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“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

Status: En proceso
Genre:Hija rica en bancarrota / Diferencia de edad / Apoyo mutuo
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: @maryurisve

Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.

NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo XXI: Herencias de Sombra

Kendra estaba asqueada porque era cierto que poco después de enterarse de la noticia de que se trataba de un embarazo químico, su periodo finalmente llegó, lo que realmente le sorprendió fue que su madre fuera tan invasiva de su espacio personal que incluso hurgara en la basura de su baño.

—Entonces ve y cuéntale a todo el mundo la verdad, mamá —dijo Kendra con una insolencia que era solo autodefensa.

—Kendra Barreto... no te conviene desafiarme, porque no tienes idea de lo que soy capaz de hacer—dijo Ifigenia con los dientes apretados.

Ante tal amenaza Kendra finalmente estuvo de acuerdo en reunirse con su madre, llegaron a un  café de moda y sin importar la belleza del lugar todo se sentía pesado, Ifigenia jugueteaba con su bebida para luego buscar algo en su bolso y entregárselo.

—¿Qué es esto? —preguntó Kendra.

—Échale un vistazo —sugirió Ifigenia con una sonrisa de absoluta suficiencia.

Kendra con manos temblorosas abrió el sobre temiendo su contenido y cuando lo leyó su rostro se puso pálido porque se trataba de los resultados de una prueba de paternidad.

—Estos son los resultados reales de las pruebas que hizo tu padre hace 18 años, y como puedes darte cuenta no eres su hija biológica.

Ifigenia intercambió los resultados, pero siempre conservó los originales pensando en cuando regresara al país David Pérez el tío de Ángel y el verdadero padre de Kendra, pero al ver a su “hija perfecta” actuando rebelde necesitaba mostrarle quien tenía el control.

—Si te atreves a traicionarme … voy a entregarle estos resultados a tu padre y me imagino que no quieres ser tratada como a Keila la supuesta bastarda, así que sonríe, esfuérzate y dame ese nieto regordete que tanto necesito —dijo con una sonrisa que helaba los huesos.

Kendra sintió que se le desgarraba el alma, porque de sus dos padres, Andrés siempre había sido su favorito, y ahora resultaba que era una mentira, que se trataba de la hija de una traición, quería gritar, quería llorar, y exigir explicaciones.

En cambio, puso su máscara de expresión fría de siempre, porque a la imagen de Andrés como su padre era a lo único que podía aferrarse y si él no era su padre, y sin ser su heredera entonces ¿Quién era ella?

—¿Quién es mi padre? —preguntó Kendra con la voz rota.

Ifigenia la ignoró mientras bebía un sorbo de su café porque no estaba dispuesta de contarle quien era su padre, después de todo su hija estaba por obtener la parte que le correspondía de la familia Pérez y un 52% de la familia Barreto y ella que era el titiritero detrás de todo, se imaginaba poniendo sus manos en toda esa fortuna y obtendría su venganza finalmente.

—No necesitas saberlo, confórmate con saber que no es un don nadie.

—Mi único padre se llama Andrés Barreto —replicó Kendra con furia— Ese otro hombre no fue más que un donante de esperma... y un vil cobarde.

Ifigenia soltó una carcajada que no llegaba a sus ojos porque le molestaba que Kendra insultara a David, aún lo amaba y ni siquiera a su hija le permitiría que lo ofendiera.

—¡No te permitiré que hables mal de él! —dijo Ifigenia con indignación.

Kendra se enfureció porque esta verdad le dolía como una puñalada amaba a su padre y se negaba a aceptar que otro hombre ocupara su lugar y más cuando su madre lo defendía con tanta devoción.

—Esto es el colmo, mamá, defiendes a un hombre que te ayudó a engañar a quien nos dio todo.

—No sigamos discutiendo Kendra, después de todo eres mi preciosa hija y nunca podría hacerte daño … solo quiero que pienses en las consecuencias de tus actos y dejes de comportarte tan rebelde como tu hermana.

Desde que Keila abandonó la casa familiar no podían contactarla, aunque sí había confirmado que asistiría a la fiesta de compromiso y traería a un acompañante.

—Está bien … mamá.

—Te agendé una cita con un especialista en fertilidad —dijo Ifigenia con una sonrisa.

Kendra recibió la tarjeta del especialista con la fecha de su cita y era para el día siguiente, era tan frustrante porque su madre asumió que ella aceptaría y lo que era peor es que tenía razón, porque podía renunciar a la herencia, pero no a su identidad como hija de Andrés Barreto.

El resto del día Kendra estaba distraída y a pesar de las bromas de Axel, ella solo asentía porque no podía aceptar la verdad que le contó su madre.

—Está usted demasiado tensa, señorita, debería salir a despejarse, caminar un poco —sugirió Axel, observándola con preocupación por el retrovisor.

—No estoy de humor, Axel. Solo conduce —ordenó ella, con una voz que sonó más quebrada que autoritaria.

Axel a pesar de que estaba conduciendo con mucha habilidad buscó en la guantera y sin decir una palabra, le extendió su chocolate favorito, Kendra hizo el amago de rechazarlo, pero la calidez del gesto la venció y sintiéndose como una niña buscando consuelo por unos minutos lo aceptó.

—Gracias —susurró, refugiándose en el sabor amargo del cacao.

Al día siguiente Andrés observó a Axel llegar con un sobre en la mano y eso que tanto esperaba finalmente había llegado.

—Aquí tiene los resultados que solicitó, señor Barreto —dijo Axel, entregando el documento con una reverencia solemne.

Andrés con manos temblorosas lo abrió y leyó su contenido y tuvo que sentarse porque le fallaron las piernas, Keila era su hija biológica, pero Kendra no.

—Axel... no es necesario que te diga que esto debe permanecer en secreto —logró articular Andrés con la voz ronca—Nadie, absolutamente nadie, puede saberlo todavía.

—Se hará como usted desea, señor Barreto.

—De ser posible... espero no tener que contarles nunca la verdad —susurró Andrés, más para sí mismo que para su empleado—Solo deseo compensar a Keila sin lastimar a Kendra, después de todo, ella no tiene la culpa de las mentiras de su madre.

Axel asintió, y se sentía un poco afectado pensando en como se sentiría Kendra cuando se enterara de la verdad, por suerte para ella, aunque era una dura noticia para Andrés, este no pensaba rechazarla porque la amaba.

 Axel se preguntaba si había algo que podía hacer para ayudar a Kendra, porque su mundo estaba por desmoronarse, aunque luego se reprochó su debilidad porque esa arrogante mujer no necesitaba la ayuda de alguien como él.

— Espero que todo resulte bien para ella—murmuró para sí mismo en la soledad de su habitación.

Al día siguiente Axel la observó mientras conducía en dirección a la empresa y le llamó la atención que Kendra parecía como una muñeca de cera, sin mostrar una expresión en su rostro y era evidente que algo la afectaba, deseaba preguntarle que le causaba molestia  y decirle que todo iba a estar bien, que no tenía nada de lo que preocuparse, pero debía guardar el secreto sobre su origen, porque Andrés no pensaba hablarle a sus hijas sobre los resultados de las pruebas de ADN.

—No necesito tus servicios esta tarde, Axel, tómate el resto del día libre —ordenó ella, sin mirarlo.

—Gracias, señorita Barreto—respondió Axel con un tono profesional.

Kendra acudió a su cita con el especialista en fertilidad sintiendo mucha humillación, y esta vez, incapaz de sostenerle la mirada de Axel tras el chantaje de su madre, prefirió ir en taxi.

El consultorio era aséptico y elegante, sin embargo, se sentía muy agobiante como si estuviera encerrada, el doctor un hombre muy amable, pero que no dejaba de ser un poco ofensivo dada las circunstancias, Kendra observaba con hostilidad al doctor mientras este revisaba sus análisis con entusiasmo profesional.

—Tiene usted una salud reproductiva envidiable, señorita Barreto —concluyó el médico con una sonrisa— Sus niveles hormonales son perfectos, de hecho, los cálculos indican que su pico de fertilidad será exactamente en una semana.

Kendra sintió un escalofrío, y le parecía muy irónico: su día más fértil caería justo la noche anterior a su fiesta de compromiso, era como si el destino parecía estar confabulando con Ifigenia para entregarle a Ángel lo que buscaba en el momento más oportuno.

—¡Qué atrapada me siento! —murmuró, mientras sus pasos la llevaban mecánicamente hacia el centro comercial más cercano.

Kendra caminaba de forma errática por el lugar en un frenesí de compras, como si con eso pudiera calmar la angustia que germinaba en su interior, entonces esa idea oscura y punzante finalmente tomó forma en su mente, se detuvo en seco frente a un escaparate, y  una sonrisa cargada de malicia transformó su delicado rostro.

—Bien, quieren un embarazo, pues voy a quedar embarazada —sentenció para sí misma—siguiendo el ejemplo de mi querida madre.

Kendra entonces entró en una tienda de lencería de alta gama y cada modelo era más osado que el anterior, pero Kendra no imaginaba la reacción de Ángel porque su mente de forma inevitable evocaba la figura de Axel.

Sentía como sus mejillas se enrojecían y un calor le recorría el cuerpo pensando, en si a él le gustaría lo que estaba viendo, sabía que Axel, con su integridad inquebrantable, jamás daría su consentimiento para semejante locura, pero estaba desesperada y este era su último acto de rebeldía.

—No tiene por qué saberlo —se justificó en un susurro—Si no lo sabe, nadie saldrá herido.

Ella sabía que era un plan muy estúpido y una solución desesperada que pendía de un hilo, el riesgo era inmenso porque Axel poseía rasgos latinos muy marcados mientras que Ángel con su linaje europeo era su opuesto, y si la genética decidía jugar en su contra, el engaño sería evidente desde el primer día.

—Espero, por mi propio bien, que el niño herede mis rasgos —dijo, acariciando su vientre aún plano con una sonrisa melancólica y ausente.

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Fran Sánchez
Estoy así 🤯..... qué pasará en la fiesta..... me estoy comiendo las uñas, de esta intriga....
María Angelica Stessens
me gusta mucho la forma de ser de Axel
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