Florencia tuvo que sacrificarse por salvar a su hermano menor, vender su cuerpo por dinero, pero su sacrificio fue en vano.
Pero, esa noche tuvo consecuencias, y termina embarazada.
Ella lucha por salir adelante con sus hijos y su madre, sin saber que el hombre de aquella noche no puede olvidarla.
Shane Hillings estaba deprimido por su exnovia, quien le engañò de una forma cruel, estbaa tan mal que se sentía impotente como hombre, sin embargo, una noche con una mujer lo cambia todo, ahora obsesionado, solo quiere encontrarla, pero cuando piensa que ella no existe, decide olvidarla, hasta que un día la encuentra de nuevo ante él, como su empleada y con dos secretos de sangre que no puede ocultar, ¿puede el amor nacer de una noche de pasión?
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Capítulo: Dos vidas nuevas
Florencia y su madre se mudaron a Monterrey al mes siguiente de aquella noche que había cambiado su vida para siempre.
Fue un traslado silencioso, casi apresurado, como si ambas quisieran dejar atrás todo lo que había ocurrido.
Monterrey representaba una oportunidad de empezar de nuevo, un lugar donde nadie conocía su historia ni las sombras que Florencia cargaba en su interior.
La casa donde se instalaron era pequeña pero acogedora. Tenía un jardín modesto al frente y ventanas amplias por donde entraba la luz del sol por las mañanas.
Florencia había logrado comprarla con parte del dinero que había obtenido aquella noche oscura que prefería no recordar.
Su madre nunca le preguntó demasiado de dónde había salido ese dinero. Tal vez lo sospechaba, tal vez no quería saberlo. Había cosas que era mejor dejar en silencio.
Durante las primeras semanas, Florencia intentó concentrarse en el futuro.
Aplicó a una beca para la Universidad del Estado y fue aceptada gracias a su excelente historial académico.
Siempre había sido una estudiante brillante, disciplinada, alguien que sabía que la educación era su única oportunidad real de construir una vida diferente.
Pero cuando todo parecía empezar a acomodarse, ocurrió algo que la dejó paralizada.
Su menstruación no llegó.
Al principio pensó que se trataba del estrés del cambio de ciudad. Había pasado por demasiado en poco tiempo. Sin embargo, los días siguieron avanzando y el retraso continuaba.
El miedo comenzó a crecer dentro de ella.
Una tarde, después de pensarlo durante horas, salió de casa y caminó hasta una farmacia cercana. Compró una prueba de embarazo. Durante todo el camino de regreso sintió que el corazón le latía con fuerza en el pecho.
Entró al baño de la casa y cerró la puerta con seguro.
Sus manos temblaban mientras abría la caja.
No quería hacerlo. Parte de ella deseaba esconder la prueba, fingir que nada estaba pasando. Si no confirmaba nada, quizás todo desaparecería. Quizás era solo una falsa alarma.
Pero sabía que no podía seguir evitando la verdad.
Respiró hondo y realizó la prueba.
Después dejó el pequeño dispositivo sobre el lavabo.
Los minutos comenzaron a pasar lentamente.
Florencia caminaba de un lado a otro del baño, incapaz de mirar directamente el resultado. Sentía un nudo en el estómago.
En el fondo de su corazón, ya sospechaba la respuesta.
Finalmente reunió el valor para acercarse.
Miró la prueba.
Y lo vio.
Las dos líneas estaban allí.
Estaba embarazada.
Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas sin que pudiera detenerlas.
—Nos cuidamos… ¿o no? —murmuró con la voz quebrada.
Pero en realidad no quería pensar en esa noche. No quería recordar cada detalle, porque cuando lo hacía se sentía sucia, como si hubiese cometido el peor error de su vida.
Florencia se cubrió el rostro con las manos.
No sabía qué hacer.
Justo en ese momento escuchó la puerta del baño abrirse.
Su madre había entrado.
Florencia intentó esconder la prueba rápidamente, pero ya era demasiado tarde.
La mujer la vio.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—¡Florencia! ¿Estás embarazada?
Florencia comenzó a llorar con más fuerza.
—Mamá… perdóname.
Durante unos segundos, su madre no dijo nada. Solo la miró en silencio. Entonces sus ojos también se llenaron de lágrimas.
—¡Dios mío…!
Florencia esperaba un reproche, una crítica, una decepción profunda.
Pero en lugar de eso, su madre dio un paso hacia ella y la abrazó con fuerza.
—Niña tonta —dijo con voz temblorosa—, pero esto es una bendición.
Florencia levantó la mirada, confundida.
—¿Una… bendición?
Su madre asintió mientras acariciaba su cabello.
—Es como si Dios nos enviara un nuevo ángel… después de que nos quitó a tu hermano.
El recuerdo del hijo que habían perdido seguía siendo una herida abierta para ambas.
Florencia comenzó a sollozar nuevamente, pero esta vez no estaba sola.
—Tranquila, cariño —susurró su madre—. Vamos a estar bien.
Florencia negó con la cabeza.
—No sé si puedo con esto.
—Claro que puedes. Eres fuerte. Además, aún tienes parte del dinero que quedó… aunque hayas gastado mucho. Saldremos adelante.
Florencia dudó unos segundos, pero finalmente asintió.
No tenía otra opción.
***
Tres meses después llegó otra sorpresa.
Durante una revisión médica, el doctor frunció el ceño mientras observaba el monitor del ultrasonido.
—Bueno… esto es interesante.
Florencia se puso nerviosa.
—¿Qué ocurre?
El doctor sonrió.
—No es un solo bebé.
Florencia parpadeó.
—¿Cómo?
—Son dos.
Su madre, que estaba a su lado, se llevó las manos al rostro con emoción.
—¡Gemelos!
Florencia se quedó en silencio durante unos segundos.
La noticia la asustaba.
Tener un bebé ya era difícil de imaginar. Tener dos parecía abrumador.
Sin embargo, cuando vio las pequeñas siluetas en la pantalla, algo cambió dentro de ella.
Eran sus hijos.
Y ya los amaba.
Sin importar quién fuera su padre.
***
Meses después, Florencia dio a luz en un hospital privado. Al menos el dinero que tenía le permitió pagar la atención médica necesaria.
El parto fue largo y doloroso.
Florencia gritó, lloró y luchó durante horas.
Pero finalmente escuchó el primer llanto. Una niña.
Minutos después nació el segundo bebé.
Un niño.
Florencia los sostuvo entre lágrimas mientras su madre lloraba de felicidad a su lado.
Los llamaron Enyd y Apolo.
***
La vida después del nacimiento de los bebés no fue fácil.
Florencia apenas dormía. Los días se mezclaban entre pañales, llantos y responsabilidades.
Pero también había momentos de alegría.
Sus hijos crecían sanos y llenaban la casa con risas.
Cuando los niños cumplieron un año, Florencia tomó una decisión importante.
Entró a la universidad.
Debía conservar su beca y asegurar un futuro para ellos.
Durante el día asistía a clases. Por las tardes trabajaba medio tiempo. Por las noches estudiaba mientras sus hijos dormían.
Era agotador. Pero no se rendía.
Su madre la ayudaba cuidando a los pequeños con amor y dedicación. Los nietos habían traído una nueva luz a su vida.
***
Cinco años después
Florencia logró graduarse.
Poco después consiguió un empleo en una empresa importante. Trabajo con buen desempeño y logró estabilizarse.
Parecía que finalmente todo estaba saliendo bien.
Hasta que comenzaron los problemas.
La esposa de su jefe empezó a mirarla de una manera extraña cada vez que la veía.
Al principio Florencia pensó que estaba imaginando cosas.
Pero pronto los comentarios comenzaron.
Miradas incómodas. Susurros. Acusaciones indirectas.
La mujer parecía convencida de que Florencia era amante de su esposo.
Pero Florencia jamás había tenido ese tipo de relación con su jefe.
Él era un hombre respetable que además le doblaba la edad. Siempre lo había tratado con respeto y profesionalismo.
Sin embargo, la situación comenzó a empeorar.
La esposa del jefe empezó a presentarse en la oficina con frecuencia.
Cada vez que veía a Florencia, su expresión era hostil.
El ambiente de trabajo se volvió tenso.
Hasta que un día todo explotó.
Florencia salía del edificio al terminar su jornada cuando escuchó una voz detrás de ella.
—No te quiero más cerca de mi esposo.
Florencia se giró.
La mujer estaba allí, en el estacionamiento.
Sus ojos brillaban de furia.
—Ofrecida —añadió con desprecio.
😡😡😡
Ella lo hizo una sola vez, no se dedicó a eso y lo hizo por necesidad