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La Humana Del Reino De Fuego

La Humana Del Reino De Fuego

Status: Terminada
Genre:Romance / Mundo de fantasía / Mundo mágico / Completas
Popularitas:826
Nilai: 5
nombre de autor: Sofia Rojano

Un simple tropiezo frente a la universidad cambió la vida de Amelia para siempre. Ahora su corazón y su hijo están atrapados entre dos mundos el humano y el del Reino de Fuego. Con Gael a su lado y el poderoso rey Dante observándola, Amelia deberá enfrentarse a decisiones, secretos peligrosos y una magia que puede alterar su destino… para siempre.

NovelToon tiene autorización de Sofia Rojano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Algo está cambiando

Una semana después.

La luz de la mañana entraba suavemente por la ventana del apartamento de Amelia.

El silencio era tranquilo.

Cálido.

Gael estaba despierto.

Acostado de lado en la cama.

Observándola.

Amelia todavía dormía.

Su cabello oscuro estaba desordenado sobre la almohada, y su respiración era lenta, tranquila.

Gael no pudo evitar una pequeña sonrisa.

Nunca había imaginado que terminaría así.

En el mundo humano.

En una cama demasiado pequeña.

Observando dormir a una mujer que había cambiado completamente su vida.

Amelia se movió ligeramente.

Sus ojos se abrieron lentamente.

Cuando lo vio mirándola, levantó una ceja.

—¿Cuánto tiempo llevas despierto?

Gael respondió con calma.

—Un rato.

Amelia suspiró.

—Eso es un poco inquietante.

Gael sonrió.

—Te ves tranquila cuando duermes.

Amelia se giró un poco para mirarlo mejor.

—Eso es porque no tengo que lidiar con reyes, magia y guardias de fuego mientras estoy dormida.

Gael soltó una pequeña risa.

Amelia lo observó unos segundos.

Luego se acercó un poco más a él bajo las sábanas.

—¿En qué estás pensando?

Gael dudó.

—En que debería irme.

Amelia frunció ligeramente el ceño.

—¿Irte?

—Sí.

Su voz fue más seria ahora.

—Mi hermano no se rendirá.

Amelia guardó silencio.

Habían hablado de eso varias veces durante la semana.

Porque esa semana había pasado rápido.

Muy rápido.

Entre conversaciones largas.

Risas.

Y noches que ninguno de los dos parecía dispuesto a terminar.

Amelia apoyó la cabeza en la almohada.

—Llevas diciendo eso varios días.

Gael no lo negó.

—Porque es verdad.

Amelia lo miró directamente.

—Pero sigues aquí.

Gael levantó una mano.

Sus dedos apartaron un mechón de cabello de su rostro.

—Porque no quiero irme.

Amelia sostuvo su mirada unos segundos.

Luego suspiró.

—Eso es un problema.

Gael sonrió levemente.

—Lo sé.

El silencio se instaló entre ellos.

Pero no era incómodo.

Amelia bajó la mirada un momento.

Luego volvió a mirarlo.

—Creo que ya es tarde para que esto sea simple.

Gael inclinó ligeramente la cabeza.

—¿A qué te refieres?

Amelia apenas sonrió.

—A que esta semana no hemos hecho exactamente el mejor trabajo manteniendo distancia.

Gael soltó una pequeña risa.

—Eso es cierto.

Amelia levantó una ceja.

—Muy cierto.

Porque la verdad era evidente.

Durante esa semana no solo habían hablado.

Habían compartido más momentos juntos.

Más besos.

Más cercanía.

Más noches en las que ninguno de los dos quería separarse del otro.

Gael la observó con una mezcla de diversión y afecto.

—No pareces arrepentida.

Amelia lo miró directamente.

—¿Tú lo estás?

Gael respondió sin dudar.

—No.

Amelia sonrió.

Pero algo en su expresión cambió ligeramente.

Se sentó lentamente en la cama.

Gael lo notó.

—¿Qué pasa?

Amelia se llevó una mano al estómago.

—Nada.

—Amelia.

Ella negó suavemente.

—De verdad.

Respiró profundo.

—Solo… me sentí un poco rara.

Gael frunció el ceño.

—¿Rara cómo?

Amelia se encogió ligeramente de hombros.

—Un poco de mareo.

Gael se incorporó inmediatamente.

—¿Estás enferma?

Amelia negó.

—No.

—¿Segura?

—Sí.

Ella suspiró.

—Probablemente solo es cansancio.

Gael no parecía completamente convencido.

Amelia lo miró con una pequeña sonrisa.

—Tranquilo.

—No estoy preocupado.

Amelia levantó una ceja.

—Claro que lo estás.

Gael no respondió.

Porque ella tenía razón.

Amelia se levantó de la cama.

—Voy a buscar algo de agua.

Caminó hacia la cocina.

Gael la observó irse.

Pero algo en su interior se sentía extraño.

Muy extraño.

Había una sensación.

Una energía.

Algo que no había notado antes.

Cuando Amelia regresó con un vaso de agua, Gael seguía observándola.

—¿Qué?

Gael frunció ligeramente el ceño.

—¿Te sientes diferente?

Amelia parpadeó.

—¿Diferente?

—Sí.

Amelia se encogió de hombros.

—Un poco cansada.

Gael negó lentamente.

—No es eso.

Amelia lo miró confundida.

—Entonces ¿qué?

Gael tardó unos segundos en responder.

—No estoy seguro.

Porque lo que sentía era difícil de explicar.

Era como una pequeña chispa.

Una energía muy débil.

Pero presente.

Y provenía de ella.

Gael se levantó lentamente.

Se acercó.

Su mano se detuvo suavemente sobre el abdomen de Amelia.

Ella levantó una ceja.

—Ok… eso es un poco raro.

Gael retiró la mano.

—Lo siento.

Amelia lo miró curiosa.

—¿Qué fue eso?

Gael negó suavemente.

—Probablemente nada.

Pero en el fondo sabía que no era nada.

Porque conocía esa energía.

Era fuego.

Muy débil.

Pero definitivamente estaba allí.

Y eso no tenía sentido.

Porque el fuego del Reino…

No debería existir dentro de un humano.

Gael levantó la mirada hacia Amelia.

Pero decidió no decir nada todavía.

Porque si su sospecha era correcta…

Entonces su hermano tenía aún más razones para venir a la Tierra.

Y esta vez…

No solo vendría por él.

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