Mayra debe sacar a sus hermanas menores de la cárcel, ya que fueron emboscadas y caturadas por la policía aluego de que alguien las traicionó.
Las sicarias son llamadas "Hadas sangrientas" por la facilidad de escape y la escena terrorifica que dejan detrás. Al tener semejante reputación, se volvieron el interés de los oficiales policiales que apuuestan por sus cabezas, pero no todos son así.
El capitán solo quiere justicia para su ciudad, y aunque no le guste admitirlo, debe reconocer que las hermanas Dimou han logrado desaparecer escorias de la sociedad; esas que siempre salen libre de prisión gracias a sus contactos. Sin embargo, al hacerlo también cometen delitos y deben pagar la pena correspondiente a la gravedad.
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Confesión
Cuando la batalla se termina, todos van a ver qué ha pasado con Mayra, ya que ella no ha vuelto a salir de la oficina.
Ella está revisando las cosas del negociante y siente la puerta abrirse, por lo que apunta hacia ese sitio con el arma del hombre desmayado.
—Somos nosotros— dice Ares mostrando sus manos a la altura de su pecho.
—¿Terminaron?— cuestiona la mayor.
—Sí, hermanita— asiente Alicia empezando a recorrer el lugar.
—¿Buscas algo en particular?— cuestiona Dorian haciendo que todos lo miren.— ¿Qué pasa?— indaga nuevamente pasando su mirada por todos los presentes.
—Cuñadito, ya no es necesario que sigas aquí— avisa Selene—. Tú guardas el secreto de este problema y nosotros limpiaremos el escenario.
— Vine por Mayra. No me importa lo que pasa.
Todos observan a la mencionada y ella, por primera vez en su vida, se sonroja.
—¿Lo llamaste?—cuestiona Ares.
—No.— responde Dorian directamente, antes de que su hadita pueda abrir la boca— Yo lo hice y respondió estando aquí, así que no dude en venir.
—Qué romántico— asegura Selene sin una pizca de burla.
Ella realmente está emocionada por esa acción y feliz porque la protagonista de este amor es su hermana, a quién no se le ha conocido ningún novio, en toda su vida.
El guardia que casi era la mano derecha del capo, claramente, no tenía nada amoroso con la mayor. Todo fue a escondidas, o lo más que se pudo.
—¿Mantendrás la boca cerrada con lo que viste hoy?— le pregunta Ares a Dorian.
—Soy ciego, mudo y sordo— asiente el capitán.
—Nadie creerá que el único policía que no se vende dentro de la comisaria, pueda ser silencioso y no actuar bajo las leyes que tanto adora cumplir.— asegura el capo acercándose a él.
— Las leyes no son tan importantes como su hija— le responde Dorian sin siquiera pestañear o dudar.
Eso los ha dejado a todos mudos y casi incrédulos.
—El poder del amor— se burla Alicia— Yo le creo a mi cuñado. Él no hablará. Y como dice papá, es el único correcto, así que sus superiores jamás dudarían de su palabra si niega conocernos, en caso de que nos descubran.
Un quejido se escucha, por lo que todos prestan atención hacia quién lo hizo, siendo el hombre que despierta en el piso.
—Maldita perra— reniega él creyendo que está solo.
—Es tu oportunidad de irte— dice Selene a Dorian— Ahora trabajaremos como las hadas sabemos.
Ese es el claro mensaje de que le arderán los oídos por los gritos que largará ese hombre cuando ellas empiecen a jugar con el cuerpo.
—Me quedo— avisa él viendo solamente a Mayra.
La sicaria niega, le da un golpe más al negociante para volver a desmayarlo y sale de la oficina, pidiéndole a Dorian que la siga, a solas.
Cuando llegan a la sala, donde están todos los cuerpos muertos, ella le señala lo obvio para que él observe bien el panorama.
—Esto soy. A esto me he dedicado toda mi vida, Dorian. No voy a cambiar.
—No te pido que cambies, Mayra.
—Repito lo mismo que dije en mi casa. —ella suspira y vuelve a hablar— Eres policía y yo sicaria, no estamos hechos para estar juntos. No sé por qué has venido, ni qué buscas de mí.
—Mira, no voy a mentirte— asegura él—. Estoy muy seguro de que me has enamorado con varios golpes en la comisaria cuando fuiste por tus hermanas. Sí, supe tu nombre, número telefónico y dirección, pero nunca iba a atacarte. La verdad es que pensaba en secuestrarte porque quería saber qué se sentiría besarte. Ahora, ya sabes que pasamos más que esa insignificante línea y obviamente quiero más, Mayra. Te dije que me gustas. Te estoy diciendo en este preciso momento que me enamoré de ti. Y no, no te pediré abandonar tu trabajo, pero yo tampoco dejaré el mío. Quiero algo contigo, así sea a escondidas. Aunque me quieras tener como tu amante.
—Todo lo que has dicho es una locura.— asegura ella.
— Piénsalo. Puedo servirte en la comisaria.
—Eres el incorruptible— Mayra se ríe incrédula, pero al mismo tiempo un poco enternecida por sus palabras.
—Yo también creí que lo era. Sin embargo, me doy cuenta que por ti, soy capaz de todo. Haré lo que me pidas.
— Habla con mi padre— bromea ella entre risas.
—Le preguntaré qué día tiene disponible para mí.— asiente antes de que ella termine de reir.
—Es chiste. Eso no es necesario.
—Podemos considerarlo de igual manera— ríe Ares interrumpiendo.
Él, Selene y Alicia salen de la oficina. Las últimas con el hombre en sus hombros.
—Su primera pruebita...— las hermanas de Mayra tiran el cuerpo aún desmayado y lo señalan— Dorian deberá llevarlo.
El capo sonríe ante la inteligencia de sus hijas, ya que estando solos en la oficina las regañó por intentar actuar a su espalda y el castigo que debían cumplir era llevar el cuerpo entre ambas, pero ahora le han dado esa responsabilidad al nuevo miembro de la familia.
—Lo haré, sin problemas— Raptis asiente y se acerca al negociante para subirlo en su hombro, sin quejarse ni negarse.
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Ares camina delante de Dorian para dirigirlo, ya que le hace una seña para que entienda.
El enamorado de Mayra lo sigue detrás, mientras las hermanas quedan de últimas, por lo que van hablando entre ellas, a cierta distancia de los hombres.