño.
—Entonces ¿qué quería?
Rivas respondió con una sonrisa leve.
—Quería eliminar a una.
Camila sintió un escalofrío.
—¿A cuál?
Rivas miró los documentos.
—A la madre de Adrián.
El silencio fue absoluto.
Camila miró a Adrián.
Su expresión estaba llena de tensión.
—Entonces el ataque estaba dirigido a ella.
Rivas inclinó ligeramente la cabeza.
—Exactamente.
Sebastián frunció el ceño.
—Eso no cambia nada.
Rivas respondió con calma.
—Cambia todo.
Camila respiró profundamente.
—¿Por qué?
Rivas habló con voz baja.
—Porque quien ordenó el ataque sabía que la madre de Adrián estaba cerca de descubrir algo.
Valeria sonrió.
—Algo que no debía saberse.
Camila frunció el ceño.
—Entonces mi madre también estaba allí.
Laura respondió:
—Sí.
Camila sintió un nudo en el estómago.
—Entonces fue una coincidencia.
Valeria negó lentamente.
—No.
El silencio volvió a caer.
Camila la miró.
—¿Qué quieres decir?
Valeria habló con calma.
—Tu madre sabía que ese ataque ocurriría.
El silencio fue inmediato.
Camila sintió que el corazón se detenía.
—Eso es mentira.
Valeria inclinó ligeramente la cabeza.
—La mentira crece cuando alguien la protege demasiado.
Camila apretó los puños.
—Mi madre no haría eso.
Valeria la observó fijamente.
—Entonces explícanos algo.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué?
Valeria levantó un documento.
—¿Por qué tu madre desapareció después del ataque?
El silencio llenó el edificio.
Camila sintió que el aire se volvía frío.
—Porque tenía miedo.
Valeria negó lentamente.
—No.
Camila la miró.
—Entonces ¿por qué?
Valeria habló con una calma inquietante.
—Porque su plan funcionó.
El silencio fue absoluto.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Qué plan?
Valeria levantó la mirada lentamente.
—El plan de convertirse en la única persona con el control de todo ese dinero.
Camila negó con la cabeza.
—Eso es imposible.
Rivas observó la escena en silencio.
Laura cerró la carpeta lentamente.
Adrián seguía mirando los documentos.
El silencio se volvió insoportable.
Camila apenas pudo hablar.
—Esto… esto no puede ser verdad.
Valeria sonrió lentamente.
—Tal vez no lo sea.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué?
Valeria levantó el control remoto.
—Pero hay una forma de saberlo.
El silencio cayó.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Cómo?
Valeria respondió con una frase que hizo que el aire pareciera congelarse.
—Preguntándole directamente.
Camila frunció el ceño.
—¿A quién?
Valeria miró hacia el fondo del pasillo.
Y entonces habló.
—A tu madre.
El silencio fue absoluto.
Camila sintió que el mundo se detenía.
—Eso es imposible.
Valeria sonrió lentamente.
—No.
Luego señaló la oscuridad del corredor.
—Porque ella acaba de llegar.
Y en ese momento…
una nueva figura apareció lentamente desde la sombra.