Morí… y ahora soy la esposa omega del villano.
Según la historia, debía morir.
Según yo, voy a conquistarlo primero.
El problema…
Es que el villano empezó a obsesionarse conmigo antes de lo previsto.
Y ahora no sé quién está reescribiendo a quién.
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Capítulo 4: Que Todo el Imperio Lo Sepa
A la mañana siguiente, el rumor ya estaba vivo.
No necesitaba oídos finos para notarlo.
Los sirvientes evitaban mirarme directamente, pero susurraban cuando creían que no los escuchaba.
“El duque fue visto en las habitaciones del señor Elian.”
“Dicen que no salió hasta la madrugada.”
“Su Excelencia parecía… diferente.”
Diferente.
Sonreí apenas mientras me acomodaba frente al espejo.
Si el objetivo era sobrevivir al capítulo 23, necesitaba algo más fuerte que afecto privado.
Necesitaba posición pública.
La puerta se abrió sin aviso.
Cassian.
Impecable como siempre.
Pero había algo distinto en su mirada.
Más firme.
Más decidido.
—Te vestirás para acompañarme hoy —dijo.
No era invitación.
Era declaración.
—¿A dónde vamos? —pregunté con suavidad.
—Al consejo imperial.
Mi pulso dio un pequeño salto.
En la novela original, Elian jamás asistía a ese tipo de reuniones. Se mantenía apartado. Invisible.
Cassian se acercó hasta quedar frente a mí.
Sus dedos rozaron un mechón de mi cabello plateado.
—Quiero que estén claros ciertos asuntos.
Ah.
Así que empezamos.
El salón del consejo era amplio, lleno de nobles y funcionarios que miraban con abierta curiosidad cuando entramos.
Cuando entramos juntos.
No detrás.
No separado.
Juntos.
Sentí las miradas recorrerme.
Evaluando.
Midiendo.
En la historia original, muchos me consideraban débil. Prescindible. Un matrimonio político sin peso real.
Pero esta vez, Cassian no caminaba delante de mí.
Caminaba a mi lado.
Su presencia era abrumadora.
Y su mano descansaba firme en mi espalda baja.
Visible.
Pública.
Innegable.
Los murmullos crecieron.
Adrian Laurent ya estaba allí.
Su expresión se tensó apenas cuando nos vio.
Especialmente cuando notó la cercanía.
Cassian no soltó mi cintura ni siquiera cuando tomó asiento.
Al contrario.
Me hizo sentar a su lado.
En su mismo nivel.
No detrás.
El mensaje era claro.
Un noble carraspeó con diplomacia.
—Duque D’Avermont, no esperaba ver al señor Elian en esta sesión.
Cassian ni siquiera lo miró.
—Debería acostumbrarse.
Silencio.
—Mi esposo participará en mis asuntos.
Mi corazón latía con fuerza, pero mi rostro permaneció sereno.
Adrian observaba con atención.
No era tonto.
Sabía que algo había cambiado.
Durante la reunión, cada vez que alguien intentaba ignorarme deliberadamente, Cassian redirigía la conversación.
Cada vez que una mirada se prolongaba demasiado, su mano se tensaba apenas sobre mí.
Protección.
O posesión.
Quizás ambas.
En un momento, Adrian tomó la palabra.
—He notado que su Excelencia parece… particularmente atento hoy.
Un comentario sutil.
Pero con intención.
Cassian giró lentamente el rostro hacia él.
—Siempre soy atento con lo que es mío.
El silencio cayó como una cuchilla.
Mi respiración se detuvo apenas.
Adrian sostuvo la mirada un segundo más de lo apropiado.
Luego sonrió.
—Me alegra oírlo.
Pero algo en su expresión decía otra cosa.
Desafío.
Al terminar la sesión, los pasillos estaban llenos de murmullos.
Cassian caminaba firme.
Yo a su lado.
—No era necesario —murmuré cuando estuvimos solos.
—Sí lo era.
Su tono no admitía discusión.
—Están observando —continuó—. Si creen que eres débil, te convertirán en un blanco.
Eso no era romanticismo.
Era estrategia.
Pero la forma en que su pulgar se movía suavemente sobre mi cintura no era solo estrategia.
—¿Y tú? —pregunté.
Se detuvo de golpe.
Me obligó a girar hacia él.
—Yo no permitiré que seas un blanco.
Su mirada descendió lentamente por mi rostro.
—Ni de ellos.
Ni del heredero.
Ah.
Así que también lo pensó.
—No hice nada —respondí.
—No necesito que hagas nada.
Su voz bajó un tono.
—El problema es cómo te miran.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—¿Te molesta?
Sus ojos se oscurecieron.
—Sí.
La sinceridad fue inmediata.
Sin filtros.
Sin orgullo.
Simple.
Sí.
El silencio se volvió denso.
—Cassian —susurré.
Su mano subió hasta mi mentón.
Firme.
—No vuelvas a sonreírle así.
Parpadeé.
—¿Así cómo?
Se inclinó apenas más cerca.
—Como si estuvieras disponible.
Mi respiración se volvió irregular.
—No lo estoy.
Sus pupilas se dilataron.
—Lo sé.
Y aun así, su expresión no se suavizó.
Porque saberlo no eliminaba el instinto.
Ese instinto posesivo que crecía demasiado rápido.
Demasiado fuerte.
Un guardia se acercó con urgencia.
—Mi señor, hay rumores de que ciertos nobles cuestionan la legitimidad de la posición del señor Elian en asuntos políticos.
Cassian no mostró sorpresa.
Solo frialdad.
—Que lo hagan.
El guardia dudó.
—Podría convertirse en un conflicto abierto.
Cassian me miró.
Largo.
Evaluando.
Y luego respondió:
—Entonces que se convierta.
Mi pulso se aceleró.
Eso no era solo protección.
Eso era advertencia.
Para todos.
Si intentaban tocarme…
Él respondería.
Cuando el guardia se retiró, el silencio volvió.
—Esto se está saliendo del guion —murmuré.
Sus ojos se afilaron.
—¿Guion?
Error.
Pequeño error.
Sonreí suavemente.
—Quise decir… de lo esperado.
Me observó unos segundos más.
Como si intentara atravesar la superficie.
—No me interesa lo esperado.
Se inclinó hasta que su voz fue apenas un murmullo contra mi oído.
—Me interesa lo que elijo.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
—¿Y me eliges?
Silencio.
Su mano descendió lentamente por mi brazo.
—Ya lo hice.
El aire se volvió demasiado pesado.
Porque si Cassian D’Avermont me eligió…
Entonces la historia original está oficialmente rota.
Y cuando un villano rompe su destino…
El mundo tiembla.
Desde el extremo del pasillo, Adrian nos observaba.
Su expresión ya no era amable.
Era analítica.
Cautelosa.
Tal vez comprendía que el duque no estaba siguiendo el camino previsto.
Tal vez comenzaba a preguntarse por qué.
Yo sostuve su mirada un segundo.
Y luego, deliberadamente, me acerqué más a Cassian.
Su reacción fue inmediata.
Su brazo me rodeó con firmeza.
Reclamante.
Visible.
Adrian lo vio.
Y esta vez no sonrió.
Perfecto.
Porque si hay algo que aprendí leyendo esa novela tantas veces…
Es que el verdadero conflicto nunca fue amor.
Fue elección.
Y esta vez, el villano no eligió al protagonista.
Me eligió a mí.
Y eso…
Cambiará todo. 😏🔥