En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.
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Capítulo 17: Bajo un cielo que no es cielo
El viento golpeaba su cuerpo mientras caía.
El vacío la envolvía por completo.
El sonido desapareció.
El mundo desapareció.
Solo quedaba esa sensación de caída… interminable.
Pero en ese instante…
algo cambió.
Dentro de ella.
Su alma.
Esa parte que había estado perdida, flotando entre mundos, buscando un lugar al cual pertenecer…
volvió.
Entró.
Se unió a su cuerpo en el mismo momento en que descendía.
Como si todo encajara de golpe.
Como si el tiempo se alineara en un solo punto.
Catalina abrió los ojos.
Por un segundo.
El impacto del aire contra su rostro, la sensación de caer, el miedo… todo la atravesó de golpe.
—…
Pero no tuvo tiempo de reaccionar.
El agua la recibió.
Fría.
Violenta.
Profunda.
Su cuerpo se hundió.
El peso de su ropa, el golpe, la falta de aire… todo la arrastró hacia abajo.
Catalina intentó moverse.
Pero no pudo.
Su cuerpo no respondía.
Su mente estaba en shock.
—No…
El agua llenaba sus sentidos.
La oscuridad la rodeaba.
Y entonces…
lo sintió.
Una mano.
Firme.
Sujetándola.
Catalina abrió los ojos apenas.
Una silueta.
Borrosa.
Moviéndose con rapidez.
Pero no logró distinguir nada.
Su cuerpo fue jalado.
Arrastrado.
A través de la oscuridad.
A través del agua.
Como si alguien la estuviera llevando a algún lugar.
No luchó.
No pudo.
Cerró los ojos otra vez.
Y se dejó llevar.
El trayecto fue extraño.
No fue solo nadar.
Fue como atravesar algo.
Un túnel.
Una corriente distinta.
Un espacio que no era completamente natural.
Y luego…
silencio.
Lejano.
Suave.
Una voz.
—¿Está viva?
Otra voz.
Más pequeña.
—Sí… respira…
Catalina sintió el suelo.
Algo blando.
Algo firme.
El aire volvió a sus pulmones de golpe.
Tosió.
Su cuerpo reaccionó con fuerza.
—…
Abrió los ojos lentamente.
La luz la golpeó primero.
Pero no era una luz normal.
Era artificial.
Perfecta.
Uniforme.
Parpadeó varias veces.
Confundida.
Estaba recostada sobre el pasto.
Pero no había cielo.
Arriba…
había una especie de estructura.
Una bóveda.
Con un sol artificial.
—¿Dónde…?
Se incorporó lentamente.
Su cabeza dolía.
Su cuerpo se sentía pesado.
Miró alrededor.
Y se quedó en silencio.
Había personas.
Niños.
Jóvenes.
Todos…
con el cabello blanco.
Como ella.
Y ojos azules.
Como ella.
Catalina parpadeó.
—…
No entendía.
Nada.
Un joven se acercó.
Su expresión era seria, pero no agresiva.
—¿Estás mejor?
Catalina lo miró.
—¿Dónde estoy?
Su voz salió débil.
Confundida.
El joven cruzó los brazos.
—Te tiraron desde arriba.
Sus palabras fueron directas.
—Se nota que no te querían viva.
El silencio cayó.
Catalina no respondió.
Porque en el fondo…
lo sabía.
Una niña se acercó.
Pequeña.
Con una sonrisa suave.
—Nosotros vivimos aquí.
Catalina la miró.
—¿Aquí…?
La niña asintió.
—En el subterráneo.
Las palabras la golpearon.
—¿Subterráneo?
Miró hacia arriba otra vez.
Ese “cielo” falso.
Ese sol artificial.
Ese mundo encerrado.
—…
Su corazón latió más rápido.
El joven dio un paso adelante.
—Soy Sebastián.
Extendió la mano.
Catalina lo miró un segundo.
Y luego…
respondió el gesto.
—Catalina.
La niña sonrió.
—Yo soy Nani.
Catalina le devolvió una pequeña sonrisa.
Pero su mente seguía intentando entender.
Se levantó lentamente.
Sus piernas temblaron un poco.
Pero se sostuvo.
Miró alrededor con más atención.
Las casas eran simples.
Pequeñas.
Hechas con materiales básicos.
Había flores.
Intentaban darle vida al lugar.
Pero aun así…
se sentía diferente.
El aire.
Pesado.
Más denso.
—…
Respiró profundo.
—Aquí… hay poco oxígeno…
Sebastián la miró.
Sorprendido.
—Lo notaste rápido.
Catalina frunció el ceño.
—¿Cómo viven así?
El joven desvió la mirada.
—Nos acostumbramos.
La respuesta no fue convincente.
Catalina lo notó.
—¿Están bien aquí?
El silencio fue inmediato.
Nani bajó la mirada.
Sebastián suspiró.
—No.
Su voz fue baja.
Pero sincera.
—No estamos bien.
Catalina sintió un nudo en el pecho.
—¿Qué pasa?
El joven dudó un segundo.
Pero respondió.
—Mi hermanita…
Su mirada se volvió más oscura.
—Está muy enferma.
El aire se volvió pesado.
—Y no sé cuánto tiempo más…
No terminó la frase.
No hacía falta.
Catalina entendió.
Miró a la niña.
Luego a él.
Luego a ese mundo.
Encerrado.
Limitado.
Frágil.
—…
Su mente procesaba todo.
—¿Cuánto tiempo llevan aquí?
—Toda la vida.
Catalina abrió los ojos.
—¿Qué?
—Nacimos aquí.
El impacto fue silencioso.
—No conocemos el exterior.
Las palabras quedaron suspendidas.
Catalina apretó las manos.
—…
Porque entendió algo.
Ese lugar…
no era solo un refugio.
Era una prisión.
Una donde nadie había elegido estar.
Y donde algunos…
quizás nunca podrían salir.
Catalina levantó la mirada.
Y por primera vez desde que cayó…
no pensó solo en volver.
Pensó en algo más.
Porque ese mundo…
también necesitaba ayuda.
Y sin darse cuenta…
su historia…
acababa de cambiar otra vez.

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Este capítulo… abre un nuevo mundo
Catalina cayó… pensó que todo había terminado…
pero el destino… tenía otros planes
Un lugar oculto…
personas como ella…
y una verdad que nadie le había contado
Ya no está sola…
pero tampoco está a salvo
Porque en este nuevo mundo…
también hay dolor, enfermedad y lucha
Y aun así… Catalina no deja de seguir adelante…
porque su corazón… todavía tiene un destino
¿Qué es este lugar?
¿Podrá ayudar a quienes viven ahí?
¿Y cómo va a volver con Henry?
Si te gustó, deja tu mensaje
quiero leerte y saber qué piensas
Con cariño,
Luna Auol 🌸